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Wednesday, March 16, 2011

Rafael Reig: "No hubo transición, fue una transacción"

Se pregunta mientras busca en voz alta una salida a un sistema como el capitalista: "¿Es tan fácil como ir a los ricos a pedirles que repartan? No sé, mira cómo acabó Allende... la vía democrática del socialismo no parece que sea posible".

Rafael Reig, escritor y periodista asturiano

A Rafael Reig le gusta dividir el mundo por categorías. Cree que hay dos tipos de novelas: las de Ikea y las de Carrefour, unas te llevan y en otras te pierdes. Que hay dos tipos de escritores: los que escriben la misma novela cada vez mejor y los caprichosos que cambian con cada nuevo lanzamiento. Dice que admira a los primeros y destaca a Juan Marsé, "que escribe la misma cada vez mejor", pero que él es más de los segundos. Después de tres novelas inundando Madrid y su eje central, el Canal Castellana, revisando los desperfectos de la "Transición", apuntando a la novela del género negro y renaciendo a personajes como Carlos Clot, Rafa Reig (Asturies, 1963) ha ganado el Premio Tusquets con la novela que le dio a conocer, pero madurada, reposada y mejorada. Todo está perdonado, después de Sangre a borbotones y Guapa de cara, es el ajuste de cuentas definitivo del escritor con sus principales fantasmas.

El mayor de ellos es la violencia revolucionaria, el tema de fondo de esta novela, que recorre los últimos 70 años del Estado Español para abrir un debate sobre la violencia y su proceso de transformación social.

La lucha de clases

Así es como Reig acaba con el mito de la clase media: "La clase media era inmensa, acogedora y abrigada. Cabían todos: los trabajadores decentes, los ingenieros, los médicos, los empresarios, las viudad, los pensionistas y el Consejo de Ministros en pleno. Con decir que hasta el Caudillo cenaba sopa y empanadillas, como el resto de la clase media. Y las sentencias de muerte las firmaba en una mesa camilla, nada de escritorios Segundo Imperio". Subraya que la clase media en el franquismo "acomodó y adocenó" a base de decencia, fe y trabajo honrado.

La sufrida clase media fue el tejido que tuvo unido al país del miedo. Avisa del peligro de la clase media, porque en cuanto esta se ve en peligro, se vuelve "reaccionaria". "En ella es donde se cuece el fascismo", asegura. Todo está perdonado es una impugnación de las dictaduras de la clase media, a la que dibuja como una caprichosa que cree que tiene todo lo que se merece y no se da cuenta de sus privilegios. Reig se reconoce como un "viejo marxista": "La Historia es la historia de la lucha de clases. Sé que decir esto es como poner una foto mía en pelotas en YouTube", bromea.

Empeñado en reconstruir la memoria que sus padres no quisieron mostrarle, se vuelve tajante: "No fue una transición, fue una transacción". Esta expresión asola cada una de las vidas de la familia protagonista, que como hizo Thomas Mann en Los Buddenbrook (1901), describe la decadencia de una familia recogida en los calores de la burguesía recién estrenada. Reig se atreve con las estrategias que los vencedores utilizaron para perpetuar el poder tras la guerra, en la paz. A fin de cuentas, esta novela es un diálogo con su generación, que estos días saca a la luz otras revisiones de este periodo, como la de Antonio Orejudo (Un momento de descanso) o Benjamín Prado (Operación Gladio). El perfil que traza Reig es el de una generación producto del desarrollo industrial, de cuando en el Estado Español solo se quería confort: "La gente renunció a cambiar el mundo por vivir bien. De eso somos hijos los de los sesenta. Nuestros padres perdieron la memoria a cambio de un plato de lentejas".

