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Monday, March 14, 2011

Houari Boumédiène dijo...

Boumédiène fue el líder de Argelia entre 1965 y 1978, cuando falleció a causa de una enfermedad sanguínea. Durante su mandato, el pueblo argelino se alineó con los estados socialistas de África, así como con Cuba, la URSS o la RPD de Corea. A continuación reproducimos varias de sus citas más célebres, extraídas de Wikipedia.

Houari Boumédiène, presidente de Argelia entre 1965 y 1978

En el curso de una entrevista que tuvo con un diplomático occidental en Argel, le expresó: "Cuando en un país subdesarrollado alguien se mueve, se le liquida. Se divierte a la opinión pública exhibiendo algunos escándalos de la CIA. Pero en realidad, la Casa Blanca, el Pentágono, la CIA... es lo mismo. Desde que uno se mueve, la CIA se ocupa de uno". 


En ocasión de la segunda gran gira de Henry Kissinger por Oriente Medio en diciembre de 1973, éste realizó una parada en Argel con la intención de saber si Argelia se ubicaba en el "clan de los irreductibles" de Bagdad y Trípoli. Boumédiène le respondió personalmente con estas palabras: "No puedo responderos más que lo que ya he dicho a los líderes de la resistencia palestina. Argelia no practica la sobrepuja. No puede más que apoyar las decisiones de los palestinos. Exigir más que ellos, es demagogia; menos, es traición".

En una recepción organizada con ocasión de la visita del presidente francés Valéry Giscard d'Estaing, este declaró: "La Francia histórica saluda a la Argelia independiente". Boumédiène no tardó en tomar la palabra, y expresándose en francés dijo: "Hemos pasado página; Argelia es para empezar hija de su historia, que haya superado la prueba colonial e incluso desafiado al eclipse testimonia, si ello era necesario, esta voluntad inextinguible de vivir sin la cual los pueblos están amenazados, a veces, a la desaparición. El camino que nos ha constreñido a pudrirnos en la existencia vegetativa de las asfixias mortales nos impuso replegarnos sobre nosotros mismos en la espera y la preparación de un despertar y un arranque que no podrían hacerse, ¡por desgracia!, más que en el sufrimiento y la sangre. La misma Francia ha conocido estas desgracias y estas resurrecciones". El presidente francés quedó muy desconcertado por estas palabras, evocadoras de un pasado incómodo, y la visita estuvo a punto de desencadenar un incidente diplomático. Más tarde, Boumédiène declinó una invitación a realizar una visita oficial a Francia.

Celebrándose una reunión de la Organización de la Conferencia Islámica en Lahore (Pakistán) en febrero de 1974, y estando presentes todos los jefes de Estado musulmanes, Boumédiène declaró: "Los hombres no quieren ir al paraíso con el estómago vacío, un pueblo que tiene hambre no necesita escuchar versículos. Lo digo con toda la consideración por el Corán, que aprendí a la edad de diez años. Los pueblos que tienen hambre necesitan pan, los pueblos ignorantes de saber, los pueblos enfermos".

Tras la sesión de la ONU sobre las materias primas, Boumédiène recibió en Argel a Willy Brandt, canciller de la República Federal Alemana, que venía para discutir las nuevas reivindicaciones que Boumédiène había presentado en la ONU en nombre del tercer mundo. En el curso de la entrevista, el canciller alemán se interrogó diciendo: "¿El nuevo orden? Un descalabro tal es imposible" y Boumédiène le respondió: "Sí, es verdad, este sistema es difícil de cambiar. Pero lo esencial es reconocer para empezar que es injusto. Queremos revisar con vosotros este sistema construido en nuestra ausencia. Las vías, los medios, los métodos, están para discutirse y negociarse".

Recibiendo en 1975 al presidente tunecino Habib Bourguiba, Boumédiène le hizo visitar el complejo siderúrgico de El Hadjer (el más grande de África), situado a las puertas de la ciudad de Annaba, visiblemente marcado por la infraestructura y las instalaciones. El presidente de Túnez dijo a su anfitrión: "¡Al menos el colonialismo tenía algo bueno! Os ha dejado muchas cosas...". Boumédiène respondió irónicamente: "Discúlpeme, señor Presidente, pero todo lo que véis aquí: las máquinas, los obreros, los cuadros superiores, el director, e incluso el ministro de Industria, son una creación del régimen del 19 de junio de 1965".

