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Sunday, March 13, 2011

Siria se niega a dar cobertura a ninguna intervención militar en Libia

En la sede de la Liga Árabe, en El Cairo, se celebró una reunión de los cancilleres árabes con la participación de la delegación siria encabezada por el embajador Yusef Ahmad, delegado permanente de Siria ante la Liga Árabe, para debatir las repercusiones de los acontecimientos en curso en Libia y la postura árabe a tomar.

Reunión del Consejo de la Liga Árabe (El Cairo, Egipto)

El embajador Ahmad, en una alocución ante la reunión, afirmó la postura siria consistente en la necesidad de que cualquier resolución que tome el Consejo de la Liga Árabe deberá expresar claramente el rechazo árabe rotundo a cualquier intervención militar externa en Libia bajo la coartada de proteger al pueblo libio, porque tal intervención constituiría una violación de la soberanía de Libia y de su independencia e integridad territorial, así como va en contra de la Carta de la Liga de Estados Árabes y de los principios del derecho internacional.

Nuestro embajador añadió que antes de tomar ninguna decisión de imponer un embargo aéreo a Libia, el Consejo está en la obligación de dar claras respuestas que recalquen el respeto a la soberanía, independencia e integridad territorial de Libia, y la necesidad de preservar la vida de civiles y detener la violencia que sufren los hijos del pueblo libio, y que se recurra a la prudencia y al diálogo para satisfacer las aspiraciones de este pueblo.

El embajador Ahmad señaló que lo que está ocurriendo en Libia es un asunto nacional libio y árabe, lo cual nos exige trazar una ruta clara para un protagonismo árabe en ayuda al pueblo libio y para prestarle ayuda por el logro de sus opciones y detener el derramamiento de sangre y poner coto al sufrimiento de los hermanos allí, de forma que se corte el camino a cualquier intervención militar externa y se proteja al país árabe del peligro de escisión que comienza a divisarse en el horizonte, al igual que el peligro de deslizarse hacia una guerra civil.

Tras someterse la resolución del Consejo de la Liga a votación, el embajador Ahmad anunció que Siria no es parte de esa resolución porque rechaza toda forma de intervencionismo externo en el asunto libio, puesto que tal intervencionismo minará la unidad territorial, la soberanía y la independencia de Libia.

Acto seguido, el canciller de Argelia y el jefe de la delegación de Mauritania pidieron registrar las posturas de sus respectivos países en desacuerdo con el contenido de la resolución emitida por el Consejo de la Liga debido a que la misma no tomó en cuenta las observaciones e inquietudes manifestadas por las delegaciones argelina y mauritana en la primera sesión.

Riad Sharaf-aldin para Sana, agencia de noticias de Siria.

Sunday, January 02, 2011

Partido Comunista Iraquí: más de 75 años de resistencia

Los primeros grupos marxistas de Irak surgen en Basora, a finales de los años veinte, entre los que se encontraban intelectuales y estudiantes universitarios, principalmente. En 1935, tras la unión de varios periódicos que difundían el ideal comunista en el Irak ocupado por los británicos, surge el primer Partido Comunista Iraquí, con Amin Flayyeh como primer secretario. Este primer PCI sería el resultado de la transformación de una organización llamada Jamiyyat Dudd Al-Istimar ("Asociación Contra el Imperialismo"), que luchaba por la independencia del país y la retirada de los colonos ingleses.

En octubre de 1936 tuvo lugar un golpe de Estado, y comenzaron las primeras medidas represivas contra los comunistas iraquíes. El nuevo presidente, Bkar Sidqi, desató una ola de detenciones contra los principales miembros del PCI en ciudades como Bagdad y Basora, donde se concentraban los principales núcleos de apoyo al Partido. Aunque Sidqi sería asesinado en 1937, gran parte de los cuadros del Partido habían sido ejecutados o muertos en la cárcel por las torturas a las que fueron sometidos, dejando un frágil PCI al mando del camarada Zaki Zkhairi, que logró la incorporación a las filas comunistas entre ciertos sectores independentistas del Ejército, principalmente entre los militares de menor graduación.

La Segunda Guerra Mundial supuso un serio dilema para los comunistas iraquíes, cuya delegación viajó a la URSS en busca de consejo. Ideológicamente, se alineaban, obviamente, con los soviéticos, pero tras el ataque del III Reich a tierras soviéticas, se vieron en una encrucijada moral y política. Finalmente, en 1942 declararon su apoyo a los Aliados, lo que en teoría los alineaba con la monarquía títere y los terratenientes británicos.