Entre los culpables destaca a una monarquía "tributaria del Imperio de Washington" y la Iglesia: "Siempre he puesto una vela a Dios y otra al diablo", explica. Sin olvidarse del fútbol, aunque él no haya visto un partido en su vida: "El fútbol ha sido la Santa Misa española", dice. La casualidad quiere que en la mesa de al lado del hotel en el que se hace esta entrevista se siente Luis Aragonés, de traje, a quien el protagonista de Reig odia por haber apartado a Raúl de la selección española en la Eurocopa de 2008: "Un equipo materializa la voluntad del capitán, de un hombre superior", le hace decir a su personaje.

El mismo escritor incapaz de reconocer al ex-seleccionador español ha vuelto a tantear los límites de la democracia por escrito. Esta vez con una generación hedonista y voraz. Porque entonces había dos tipos de hijos: "Los que se comían antes las patatas que el filete y los que dejaban lo bueno para el final". Él es de los primeros, eso sí.

FUENTE: Kaos en la Red

Monday, March 14, 2011

Recordando la quema de libros en Granada

Ayer, domingo 13 de marzo, el colectivo Granada Abierta se volvía a reunir en la Plaza de Bib-Rambla, en el acto "Arde la Memoria", con motivo de la quema de libros ordenada por el cardenal Cisneros en 1499. Apagamos la hoguera de la intolerancia con una lectura poética en árabe y castellano, como símbolo de hermanamiento entre las dos lenguas, y reivindicamos el plurilingüismo, como seña de identidad de la Granada multicultural con la que soñamos.

Foto del acto "Arde la Memoria" en Granada

La quema de libros ha sido una práctica habitual de los regímenes totalitarios, a lo largo de la Historia, para borrar la memoria de los vencidos. Hace 2.200 años, el emperador chino Qin Shi Huangdi ordenó quemar miles de libros antiguos para eliminar cualquier rastro de pensamiento anterior a su dinastía. En el siglo X, Almanzor quemó asimismo la biblioteca del califa Al-Hakam II en Córdoba, presionado por los fundamentalistas que querían destruir los llamados "libros herejes". En 1562, durante la conquista de América, Diego de Landa acabó con los libros mayas para borrar la historia escrita de esta cultura indígena. En 1888, fue el emperador portugués Pedro II el que arrojó al fuego la documentación de la esclavitud en Brasil. Y en 1933, los nazis quemaron en Alemania los libros de escritores izquierdistas y judíos. También la dictadura franquista celebró la Fiesta del Libro de 1939, quemando los libros republicanos. Lo mismo hicieron los dictadores de Chile, Argentina y Guatemala, arrojando a la hoguera la documentación sobre la guerra sucia. Y en 1992, los serbios incendiaron la célebre Biblioteca de Sarajevo. En Granada, también hemos sufrido este atentado contra la cultura, del que ahora se cumplen 512 años.

En 1499, el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros reducía a cenizas en la Plaza de Bib-Rambla más de 5.000 libros de la Biblioteca de la Madraza, por orden de los Reyes Católicos. El cielo de Granada se cubría de humo y olvido con la hoguera de la intolerancia, con la que Cisneros iniciaba una campaña de represión contra los moriscos. A partir de entonces, los musulmanes granadinos tuvieron que elegir entre una conversión forzosa y humillante o la tragedia del exilio. Juan de Vallejo, que fue íntimo amigo de Cisneros y testigo directo de la quema, hizo la primera crónica de aquel trágico suceso: "Para desarraigarles del todo de su perversa y mala secta, les mandó a los dichos alfaquís tomar todos sus alcoranes, los cuales fueron más de 4 o 5 mil volúmenes, y hacer muy grandes fuegos... Y así se quemaron todos, sin quemar memoria, excepto los libros de medicina, unos 40 volúmenes, que su señoría se llevó a la Biblioteca de Alcalá de Henares". Aunque es la crónica del alfaquí Barhum la que mejor describe la desesperación de los moriscos: "La situación se hizo insostenible cuando Cisneros, por mandato de la reina, les obligó a renegar de su cultura y de su fe. Un edicto ordenaba la entrega a la autoridad de todos los libros arábigos, amenazando con severos castigos a los que no lo hicieran... Miles de libros del Corán y otras ciencias fueron quemados en una plaza pública de Granada a la vista de todo el mundo".