Sunday, February 13, 2011

A los 45 años del asesinato de Mehdi Ben Barka


Dos elucidas configuraciones artísticas enardecen el jardín de la sede de la Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina (OSPAAAL), en el capitalino barrio de El Vedado, en La Habana.
Una es la escultura erigida por la destacada artista de la plástica Rita Longa significando un brazo del líder Fidel Castro empuñando en alto su fusil con mirilla telescópica, que utilizó en la Sierra Maestra, durante la lucha revolucionaria contra el dictador Fulgencio Batista (1952-1959)
Mehdi Ben Barka, asesinado por Francia

Esa imagen formó parte del fotograma de un documental que realizaron los periodistas norteamericanos Robert (Bot) Taber y Wendell Hoffman en el Pico Turquino, el 28 de abril de 1958, el que resume el espíritus de la victoria de la Revolución cubana.
La otra creación es el busto esculpido por el pintor y escultor José Delarra, sobre un pedestal, de El Medi Ben Barka, dirigente de la Unión Nacional de las Fuerzas Populares de Marruecos (UNFP) y presidente del Comité Internacional Preparatorio de la Primera Conferencia de los Pueblos de África, Asia y América Latina.
El destacado líder revolucionario fue secuestrado, torturado y asesinado el 29 de octubre de 1965, en París, con la intervención de Mohamend Oufkir; ministro de interior de Marruecos, Ahmen Dimi; jefe de la seguridad marroquí, Louis Souchon; agente de la Policía de Francia, Antonio López; de los Servicios de Contraespionaje y Seguridad Exterior de Francia y la contribución de la Agencia Central de Inteligencia (CIA); de Estados Unidos.
Ben Barka: defensor de la solidaridad internacional
Aunque ambas figuras escultóricas irradian convergentes dramatizaciones alusivas a la lucha por la independencia de los pueblos y la unidad revolucionaria contra el imperialismo, al cumplirse en el 2010 el 45 aniversario del asesinato de Ben Barka, le dedicamos una puntual reseña de su imagen y pensamiento político.
Defensor de la solidaridad internacional contra la dominación neocolonial y conocedor de las acostumbradas artimañas empleadas por los imperialistas para fomentar en los países que aspiran a la independencia la división entre las fuerzas progresistas, Ben Barka defendía la idea de que los pueblos eran más eficaces en sus luchas por la independencia cuando entre estos se manifestaba la unidad. Además, insistió en que en la lucha antiimperialista era necesario reflejar la acción revolucionaria como opción de política global.
La claridad de su pensamiento político cómo luchador revolucionario e internacionalista se hizo evidente cuando refiriéndose lo que sería la Conferencia, señaló: “Es un acontecimiento histórico la reunión de organizaciones antiimperialistas de África, Asia y América Latina, por su composición y por estar representadas las dos grandes corrientes contemporáneas de la Revolución Mundial: la revolución socialista y la revolución de liberación nacional. Lo hace histórico también su celebración en Cuba, donde tienen lugar ambas revoluciones.”
Pero el secuestro y asesinato de Ben Barka, que en ese momento de creciente ascenso del movimiento revolucionario mundial gozaba de un alto prestigio internacional, no impidió que se efectuara la Conferencia en La Habana, coincidiendo con el séptimo aniversario de la Revolución cubana, del 3 al 15 de enero de 1966, con la consigna. Esta gran humanidad ha dicho basta y ha echado a andar.
Pese a todas las maniobras de las fuerzas del colonialismo y de la reacción para impedir la realización de ese extraordinario encuentro de líderes revolucionarios de los tres continentes su celebración fue un gran éxito. Contra la reunión se orquestó una monumental campaña propagandista. La prensa al servicio del imperialismo difundió una imagen falsa al presentarla como un conclave subversivo. La administración norteamericana promovió acuerdos con la Organización de Estados Americanos (OEA), para impedir su celebración en La Habana.
Delegados e invitados, asistentes a la Conferencia consternados por el secuestro y asesinato del líder revolucionario marroquí y las diversas revelaciones acerca de su muerte compensaron sus contrariedades y alentaron sus convicciones ante figuras descollantes de la lucha revolucionaria cubana, como: José Martí, Antonio Maceo y Camilo Cienfuegos, que presidieron simbólicamente aquella cita.
Las imágenes de los próceres cubanos, entrelazadas en un haz solidario, quedaron fusionadas con las de dirigentes emblemáticos de los tres continentes. Por África; Patrice Lumumba, líder de la lucha de la independencia en el Congo, asesinado en 1961 por criminales al servicio del dictador Mobutu. Por Asia; Nguyen Van Troi, tenaz combatiente vietnamita, fusilado en 1964, luego de resistir cuatro meses de torturas, y quien antes de morir gritó ¡Viva Ho Chi Minh! ¡Viva Vietnam! Por América Latina, Augusto César Sandino, General de Hombres Libres, asesinado en Nicaragua tras una trampa tendida por los esbirros de Anastasio Somoza y la Agencia Central de Inteligencia (CIA).
El “caso Ben Barka”
La Primera Conferencia de los pueblos de los tres continentes que entre sus acuerdos adoptó el referido a la creación (OSPAAAL), con sede en La Habana condenó el odioso crimen y creó un Comité de Solidaridad para que conociera la verdad sobre su secuestro y asesinato bautizado por la prensa internacional como el “caso Ben Barka”.
En consecuencia con la condena a esa vandálica acción y su necesaria aclaración, el 30 de septiembre de 1966, durante el juicio de Ben Barka en París y ante las maniobras del tribunal para tratar de desvincular la actividad política internacional del líder marroquí del caso con el evidente propósito de encubrir a los autores intelectuales, el entonces Secretario General de la OSPAAAL, Osmany Cienfuegos, señaló: "Los que conocimos el pensamiento de Ben Barka, la importancia que daba a la Conferencia, los que nos percatamos que había dejado de ser un líder político nacional para convertirse en un líder tricontinental, no podemos desvincular su secuestro y asesinato de la Primera Conferencia Tricontinental."