En 1941, Yusuf Salman Yusuf se convierte en secretario general del Partido, que hizo una labor excelente de reorganización tras la brutal ola represiva de 1936 y 1937. En julio de 1946, uno de los principales cuadros del Partido, el camarada Fahd, alias de Salman Yusuf, fue detenido y condenado a muerte, pero se le conmutaría la pena por la cadena perpetua, tras el I Congreso del Partido. Otro asunto polémico para los comunistas iraquíes fue el de la proclamación del Estado de Israel en 1948. Como árabes, la gran mayoría del pueblo iraquí era contraria a la presencia de un Estado hebreo en Palestina, y apoyaba la independencia de un estado árabe palestino. Pero el Partido, siguiendo los consejos de Moscú, reconoció a regañadientes al Estado de Israel.

La represión continuó, y a finales de los años 40 el principal núcleo de dirección del Partido se encontraba en las montañas del Kurdistán. Pero a pesar de la renovación que supuso la presencia comunista en tierras kurdas, se produjo un enorme descenso de la militancia, causada por las aliyás de militantes comunistas judíos hacia Israel. En 1953, el Partido Comunista Iraquí reconoce en su II Congreso el derecho a la autodeterminación e independencia del Kurdistán, hecho insólito en la época, así como la adopción de posturas panarabistas, con el socialista egipcio Gamal Abdel Nasser como fuente de inspiración. Ese mismo año, estallarían en Bagdad una serie de revueltas en protesta por la denigrante situación de los presos políticos, en su mayoría comunistas y republicanos. 

El presidente Abdul Karim Qassem, gobernante entre 1958 y 1963

En 1958, el general Abdul Karim Qassem da un golpe de Estado y pone fin a la monarquía, proclamando la República y el fin de los lazos con el Imperio Británico. Este hecho causó alegría entre el PCI, que apoyó a Qassem. Pero al año siguiente, el gran crecimiento de las filas comunistas incomodó al presidente Qassem, que decretó una serie de medidas menores contra los comunistas iraquíes. Este hecho desencadenó un nuevo debate interno en el Partido. Sectores cercanos a Salam Adil, el nuevo secretario general, sugirieron desencadenar una revolución para derrocar a Qassem, pero los sectores más ortodoxos del Partido se opusieron. 

En febrero de 1963 tuvo lugar un golpe de Estado por parte del Partido Árabe Socialista Baaz, un partido con presencia en Siria, Libia, Egipto e Irak, de inspiración panarabista e ideólogos de un nuevo "socialismo árabe" lejano al marxismo-leninismo. Este golpe desencadenó una ola de disturbios en las principales ciudades de Irak, entre partidarios de Qassem (entre los que se encontraban los comunistas) y los partidarios del nuevo gobierno baazista. Sofocados los disturbios, los baazistas desataron una nueva ola de represión contra los comunistas, llegando incluso a ejectuar al propio Salam Adil. A los pocos meses, el sangriento gobierno baazista fue derrocado.

En 1967, aproximadamente 15.000 personas engrosaban las filas del Partido Comunista Iraquí. Debido a la continuación de la represión, el dirigente del Partido Aziz al-Hajj decidió escindirse del PCI, creando el Partido Comunista Iraquí-Cuartel General (PCI-CG), que comenzaron una campaña de lucha armada de inspiración maoísta contra el gobierno.

Saddam Hussein, traidor y tirano de Irak entre 1979 y 2003

Al año siguiente, en 1968, los baazistas volverían al gobierno de Irak, ya desligados de la otra principal rama del Partido Baaz, en Siria. En 1973, el PCI participó en el llamado Pacto de Acción Nacional, en el que los baazistas solicitaron la participación de todos los partidos iraquíes. Pero la represión no cesó, y al año siguiente los principales miembros del Partido se vieron obligados a incrementar su seguridad. En 1979, tras la dimisión forzosa del presidente Ahmed Hassan al-Bakr, accede a la presidencia el infame Saddam Hussein. Saddam desencadenó una ola de represión contra los comunistas, que los condenaría a estar prácticamente desaparecidos y a hacer puntuales declaraciones, como la que se mostraba en contra del embargo de la ONU a Irak en 1991.