Nuevas investigaciones desmienten que Cisneros actuara por su cuenta y confirman la responsabilidad de los Reyes Católicos en la quema de libros. Juan Antonio Vilar, autor de Una década fraudulenta, nos dice: "Granada quedaba en manos de Cisneros con el consentimiento real... Cisneros estaba dispuesto a asumir los daños que en su imagen produjera la presión sobre los mudéjares, mientras que los reyes, más maquiavélicos, prefirieron mantenerse lejos del problema para que no les salpicara. Los mudéjares quedaron abandonados a su suerte por los reyes, que prácticamente daban el golpe definitivo a la molesta capitulación de 1491". Y Rodrigo de Zayas afirma en su libro Los moriscos y el racismo de Estado que Isabel y Fernando conocían el plan de Cisneros para poner fin a la convivencia pactada con los musulmanes: "Las bibliotecas y los archivos del reino nazarí fueron quemados. Una vez destruida su memoria escrita, sólo les quedaba la transmisión oral para conservar su identidad histórica...". Más tarde, también prohibieron hablar en árabe.

Un especialista en la Inquisición española, Joseph Martin Walker, asegura que el cardenal contaba con el beneplácito de Isabel y Fernando para llevar a cabo su perverso plan, destinado a provocar la rebelión de los moriscos y justificar la expulsión: "Cisneros -dice Walker- solicitó permiso a los monarcas para poner en marcha una política de máxima dureza, haciendo quemar en la Plaza de Bib-Rambla cuantos ejemplares del Corán cayeron en sus manos. Semejante transgresión de lo pactado ofendió a los alfaquíes, produciéndose una revuelta en el Albaicín... los disturbios justificaron, por parte cristiana, el incumplimiento de las Capitulaciones".

Lamentablemente, el integrismo de Cisneros se impuso al tolerante Hernando de Talavera, primer Arzobispo de Granada, partidario de convencer y no de imponer, que llegó a traducir una Biblia al árabe para facilitar la convivencia con los moriscos.

FUENTE: Kaos - Andalucía

Monday, February 21, 2011

Los carniceros de Málaga (febrero de 1937)

Vaya por delante que el titular elegido para este artículo no alude a esos honrados profesionales, sino para denunciar una vez más la miseria moral de quienes, como el monarca actual, se niegan a condenar las masacres que la rebelión fascista de 1936, comandada por un genocida, causó la muerte por ejecución, tortura, hambre o garrote vil de cientos de miles de ciudadanos, fieles a la legalidad vigente en aquellos años, cuando la República y la libertad se palpaban en todas las comunidades.

Carlos Arias Navarro, presidente del gobierno español entre 1974 y 1976

En estos días de febrero se cumple un aniversario más del asesinato a sangre fría de miles de hombres, mujeres y niños, cuando huían de Málaga hacia Almería, escapando de la represión habitual ejercida por los amotinados de una buena parte del Ejército español, en la que destacaban los generales y jefes procedentes de la noblema (nunca peor dicho) nacional, la alta sociedad (suciedad, sería más cabal) y demás hordas fieles a ese espíritu tan cristiano, que consistía en desollar o descuartizar comunistas, raptar niños para entregárselos a las familias ricas sin hijos e ir a misa todos los domingos.

El documental titulado Málaga, 1937: La Carretera de la Muerte*, con guion y dirección de Juan Madrid*, que el propio autor realizó y presentó en 2006 ante la televisión cubana, cuenta la dramática historia (tanto como decenas de casos similares habidos en aquellos tres años de venganza y delirio sangriento) de la toma de Málaga, así como de la retirada de una gran parte de la población civil por la carretera de la costa, hacia Almería.