Ben Barka – añadió- veía la lucha de su pueblo muy unida a la de los demás pueblos de los tres continentes. Los interesados en que no se celebrara la Conferencia conocían la importancia del papel que estaba jugando Ben Barka en la preparación de ese encuentro. Sabían que era un factor de unidad en la lucha de los tres continentes, sabían que en aquel momento su enemigo principal era Ben Barka."
Cienfuegos concluyó, su intervención interrumpida arbitrariamente en reiteradas ocasiones por el Presidente del Tribunal, que se negaba aceptar las denuncias que ponían en evidencia la participación de la CIA señalando:  “Señor presidente: ¡Condenad a los autores materiales que han sido instrumentados en este horrendo crimen, que serán los pueblos, los encargados de castigar al autor intelectual del mismo: ¡el imperialismo yanqui!
Con el propósito de que no se revelara la verdad y evitar la condena de los culpables, en París se dilataba el controversial proceso judicial.
En tanto, para perpetuar su memoria desde 1966 la OSPAAAL inició la conmemoración, cada el 29 de octubre, de su desaparición revelando nuevos indicios de su trágica muerte y convocando a organizaciones afines a intensificar la lucha contra el dominio imperialista
La OSPAAAL que desde su fundación ha apoyado su labor solidaria a través de la propaganda gráfica política ha editado tres emblemáticos carteles creados por los artistas cubanos Luis Álvarez, Jesús Forjans, y Antonio Fernández, para resaltar la imagen y legado de Ben Barka
En 1967, la Editora Tricontinental _de la propia organización_ editó el libro Pensamiento Político de Ben Barka(con diseñó de Tony Évora y la portada de José González). La obra constituye un testimonio vivo de su preocupación y participación en la lucha revolucionaria contra la colonización y la explotación de los pueblos de África, Asia y América Latina
En un mensaje del Secretariado Ejecutivo de la OSPAAAL por el quinto aniversario de su secuestro y asesinato, publicado en el boletín Tricontinenental nº57, con el titulo Ben Barka: los pueblos cobraran su muerte; se señaló “Aun hoy la prensa internacional comenta el “caso Ben Barka” e incluso la reanudación del proceso judicial está planteado cinco años después de su muerte.”
El autor intelectual del crimen, el imperialismo estadounidense, ausente del proceso judicial establecido, recibe los golpes no de un tribunal , sino de los pueblos, que son en definitiva quienes vindicaran el crimen de Ben Barka y de otros tantos combatientes asesinados
Durante el XX aniversario de su asesinato, en reconocimiento a sus cualidades de luchador antiimperialista el Secretariado Ejecutivo de la OSPAAAL instituyó la Orden de la Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina, Mehdi Ben Barka.
La insignia fue delineada con un dibujo a relieve de la imagen que esbozó el destacado creador Rafael Enríquez Vega, y contó con la modelación escultórica del reconocido artista de la plástica cubana Delarra.
La primera Orden de Ben Barka le fue conferida al luchador de sudafricano Nelson Mándela, quien sufrió 25 años de cárcel en las más crueles condiciones que le impuso el oprobioso régimen del apartheid por su heroica lucha contra el racismo y la discriminación racial.
La influencia del legado de Ben Barka, contribuyó al reconocimiento obtenido por la OSPAAAL, en 1998, del status consultivo especial ante el Consejo Económico y Social de Naciones Unidas.
Entre las condiciones que le hicieron merecedora de tan alta distinción estuvieron premisas planteadas por el líder tercermundista, como la eliminación del colonialismo y demás forma de opresión, la erradicación de la pobreza, la abolición de toda discriminación
Esos preceptos básicos convergieron luego con otras acciones que en el decursar de los años han integrado la ejecutoria de la OSPAAAL: la lucha por un nuevo orden económico internacional, por el mantenimiento de la paz, el respecto a los derechos humanos y a la independencia nacional, la protección del medio ambiente y la lucha por un nuevo orden de la información.
Distingue además esta mirada histórica del legado y la ejecutoria del pensamiento político de Ben Barka, la entrega también de la orden de la OSPAAAL que lleva su nombre, al Jefe de la Revolución cubana, Comandante Fidel Castro, durante la clausura del X Encuentro del Foro de Sao Paulo, celebrado en La Habana, en 2001.
La condecoración fue impuesta por Paulo Jorge, miembro del Secretariado Ejecutivo de la OSPAAAL, representante del Movimiento Popular de Angola (MPLA) y fundador de la Conferencia Tricontinental.
Una providencia histórica
La providencia histórica propició que la imagen de Ben Barka, situada a la izquierda de la entrada principal de la OSPAAAL donde han sido acogidas distinguidas personalidades revolucionarias y progresistas del mundo, esté orientado mirando a la del fusil empuñado por Fidel como símbolo de victoria.
Cuando Ben Barka estuvo en Cuba en 1965 y se interesó porque la apertura y la clausura de la Conferencia Tricontinental estuviesen a cargo de Fidel, sugirió que esta debía presidirla Cuba, asesorada por el Comité Internacional Preparatorio; y en cuanto al emblema de la Conferencia opinó que debía ser el fusil.
Quienes pensaron que con el asesinato de Ben Barka y la desaparición de su cadáver eliminarían para siempre su ejemplo cometieron un grave error histórico. Luego de 45 años la imagen del heroico dirigente continúa siendo símbolo eterno de la justa lucha de los pueblos y su ejemplo se ha multiplicado.
FUENTES: Revista Tricontinental e Identidad Andaluza