Camarada Hamid Majid Mousa

Tras la invasión norteamericana de 2003, también condenada por el PCI, el gobierno del Partido Baaz fue derrocado, siendo Saddam detenido en diciembre de ese mismo año. A partir de ese momento, el Partido Comunista Iraquí volvió a formar parte, legítimamente, de la vida política iraquí. Su actual secretario general es el camarada Hamid Majid Mousa, que ejerce como tal desde 1993.

Nacho F.

Monday, December 27, 2010

Omán, un paraíso según TVE

Hace pocas semanas el espacio informativo de La 1 de TVE Informe Semanal emitía un reportaje sobre el 40 aniversario del asenso al poder del sultán Qaboos bin Said, en 1970, tras derrocar a su propio padre Said bin Taimur. 

El todopoderoso Qaboos bin Said, monarca absoluto de Omán
 
El retrato hecho por el reportaje era en lo fundamental el de intentar reflejar un país islámico moderno pero que no renuncia a sus tradiciones, donde se vive un Islam tolerante y no extremista (*), a diferencia de otros lugares de la Península Arábiga; un país dinámico, política y socialmente estable y cohesionado, cuyas gentes miran al futuro con esperanza y prosperidad. Trataba de reflejar igualmente un país bello, de paisajes desérticos pero seductores, de amaneceres y atardeceres espectaculares, a veces parecía más un publireportaje con fines de promoción turístico que ora cosa. Y todo este gran país, casi un paraíso en la Tierra, era gobernado por el sultán Qaboos, un monarca absoluto, de un poder ilimitado e incuestionable, pero que ha sabido conducir a sus súbditos en un nada fácil camino de progreso y bienestar, según Informe Semanal.

Sin embargo, mucho nos tememos que la realidad pueda ser diferente. Empezando por el propio ascenso al poder del sultán Qaboos, a como se derrotó a la poderosa guerrilla de izquierdas del FPLO (Frente Popular para la Liberación de Omán), y terminando por cuál era la intención verdadera de un reportaje encargado de ensalzar a un monarca absoluto en la antítesis de representar cualquier valor democrático y progresista elemental, en un país donde, por ejemplo, ni siquiera existe una Constitución. 

El ascenso del sultán Qaboos y la lucha contra la insurgencia revolucionaria

Omán ha sido un país influyente en la región del Estrecho de Ormuz y en el África Oriental, por ejemplo, chiítas omaníes extendieron su credo por la región del cuerno de África durante el siglo XVIII. Más tarde, el Imperio Británico, consciente de la posición estratégica de este territorio, desató una feroz campaña contra el Sultanato de Omán, acusándole de explotar salvajemente a los esclavos africanos, esta fue la excusa, la supuesta lucha contra la esclavitud y la trata de esclavos, por la que Omán pasó en 1891 a ser un protectorado británico. 

En 1951, los británicos firman un tratado por el que reconocen formalmente la independencia del Sultanato de Mascate, una región de Omán. Pero más tarde, el imán Ghalib bin Alí desata una rebelión que es aplastada por el sultán Said bin Taimur con el apoyo de los británicos en 1954.

Pero ya por aquellos años, existía en el territorio del sultanato grupos políticos y militares influidos tanto por el nacionalismo árabe revolucionario como por el marxismo que ante la situación de pobreza, marginación, y dependencia extranjera trataron de revertir la situación por la lucha armada intentando instaurar un régimen democrático y popular que por lo menos cubriera las necesidades esenciales de la población, y procurará un desarrollo soberano, independiente, y justo. Para principios de los años 60 ya operaban en la región de Dhofar el Frente para la Liberación de Dhofar (FLD) junto con células en la zona del Movimiento Nacionalista Árabe (MNA). En principio, se trataba de liberar Dhofar e instaurar allí un república democrática y popular antiimperialista, para más tarde contribuir a la lucha por la liberación de todo el Golfo Pérsico. Más tarde, en 1968, el FLD pasó a llamarse Frente Popular para la Liberación de Arabia y el Golfo Árabe Ocupado, con ya claras referencias marxistas-leninistas e influenciado por los acontecimientos del vecino Yemen del Sur, donde la rama comunista del Frente Nacional había proclamado un año antes la República Popular de Yemen del Sur, y dos años más tarde, en 1969, se proclamaría la República Popular Democrática del Yemen, con el PSY (Partido Socialista Yemení) a la cabeza. 