Animo a las jóvenes generaciones para que vean las estremecedoras imágenes del bombardeo que sufrieron aquellas personas por parte de las tropas franquistas, alemanas e italianas, así como la terrible situación en el interior de la ciudad y el éxodo hacia Almería de una muchedumbre enloquecida de pavor. Es cierto que no existe una cifra exacta del número de desplazados, pero los testimonios recogidos por algunos supervivientes indican que podría alcanzar la de 100.000. Esa columna, de varios kilómetros, fue bombardeada salvajemente desde el aire por la aviación de Hitler y Mussolini, y desde el mar por la armada de Franco.

Uno de los personajes clave en el salvamento de cientos de vidas fue el médico canadiense Norman Bethune*, adscrito a las Brigadas Internacionales, quien en un alarde de ingenio profesional improvisó un quirófano móvil, con plasma refrigerado, montado en una ambulancia, que sirvió para hacer transfusiones en las cercanías del frente. Con ese vehículo llegó a Almería y desde allí, cuando supo de la caída de Málaga, puso rumbo a la ciudad, para ayudar a esos miles de refugiados que abarrotaban la carretera. Desde aquel momento no dejó de hacer continuos viajes para, sin descanso ni reposo, transportar, intervenir y curar de sus terribles heridas a decenas de personas con el cuerpo destrozado.

Los horrores de estos hechos (la muerte, el hambre, el cansancio, el miedo, la angustia y la desesperación de los malagueños) quedaron reflejados en el inquietante relato El crimen de la carreteta Málaga-Almería*, que escribió el propio Bethune, ilustrado con 26 fotografías de su colaborador Hazen Sise. (Me he tomado la libertad de recoger unos pasajes del relato, justo al final del artículo, con el objeto de que los más jóvenes tengan acceso a este singular testimonio, hurtado a una inmensa mayoría de ciudadanos que aún confían en este régimen, cuya monarquía jamás ha condenado aquella barbarie.)

Hago mío el mensaje que me llega procede del Foro por la Memoria Histórica de Málaga, que como todos los años quiere homenajear a los ciudadanos que intentaron escapar de la muerte segura. Una huida improvisada que fue trampa mortal para miles de inocentes, que caían al asfalto ametrallados por los rebeldes españoles y los soldados de la Wehrmacht y los CTV italianos, mientras los cruceros Canarias, Baleares y Almirante Cervera bombardeaban a la inmensa caravana que discurría por aquel camino, al filo de la costa, con acantilados que impedían la huida hacia el mar y las playas.

Casi 15.000 personas murieron asesinadas, en tanto una cifra parecida desistió y regresó a sus lugares de origen, entregándose a las fuerzas opresoras, pensando que al no haber cometido delito alguno, nada tenían que temer. La realidad fue muy distinta, ya que la mayoría fueron procesados en juicios sumarísimos y condenados a penas que iban de la ejecución inmediata a las de prisión, con más de 20 años de cárcel. Entre 1937 y 1957, los fusilamientos que hubo en Málaga fueron incontables.

Estos días se cumplen 74 años de aquellos infames hechos, pero el sarcasmo histórico es que aún no se sabe sino una pequeña parte de la verdad. La sociedad, en su conjunto, debe conocer lo ocurrido, como prueba de este bestial genocidio contra la población civil, cometido en nombre de un régimen, de un criminal, al que el Rey de España se niega a condenar.

Hubo cientos de carniceros aquellos años. El conocido como Carnicerito de Málaga no fue sólo aquel canalla llamado Carlos Arias Navarro (que sigue siendo Grande de España y al que se le dedicó un parque que lleva su nombre en Madrid), sino todos y cada uno de los mandos, civiles y militares, responsables de la masacre que recoge el documental de Juan Madrid.

Qué sarcasmo constatar que este régimen, que se dice democrático, exija que para que un partido político sea legalizado, deba condenar previamente la violencia de ETA. La otra cara de la moneda es comprobar que se mantengan intactos miles de símbolos franquistas, haciendo así apología de aquel terrorismo infame, callando ante hechos como los que hoy se recuerdan en Málaga y Almería. O condenamos todas las violencias, o rompemos la baraja.

Carlos Tena para Kaos en la Red.