Sunday, January 16, 2011

Triunfa la revolución en Túnez y Ben Alí huye del país

Ben Ali salió del país rumbo a Malta el viernes, poco después de despedir a los miembros de su gabinete y de colocar sobre la marcha al primer ministro Mohamed Ghannouchi como nuevo presidente de la República, informó AFP. Fuentes cercanas al gobierno dicen que los miembros de la familia Ben Ali han sido arrestados.

El primer ministro Ghannouchi anunció, en un discurso televisado, que tenía la responsabilidad inmediata de gobernar el país de manera interina.

Manifestantes ondeando una bandera roja en Túnez

“Desde que el presidente temporalmente no pueden ejercer sus funciones, se ha decidido que el primer ministro ejercerá temporalmente las funciones (presidenciales)”, dijo Ghannouchi en la televisión estatal.

Las unidades militares del Ejército han rodeado el aeropuerto internacional en las afueras de la capital. Más temprano el mismo viernes, Ben Ali declaró el estado de emergencia nacional, llegando las protestas contra el gobierno en todo Túnez llegó a un punto de ruptura.

Las reuniones públicas están prohibidas en Túnez y las fuerzas de seguridad han sido autorizadas a disparar contra cualquiera que se niegue a obedecer dichas órdenes. Un toque de queda desde desde el anochecer hasta la madrugada también ha sido impuesto en estos días.

Los tunecinos, que han estado exigiendo la renuncia de Ben Ali, están furiosos con la policía, que ha matado a 13 personas más durante la noche anterior – sobre todo después de que el presidente se comprometiese a poner fin a las protestas mediante el uso de munición real contra los manifestantes.

PRESS TV / GS NEWS

http://www.guerrasionista.com/2011/01/15/triunfa-la-revolucion-tunecina-y-el-presidente-ben-ali-es-obligado-a-exiliarse-fuera-de-tunez/

Thursday, January 13, 2011

El pueblo tunecino, en pie de guerra




El Partido Comunista de  los Obreros de Túnez, considera que el discurso  de Ben Alí de esta tarde, no es más que una repetición de los precedentes. Criminaliza las protestas populares y las califica, como siempre,  de agitaciones y de complots orquestado por «extremistas», por «vendidos» y pretendidas «bandas terroristas».

Con este método trata de deformar la realidad y evitar cualquier responsabilidad, señalando a supuestos responsables. Es una manera de  justificar la represión y los asesinatos cometidos  por la policía, que sufre el pueblo tunecino. Numerosos mártires han caído en distintas regiones del país, particularmente en Tahla, Kasserine, Regueb, Sidi Bouzid y Menzel Bouzayane.

En su discurso, Una vez más Ben Alí ha amenazado en vano. No ha tomado ninguna medida para impedir los disparos sobre los manifestantes, para retirar a la policía, ni para liberar a los detenidos, ni para retirar a la policía y al ejército, ni tampoco para respetar el derecho del pueblo tunecino a la libertad de expresión, de manifestación y de organización libremente.