Conscientes del peligro que suponía la extensión de la guerrilla popular y la proclamación de un nuevo Estado revolucionario popular de orientación socialista en una región que no sólo posee grandes yacimientos de petróleo y gas, sino que es un lugar de tránsito fundamental de estas materias primas, los británicos movilizaron a la reacción local contra la guerrilla, que poco a poco iba ganando y consolidando posiciones, incluso infiltrándose en el seno del propio ejército del sultanato, gracias al apoyo del Yemen Popular, la URSS, y en menor medida, pero también, de la República Popular China. 

Pero, el tirano sultán Said se mostraría incapaz de frenar la guerrilla, dirigiendo un ejército atrasado y arcaico, y un país sumido aún en el feudalismo, pobre, y sin infraestructuras. Los británicos se percataron de que la misma pobreza y el atraso eran la fuente fundamental que alimentaba al movimiento guerrillero, por eso, los británicos propiciaron el derrocamiento de Said por parte de su propio hijo, Qaboos, un joven de ideas modernas y occidentalizado, amigo de británicos y estadounidenses, para que modernizara el país, fortaleciera al ejército del sultanato, y acabara de una vez por todas con la guerrilla. En 1970, Qaboos, con el auxilio británico, derroca a su padre y establece oficialmente el Sultanato de Omán, en 1971, el Reino Unido apoyaría la independencia de este Sultanato. Qaboos acometió un gran plan de modernización bajo el asesoramiento británico, el SAS y la Marina Real británica entrenarían a las fuerzas armadas omaníes, mientras que en lo económico y en lo social se acometerían diversas reformas para mejorar la vida del país aunque sin éxitos palpables. Para 1974, la guerrilla redefinió su estrategia situándola exclusivamente en Omán, bajo el liderazgo de Mohammad Ahmad al-Ghassani, pasándose a llamar desde ese momento Frente Popular para la Liberación de Omán (FPLO). Entre 1975 y 1976, el poder combinado de las fuerzas del Sultán y las fuerzas especiales de intervención británicas conseguirían una victoria de carácter estratégico frente a la guerrilla cerrando las líneas de suministros de armas y provisiones provenientes del Yemen Democrático y Popular, fue el fin de la guerrilla. 

Frente a la versión dada por el reportaje de Informe Semanal, la guerrilla no fue derrotada por la mejora de las condiciones de vida de la población, que vino fundamentalmente después de que ésta fuera derrotada, sino por la redefinición de la guerra que hizo Gran Bretaña con el cambio de liderazgo, el plan de modernización del ejército, la intervención de las fuerzas especiales del ejército británico, y sobre todo, cortando la línea de suministros desde el Yemen y ahogando a la guerrilla. 

El régimen de Qaboos bin Said

Básicamente, en Omán todo el poder reside y se concentra absolutamente en el sultán, él es la fuente de todo poder y de todo derecho, ostentando los cargos de Primer Ministro, Ministro de Finanzas y Ministro de Defensa. Su figura es incuestionable. El poder, como en toda monarquía absoluta tradicional, es hereditario.
En los 90 del siglo pasado, tras la Guerra del Golfo en la que apoyó a los Estados Unidos y sus aliados, Qaboos emprendió una tímida reforma del régimen instaurando un Consejo Asesor o Cámara Baja, compuesto por 83 miembros, elegidos por una interpretación bastante peculiar del sufragio universal por el cual sólo podían votar una parte ínfima de la población, aunque sí podían votar las mujeres; y una Cámara Alta, compuesta por 41 miembros, elegidos directamente por el sultán. Estos órganos son meramente consultivos y no tienen ningún poder legislativo real, teniendo el sultán derecho a veto en toda ocasión. Por otro lado, y como hemos señalado anteriormente, en Omán no existe Constitución. 

La economía de Omán, como se puede esperar, está basada en la explotación de sus reservas de gas y petroleo, dándose a partir del 2000 un progresivo proceso de privatización y liberalización de las explotaciones, generalmente a favor de empresas multinacionales extranjeras. Aunque parece ser cierto que el Monarca está tratando de diversificar la economía del país y hacerlo menos dependiente del gas y del petroleo, Omán posee más de 795 millones de metros cúbicos de reservas comprobadas de gas y más de 5.500 en petroleo, siendo China y otros países del Extremo Oriente, como Corea del Sur y Japón, los principales destinatarios de las exportaciones de energéticos omaníes. Destacar que los acuerdos de liberalización también trajeron la instalación en suelo omaní de bases británicas y norteamericanas. 