(Para leer las notas de Carlos Tena, pulsa en el enlace para acceder al artículo en Kaos.)

Saturday, February 05, 2011

Los Maquis: la guerrilla de la dignidad



"Los Maquis: la guerrilla de la dignidad" es un trabajo que nos llega desde el blog camarada Cincuenta y Tres Días, realizado por el camarada Litos. Consta de 38 páginas, y en él se realiza un estudio sobre la guerrilla antifranquista que tuvo lugar en gran parte del Estado Español, por la libertad y contra el fascismo. Aquí os dejamos un enlace para que podáis descargarlo.

Tuesday, January 25, 2011

Homenaje a las víctimas de la carretera de Almería

Era febrero de 1937. Málaga se encontraba inmersa en una cruenta batalla, en defensa de la libertad, la democracia y la soberanía popular. Los fascistas españoles, comandados por Franco, y ayudados por el Eje Roma-Berlín, segaron miles de vidas en esta ciudad andaluza. El próximo 5 de febrero, 74 años después de aquel genocidio, se recordará a las víctimas que huyeron de Málaga por la Carretera de Almería. El homenaje, convocado por el Foro por la Memoria, será a las 12:00 horas, en el Peñón del Cuervo.
Os adjuntamos un documental sobre estos hechos, titulado "La Carretera de la Muerte. Febrero de 1937" subido en el blog de los compañeros de Torremolinos Antifascista.

Tuesday, August 17, 2010

Historiadores destacan el papel fundamental de la URSS en la derrota japonesa

Slobodan Lekic

The Oakland Tribune
14/08/10



Cuando los Estados Unidos tiraron las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945, más de millón y medio de soldados soviéticos lanzaron un ataque sorpresa contra el ejército japonés que ocupaba el este de Asia. A los pocos días, el ejército de un millón de homes del Emperador Hirohito cayó.

Fue un giro transcendental en el frente del Pacífico de la Segunda Guerra Mundial, eclipsado en los libros de Historia por las bombas atómicas que cayeron sobre Hiroshima y Nagasaki esa misma semana hace 65 años. En los últimos años, algunos historiadores sostienen que la acción soviética fue tan efectiva -o, posiblemente, más- que las bombas para poner fin a la guerra.

Ahora, un nuevo trabajo histórico de un profesor de la Universidad de California, Tsyuoshi Hasegawa, trata de reformar esta posición, alegando que el miedo a la invasión soviética llevó a los japoneses a optar por rendirse a los americanos, pensando que los tratarían con más generosidad que los soviéticos.

Las fuerzas japonesas en el noreste de Asia tuvieron su primer choque con los soviéticos en 1939, cuando el ejército japonés intentó invadir Mongolia. Su derrota en la Batalla de Khalkin Gol llevó a Tokio a firmar un pacto de neutralidad que mantuvo a la URSS al margen de la guerra en el Pacífico.

Tokio comenzó a prepararse para su confrontación con las fuerzas norteamericanas, inglesas y holandesas, provocando el ataque a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941.

Por aquel entonces, después de la rendición alemana del 8 de mayo de 1945 y sus derrotas en Filipinas, Okinawa e Iwo Jima, Japón miró hacia Moscú para mediar un final de la guerra del Pacífico.

Pero el líder soviético, Iosif Stalin, ya prometió a Washington y Londres que atacaría Japón tres meses después de la derrota de Alemania. Ya que luego, ignoró la súplica de Tokio y movilizó a más de un millón de soldados en la frontera de Manchuria.


La Operación Tormenta de Agosto comezó el 9 de agosto de 1945, cuando fue lanzada la bomba atómica sobre Nagasaki, y provocó la muerte de 84.000 soldados japoneses y 12.000 soviéticos durante dos semanas de combates. Los soviéticos terminaron a solo 50 kilómetros de la principal isla del norte de Japón, Hokkaido.