La obsesión de Ben Alí de amenazar, provocará sin duda alguna más víctimas entre la población y seguramente un nuevo baño de sangre, de todo lo cual son responsables las autoridades.

Ben Alí una vez más promete creación de empleos, pero nadie sabe cómo serán financiados esos empleos, ni cómo podrá llevarlo a cabo, una administración corrupta. Si es posible contratar  a 300.000 personas en tan poco tiempo, ¿por qué las autoridades han dejado pudrirse la situación a tal punto? ¿Por qué no han tomado medidas urgentes a favor de los desempleados otorgándoles una subvención al paro que les permita vivir con dignidad?

Los problemas planteados por las protestas populares son profundos, muy serios y no conciernen únicamente al paro, sino también a la explotación,  la carestía de la vida, la disparidad flagrante entre las regiones, la corrupción, la injusticia y la arbitrariedad. El régimen de Ben Alí, una vez más, ha demostrado su incapacidad para dar soluciones adecuadas a las reivindicaciones.

El régimen de Ben Alí ha fracasado con sus planes económicos, sociales y políticos. Eso es lo que manifiesta la población, igual que manifiestan sus anhelos de cambio. La población exige la marcha de Ben Alí, en el poder desde hace 23 años, para  acabar con la arbitrariedad, garantizar la libertad individual y pública y la instauración de instituciones democráticas en todos los terrenos: justicia independiente e igualitaria, persecución de las personas implicadas en la corrupción y restitución de sus bienes al pueblo.

El Partido Comunista de los Obreros de Túnez está con el pueblo, con sus obreros, campesinos, sus mujeres y jóvenes, sus intelectuales, con todos los que desean el cambio. Consideramos que ese anhelado cambio, exige la marcha de Ben Alí, la disolución de las instituciones fantoches del actual régimen y la instauración de un gobierno provisional que se plantee la organización de elecciones libres y transparentes. Esas elecciones permitirán instaurar una constituyente encargada de elaborar una nueva constitución que plantee el esbozo de una República realmente democrática, que establezca la soberanía del pueblo, garantice el respeto de los derechos humanos, la igualdad y la dignidad. Abordará  una nueva política económica y social, nacional y popular. Garantizará a nuestro pueblo el trabajo y los medios necesarios para tener una vida digna y poner fin a la corrupción, la arbitrariedad y la desigualdad regional.

Esta es la  salida que el Partido Comunista de los Obreros de Túnez propone, y considera la más hacedera. El Partido Comunista de los Obreros de Túnez, llama a todos los partidos y fuerzas políticas, sindicales, a los defensores de los derechos humanos, a los jóvenes, intelectuales, para unir sus fuerzas en torno a una alternativa común contra el régimen despótico, que corresponde  a la voluntad del pueblo para que sus sacrificios y la sangre de los mártires no se haya derramado en vano

Partido Comunista de los Obreros de Túnez


Túnez, a 10 de enero de 2011

Wednesday, December 29, 2010

Mali, sin rastros de Al Qaeda

Jon Sistiaga en Mali
Hace pocos días, antes del fin definitivo de sus emisiones, CNN+ volvió a emitir el reportaje del periodista Jon Sistiaga, ya emitido en el mes de mayo, en el que se trataba infructuosamente de buscar por el desierto los escondrijos de los yihadistas de Al Qaeda en Mali. Sistiaga en ningún momento nos cuenta qué hará cuando encuentre a esos yihadistas, a veces da la sensación de que les entrevistará, pero otras, llevado por ese afán tan occidental de tratar de impartir justicia fuera de las fronteras propias, parece que pretende capturar al líder de Al Qaeda en Mali, y ponerlo en manos de la justicia, o quien sabe si juzgarlo él mismo.

En el reportaje vemos a un Sistiaga empeñado en ese fin, pero igualmente vemos que ese intento queda en vano, es decir, Sistiaga en ningún momento consigue la ansiada imagen tan difundida por los medios occidentales de guerreros de turbantes y largas barbas con un Corán en una mano y una metralleta en la otra gritando “Alá es uno y Mahoma es su Profeta”. Y no la consigue no por poner empeño en el intento, como se puede ver en el reportaje, recurriendo a todas las posibilidades. Al final, Al Qaeda y sus temidos guerreros quedan difuminados en ese desierto de miseria, hambre, y desesperación, quedan como figuras fantasmagóricas, que aparecen y desaparecen según los indicios, o mejor dicho, la interpretación de esos indicios hecha por las ideas preconcebidas al respecto de Sistiaga.