Aunque tras la derrota de la guerrilla comunista del FPLO, el país experimentó cierto crecimiento económico y social, el PIB del país hasta el 2009 se situaba en poco más 50 millones de dolares, encontrándose en un puesto modesto a escala mundial siendo superado ampliamente por países de su entorno geográfico, como Arabia Saudí o Qatar, o por países como Marruecos, Argelia o Sudán. Omán destina más del 10% de su PIB a defensa, a pesar de su estabilidad tan cacareada por el reportaje de Informe Semanal. 

El paro en este país rondaba en el 2008 el 15%, a pesar de la imagen de prosperidad que daba Informe Semanal, mientras que el sultanato sospechosamente no proporciona estadística sobre el nivel de pobreza o las desigualdades sociales en la renta, pero eso sí, la riqueza del Sultán según diversas fuentes es inestimable y seguramente, podemos presumir que estará a buen recaudo en algún paraíso fiscal o cuenta en Suiza. 

Por otro lado, aunque parece ser cierto que las mujeres en Omán no sufren las restricciones y la falta de libertades de otros países del entorno como Arabia Saudí, ocupando mujeres diversos puestos de responsabilidad en el gobierno y en la administración, en la Universidad permanecen en clases diferentes y entran al recinto por lugares diferentes, tal y como se pudo ver en Informe Semanal. 

El reportaje de Informe Semanal

En principio, podía resultar extraño que Informe Semanal se ocupara de algo tan anecdótico como la celebración del 40 aniversario del ascenso al poder del Sultán Qaboos. Podía parecer anecdótico, pero no casual. En primer lugar, entre las monarquías omaní y española existen importantes lazos de buena amistad que se remontan a mediados de los 80 del siglo pasado, con la visita del Príncipe Felipe a Omán al frente de una delegación de empresarios En la actualidad, empresas españolas como Unión Fenosa, CASA, o Iberdrola están establecidas en Omán, y según noticias e informes del Ministerio de Exteriores español, se buscan acuerdos y tratados bilaterales en diversos campos. 

Tampoco es anecdótica la situación geoestratégica de Omán, situada al final del Estrecho de Ormuz, salida al mar de la producción energética iraní, en concreto al Océano Índico, donde se produce el paso de más del 70% del petroleo mundial, sobre todo dirigido a China y a la India; según el consejero del presidente Barack  Obama, Robert D. Kapplan, el Océano Índico está llamado a convertirse en el estratégico centro mundial de gravedad del siglo XXI. Por otro lado, Omán es frontera con el convulso Yemen, donde la propaganda occidental habla de una Al-Qaeda que supuestamente está poniendo en peligro la estabilidad de la región, mientras que en realidad, lo que sucede es que el Gobierno proestadounidense del Yemen unificado está haciendo frente a los rebeldes hutis del norte del país, que aspiran a un mayor bienestar social y al fin de su discriminación, y a los independentistas del sur que aspiran a restaurar el Yemen Democrático y Popular ante la decepción y el retroceso que supuso la unificación de los 90 del siglo pasado. 

Pero, sobre todo, lo que no puede ser anecdótico para cualquier persona mínimamente progresista es el doble rasero de los medios de comunicación españoles y occidentales en general. El sultán Qaboos puede ser un monarca absoluto, pero tal y como se repetía una y otra vez en Informe Semanal, es benevolente con su pueblo y tolerante, y por tanto, ha de ser respetado, comprendido, y su labor tenida en cuenta, mientras que día sí y día también gobiernos populares y democráticos como Venezuela, Bielorrusia, Bolivia, Siria, Irán, Zimbabwe, Corea del Norte o Cuba son objeto de las más feroces críticas, y de las operaciones más descarada de manipulación informativa, encaminadas a intoxicar y a distorsionar la visión de estos gobiernos, haciéndolos pasar por “totalitarios” y “autoritarios”, pero que en realidad solamente están empeñados en mantener su soberanía, en ser independientes, en no someterse a los dictados de los Estados imperialistas y las multinacionales, y que osan desear un modelo económico, político y cultural de desarrollo diferente, y en el caso cubano, claramente socialista. Esta es la realidad de unos medios de comunicación obedientes y fieles a las voces de su amo, que se encargan de darnos la sensación de que vivimos en democracia, o en el caso de este reportaje de Informe Semanal, de que existen paraísos en la tierra con reyes buenos y benevolentes con sus súbditos, como si de un cuento se tratase. 

(*) La mayor parte de la población de Omán, más del 75%, profesa la rama ibadí del Islam, siendo el único país del mundo donde esta rama del Islam es mayoritaria.

Antonio J. Torres ("Antón")