«La entrada soviética en la guerra tuvo un papel mucho mayor de lo que las bombas atómicas en la rendición japonesa, por hacer entender a Japón que no existía ninguna posibilidad de rematar la guerra a través de la mediación de Moscú», dice Tsuyoshi Hasegawa, autor del libro Racing the Enemy en el que se analiza el fin de la guerra del Pacífico basándose en archivos soviéticos recientemente desclasificados, así como documentación norteamericana y japonesa.

«El Emperador y el gobierno se apresuraron a poner fin a la guerra aguardando una mayor generosidad de los estadounidenses con Japón que de los soviéticos», afirmó Hasegawa en una entrevista.

A pesar de la cifra de muertos por los bombardeos atómicos -140.000 en Hiroshima u 80.000 en Nagasaki, el Mando Militar Imperial creía poder resistir una invasión aliada y mantener el control sobre Manchuria y Corea, que proporcionaban a Japón los recursos para la guerra, según Hasegawa y Terry Charman, un historiador de la Segunda Guerra Mundial del Museo de la Guerra de Londres.

«El ataque soviético cambió todo», afirma Charman. «Los dirigentes de Tokio se percataron de que ya no tenían ninguna esperanza y, en ese sentido, la Tormenta de Agosto tuvo un efecto mayor en la decisión japonesa de rendirse que el lanzamento de las bombas atómicas».


En los Estados Unidos, las bombas atómicas continúan siendo vistas como el último recurso contra un enimigo que parecía decidido a luchar hasta la muerte. El presidente Harry Truman y los líderes militares de los EEUU pensaban que una invasión a Japón costaría cientos de miles de vidas estadounidenses.


En este sentido, el historiador americano Richard Frank argumenta que, a pesar de lo terrible de las bombas atómicas, éstas salvaron de ir a morir a cientos de miles de soldados norteamericanos y a millones de japoneses, habiendo durado la guerra hasta 1946.

«En conocidas palabras del Secretario de Guerra Henry Stimson, (las bombas) fueron la “opción menos abominable” de una serie de terribles alternativas que barajaron los líderes estadounidenses», afirmó en una entrevista. «Las alternativas a las bombas atómicas no tenían garantías de acabar con la guerra y compartían un precio mucho mayor en muertes y sufrimiento humano».

Richard Frank, que está escribiendo la historia de la guerra del Pacífico en tres volúmenes, dijo estar en desacuerdo con Hasegawa al respecto de la importancia de la intervención soviética en la rendición japonesa.

Mas afirmó que estaban de acuerdo en que la última responsabilidad de lo sucedido fue del gobierno japonés y de Hirohito, que decidieron en junio llamar a filas a toda la población, hombres y mujeres, para luchar hasta la muerte.

«Por no estar previsto uniformar a estas personas, las tropas aliadas invasoras no podrían distinguir entre combatientes y no combatientes, convirtiendo cada villa japonesa en un objetivo militar», dijo Richard Frank.

El impacto del rápido avance soviético se dejó sentir en las palabras durante la guerra del Primer Ministro japonés, Kantaro Suzuki, instando a su gabinete a rendirse.

Palabras que aparecen en el libro de Hasegawa: «Si perdemos (la posibilidad) hoy, la Unión Soviética tomará no solo Manchuria, Corea y Sajalín, sino también Hokkaido. Debemos poner fin a la guerra mientras podamos tratar con los Estados Unidos».

El V-J Day (Victory in Japan Day, Día de la Victoria en Japón), el día que Japón dejó de luchar, fue el 15 de agosto (14 de agosto en los EEUU), y la rendición formal de Japón el 2 de septiembre.

Dominic Lieven, profesor de historia rusa en la London School of Economics, afirma que el sentimiento antisoviético en Occidente ayudó a minimizar los logros militares soviéticos.

Además, «muy pocos anglo-americanos vieron la ofensiva soviética en Oriente con sus propios ojos, y los archivos soviéticos no estaban abiertos a los historiadores occidentales».