Sin embargo, en más de una ocasión durante el reportaje, se insinúa, contrariamente a esas ideas preconcebidas de Sistiaga, que en realidad esos guerreros de Al Qaeda son bandidos y narcotraficantes que utilizan los secuestros de occidentales más para fines económicos que políticos, y que Al Qaeda no es más que una pantalla detrás de la cual opera toda una red de delincuentes locales, es más, hasta hay ciertos momentos en el reportaje en los que el propio Sistiaga llega a afirmarlo, para luego desdecirse y volver a las ideas establecidas y preconcebidas al respecto. 

El Sahel, un nuevo punto caliente del planeta

El Sahel, que significa en árabe “costa”, es toda la zona comprendida entre el sur del Sahara hasta las sabanas y el Golfo de Guinea, y desde las orillas del Océano Atlántico hasta el Nilo hacia el Este. Abarcando a países de oeste a este como Mauritania, Senegal, Mali, Argelia, Níger, el norte de Nigeria, Chad, Sudán y Eritrea. 

En un informe del Consejo de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos realizado en 2005 se decía lo siguiente: “A finales de la década, el África subsahariana puede convertirse en una fuente de importaciones energéticas para Estados Unidos tan importante como Oriente Próximo. El Oeste de África dispondrá de unos 60.000 millones de barriles en reservas petroleras comprobadas. Los fracasos flagrantes de las guerras depredadoras de Estados Unidos y la Unión Europea en Afganistán e Irak conducen a proyectar el control sobre el petróleo de África, y la parte procedente del Golfo de Guinea en las importaciones estadounidenses pasará del 15 al 20% en 2010 y al 25% en 2015”. Estas líneas hablan por si misma sobre la importancia estratégica de la región. 

A esta pretensión de los recursos petrolíferos del África Occidental le ha correspondido la consecuente militarización de la zona: “operaciones antiterroristas” dirigidas por Washington en el 2003 y en el 2004 contra el denominado Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC), programas militares para la defensa de la navegación en el Golfo de Guinea, maniobras militares, y la creación junto a sus socios de la Unión Europea del proyecto militar de intervención rápida AFRICOM, cuyo cuartel general está nada más y nada menos que en Stuttgart (Alemania), ante la negativa de los países africanos a albergar unas instalaciones tan peligrosas. En definitiva, con la excusa siempre oportuna de la lucha contra el terrorismo, los EEUU, y en menor media la UE, en especial Francia, al ser esta una zona histórica colonial francesa, lo que en realidad se pretende es asegurar la explotación de los recursos energéticos de la zona y su seguro traslado a las metrópolis imperialistas occidentales. 

A todo ello, debemos añadir la presencia de la República Popular China en África, necesitada también de recursos energéticos para continuar con su imparable avance y desarrollo económico. China es ya el primer inversor en África. Esta presencia inquieta, como no podía ser de otra manera, a los Estados Unidos, que cada vez tiene más claro que son los chinos el obstáculo fundamental que impide la total hegemonía norteamericana del planeta. China para continuar con su desarrollo necesita de esos recursos, Estados Unidos consecuentemente trata de impedírselo, no sin dificultades, porque de ninguna de las maneras impide el comercio de los países africanos con la República Popular China, que sin estar exenta de una clara actitud propia de un Estado imperialista en cuanto a exportación de capitales, no realiza el consecuente ahogo político, quitando y poniendo gobiernos, tan característico del imperialismo norteamericano y europeo. 

Al Qaeda, la excusa perfecta

En la serie de entrevistas que el periodista belga Michel Collon está realizando con el analista etíope Mohamed Hassan en la serie “Comprender al mundo musulmán”, a la pregunta de que si los piratas somalíes y los presuntos terroristas de Al Qaeda constituyen una amenaza real, el analista responde de la siguiente manera: “Yo no digo que no haya amenaza. Si no que simplemente las potencias occidentales la instrumentalizan para ponerla al servicio de sus intereses estratégicos en la región”. 

Diagne Roland Fodé en su artículo “Los objetivos ocultos de la militarización del Sahel” afirmaba al principio: “Los secuentros se multiplican en el Sahel. Tras la liberación, contra rescate, de P. Camatte, Michel Germaneau resultó muerto después de un ataque militar franco-mauritano en territorio de Malí en circunstancias no aclaradas según la prensa africana (Argelia, Malí, etc.). Otras siete fueron secuestrados en Níger. Cada secuestro ha supuesto la oportunidad para un aumento de la presencia militar francesa, ahora multiplicada con el apoyo de tropas de élite y tecnología espacial de vigilancia estadounidenses”. Siguiendo con el interesante artículo de Diagne Roland Fodé, esta fiebre de secuestros no es más que una operación de manipulación masiva consistente en crear determinados problemas, para después ofrecer las consecuentes soluciones a los mismos, es decir, la justificación de las intervenciones militares imperialistas en el Sahel, ampliando así el control de los recursos por parte de las multinacionales occidentales. 

Mientras, el prestigioso analista canadiense Michel Chossudovsky es claro al respecto: “Uno de los objetivos principales de la guerra de propaganda consiste en «fabricar un enemigo». El enemigo exterior, personificado por Osama Bin Laden está «amenazando a Estados Unidos» y por lo tanto es necesario emprender la guerra preventiva contra los «terroristas islámicos» para defender la Patria. Las realidades se falsean. Estados Unidos está bajo amenaza de ataque”, y continua: “Se trata de un asunto conocido y documentado: la «red del terrorismo islámico» es una creación del aparato de los servicios secretos estadounidenses. Hay pruebas concluyentes de que algunas de las acciones que han producido un gran número de víctimas han sido lanzadas por los militares o los servicios secretos. Del mismo modo, y basándose en pruebas, varias de las alertas de actos terroristas se basaron en informes secretos falsos, como en el caso del fallido caso de «ataque mediante bombas líquidas» de Londres, en 2006, en las que los supuestos piratas aéreos no habían adquirido los billetes de avión y varios de ellos ni siquiera tenían el pasaporte imprescindible para embarcar”. 

Allá donde los Estados Unidos y sus socios occidentales ponen los ojos y ven sus intereses comprometidos, allá aparece, como de la nada, una célula local de Al Qaeda, ya sea en el Cáucaso y el Asia Central otrora soviética, el Magreb y el Sahel, el África Oriental o el Yemen. Fantasmas a los que los medios de comunicación ponen cuerpo, y a veces hasta cara, como esa imagen que el periodista Sistiaga perseguía incansablemente en Mali sin éxito. 

Fuentes:


Por Antonio Torres "Antón" para Kaosenlared.net

Wednesday, November 17, 2010

Declaración de Mohamed Saled Ould-Salek, ministro de Relaciones Exteriores de la RASD

Ante la avalancha de condenas y denuncias en  el mundo por el desalojo a sangre y fuego del campamento de Gdaym Izik y la represión salvaje que aún se desarrolla en la ciudad ocupada de El Aaiún, sin testigos y  en medio de un bloqueo mediático planificado, las autoridades marroquíes han vuelto a sorprender a propios y extraños con un montaje de propaganda sucia para justificar su brutalidad contra los civiles saharauis. Tras prohibir la entrada de periodistas y de observadores internacionales, y una vez consumado el crimen, ahora ofrecen su propia “verdad” con puestas en escena donde los civiles saharauis pasan a ser criminales asesinos y sus fuerzas de agresión las víctimas.

 
Durante una rueda de prensa organizada en el día de ayer, los ministros marroquíes de Exteriores y de Interior han recurrido una vez más al indecente método del mensaje subliminal para asociar la resistencia pacífica del pueblo saharaui y su noble causa, a los repudiables y sangrientos métodos del terrorismo. Para el Gobierno de Marruecos todo sirve, incluso el invento de espeluznantes teorías, ilustradas con imágenes poco creíbles -como quedó reflejado en el vídeo que hicieron circular ayer- para que sus atrocidades y prácticas  de terrorismo de estado contra niños, ancianos y mujeres, encuentren alguna justificación ante los ojos del mundo.
Las autoridades marroquíes, desesperadas por aliviar la creciente indignación mundial frente al horror cometido por sus tropas contra civiles pacíficos y desarmados, no dudan incluso en usar técnicas de manipulación peligrosas que, en lugar de probar lo improbable, sólo alimentan el odio hacia el pueblo saharaui  y prepara con ello la próxima masacre en las zonas ocupadas. 
La demonstración de Gdaym Izik, una manifestacion pacífica, serena y civilizada del rechazo de los saharauis a la ocupación extranjera y su apego a la autodeterminación, ha desatado una sed de venganza por parte del Estado marroquí, que tarde o temprano, desembocara en nuevas tragedias.
Por ello, la comunidad internacional y particularmente la ONU, ha de intervenir con medidas eficaces y urgentes, desplegando más Cascos Azules y observadores para proteger los derechos humanos y evitar  un baño de sangre de mayor magnitud.
En Bir Lehlu a 16 de noviembre de 2010.

Friday, August 20, 2010

La experiencia socialista en África (Parte 3 y última)

La ardua ruta hacia la liberación nacional era característica de los países dominados por pobladores europeos, incluyendo las colonias portuguesas de Angola, Guinea-Bissau, Cabo Verde y Mozambique, además de las británicas Zimbabwe y Sudáfrica, junto a la otrora colonia alemana de Namibia. En este estudio se consideran los casos de Mozambique y Guinea-Bissau, con algunas referencias a Angola. A diferencia de los poderes coloniales que adoptaron la opción reformista en el proceso de descolonización, Portugal mantuvo tenazmente sus garras en sus colonias y no admitió una opción reformista. Y es que a diferencia de otros poderes, como señaló Amílcar Cabral:

 "Portugal no fue un poder imperialista… no fue más que el a veces envidioso guardián de los recursos humanos y materiales de nuestros países, al servicio del imperialismo mundial. Esa es la verdadera razón de la supervivencia del colonialismo portugués en África y por el posible prolongamiento de nuestra lucha. La presencia de Portugal ha sido más longeva que la de otros poderes en África pero es dependiente de la presencia de esos otros poderes, principalmente de Inglaterra."