Aun más sorprendente fue que incluso en Rusia la campaña fuera ampliamente ignorada. Aun a pesar de la magnitud de la victoria soviética, 12.000 muertos contra Japón poco pueden hacer contra los 27 millones de soviéticos que perecieron luchando a vida o muerte contra la Alemania nazi.

«La importancia de la operación fue enorme», afirma el general retirado Makhmut Gareyev, presidente de la Academia Rusa de Ciencias Militares, quien tomó parte en la campaña en 1945. «Entrando en guerra con el Japón militarista... la Unión Soviética precipitó el fin de la Segunda Guerra Mundial».

Extraído y traducido del blog camarada "Estoutras: Notas Políticas"

Sunday, February 07, 2010

Holodomor: Falsificando la historia

¿Cómo se construye un holocausto? Veamos como el fascista y pronazi presidente de Ucrania organiza una exposicion sobre el supuesto holocausto ucraniano provocado por Stalin (esta es la version capitalista del asunto) y como las fotografías que lo ilustran no tienen nada que ver con él (e incluso se eligen fotografias del holocausto yankee de los años 30 que los propios ucranianos y norteamericanos niegan).
Un método que dice mucho de los organizadores, dignos herederos de los nazis y reivindicadores de sus crímenes.

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Fíjense en las imágenes señaladas en este panel de la exposición de Sebastopol

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Fotografía de Ben Shahn: “Bendito País”. Data de octubre de 1935.
Se trata de una familia en un asentamiento de Arkansas.

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Fotografía de Dorothea Lange. Retrata una familia que vive en la miseria
en Oklahoma County. Es de agosto de 1936.

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Otra fotografía de Dorothea Lange. Vemos a dos niños que, en noviembre de 1936, viven
en un campo de refugiados en California por causa de la sequía que asolaba Oklahoma.

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Fridtjof Nansen, diplomático y científico noruego, en su condición de Alto Comisionado de
la Sociedad de Naciones, viajó a Rusia durante la hambruna de 1921. La imagen, en la que Nansen aparece el primero por la izquierda, está tomada en la ciudad rusa de Sarátov, en la cuenca del río Volga.

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Otro expositor en Sebastopol

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En una ampliación de la imagen se puede leer que la fotografía está tomada en Járkov, segunda ciudad ucraniana en número de habitantes, en 1933.

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La imagen realmente corresponde al cementerio de Buzuluk en diciembre de 1921.

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Fijémonos aquí en la fotografía de la esquina superior derecha

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También estamos aquí ante una imagen tomada en la expedición que Nansen
realizó a la región del Volga a principios de los años 20.

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El presidente ucraniano, Viktor Yushchenko, junto a otros compungidos visitantes

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La imagen señalada ya fue utilizada por el gobierno ucraniano a finales de marzo de 2007,
dentro de la campaña por el reconocimiento del genocidio, (que como explica la imagen
fue causado en 1933 por la NKVD)

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La fotografía original es de 1922 y fue utilizada en la “Exposición de Ayuda Humanitaria Americana a la
Rusia Soviética durante la Hambruna de 1921-1923”. Actualmente está en Ginebra, en el archivo de la Ayuda
Internacional a los Niños.

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Las palabras del panel escritas en amarillo dicen: “Decir la Verdad. Desvelar la Memoria”

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Imagen tomada en noviembre de 1921 en la ciudad de Sarátov. La imagen se encuentra en los archivos de Nansen.


Wednesday, February 03, 2010

Homenaje a las víctimas del crimen de la carretera Málaga - Almería

El próximo sábado 6 de febrero tendrá lugar a las 11:30 horas de la mañana un homenaje a las víctimas del genocidio que se llevó a cabo en 1937 contra la población civil malagueña que, tras la toma de la ciudad por las tropas fascistas franquistas y mussolinianas, huyeron por la carretera que comunica las ciudades de Málaga y Almería, siendo está última aún fiel al gobierno republicano español.

El homenaje tendrá lugar en el Peñón del Cuervo y será organizado por el Foro por la Memoria Histórica de Málaga.