Aquí se sugiere que la intransigencia del régimen colonial fascista, el apoyo que el imperialismo le dio y la sobreexplotación de los colonizados determinaron la naturaleza específica de la lucha de liberación y le dieron forma al desarrollo de objetivos estratégicos de la lucha.

A diferencia de los movimientos reformistas anticoloniales, el liderazgo del movimiento de liberación estudió sus respectivas sociedades identificando el potencial revolucionario de los diferentes grupos sociales y sus características regionales. Las zonas liberadas se convirtieron en el laboratorio de lo que iba a influenciar la orientación política y social de los movimientos. Su orientación socialista se desarrolló a través de un entendimiento de la relación orgánica entre práctica y teoría. Como lo señala Samora Machel: “fue en el proceso de la lucha que sintetizamos las lecciones de cada experiencia, forjando nuestra ideología, construyendo los instrumentos teóricos de nuestra lucha”. Otros veteranos líderes de los movimientos reforzaron el carácter revolucionario de la orientación política. El difunto Aquino Bragança escribió:

"Las bases comunes que teníamos cuando formamos el FRELIMO eran el odio al colonialismo y la creencia en la necesidad de destruir la estructura colonial y establecer una estructura social nueva. Nadie sabía, sin embargo, que tipo de estructura social ni que tipo de organización tendríamos. No, algunos sí sabían, algunos sí tenían idea, pero tenían nociones bastante retóricas que fueron transformadas en la lucha."

La lucha se definió no solamente como la derrota al colonialismo y al imperialismo sino también como el triunfo sobre lo que Cabral definió como “nuestra propia debilidad”:

"Nuestra experiencia nos ha demostrado que en la estructura general de la lucha diaria esta batalla es contra nosotros mismos – sin importar que dificultades el enemigo pueda crear – es la más difícil de todas, ya sea por el presente o por el futuro de nuestros pueblos."

 Esta lucha era, continuó:

"…una expresión de las contradicciones internas de la realidad en lo económico, social, cultural (y por lo tanto histórico) de cada uno de nuestros países. Estamos convencidos de que cualquier revolución nacional o social que no esté basada en el conocimiento de su realidad fundamental está condenada al fracaso."

En esto vemos la evolución del proyecto de los movimientos de liberación, al enfocar la lucha, además de la liberación nacional, en la transformación de la sociedad; es decir, en la búsqueda de una revolución social y cultural, caracterizada por la lucha de clases.

Samora Machel y Eduardo Mondlane, líderes guerrilleros del FRELIMO de Mozambique. El primero alcanzaría en 1975 la presidencia del país, luego de la independencia de Portugal.
En las zonas liberadas, los movimientos crearon una base de poder alternativo separado del Estado colonial portugués, proveyeron la preparación ideológica para confrontar el aparato ideológico colonial racista y crearon estructuras democráticas instrumentales en la formación de cuadros de oficiales experimentados en la tarea de construcción socialista. También proveyeron cuidados de salud, educación para las masas y mecanismos legales y representativos a través de los cuales los campesinos fueron movilizados políticamente para confrontar desigualdades basadas en clase, género y raza. Aunque modestos, los logros en las zonas liberadas constituyeron señales para el futuro. La lucha armada prolongada mantuvo el potencial necesario para la transición socialista. Pero este potencial dependía del carácter de clase de la revolución democrática nacional, de las alianzas de clase incrustadas en ella, así como de factores externos.

Mientras los teóricos del movimiento de liberación nacional daban importancia al rol central del proletariado, ellos estaban conscientes de sus limitaciones numéricas en sociedades en las cuales los campesinos eran la mayoría. Según Cabral, los campesinos no eran una “fuerza revolucionaria” sino pura “fuerza física”. Sin embargo, ellos proveían una base, la fuerza física principal “que ganada para la causa de cambio es esencial para cualquier éxito”. Los campesinos eran espontáneos y requerían un ímpetu exterior, el cual venía de la pequeña burguesía y el semi-proletariado urbano, quien inicialmente formó el movimiento nacionalista.

Ciertamente a lo largo del África, el rol de la pequeña burguesía fue crucial. Como argumentaba John Saul, el proceso de la transformación socialista necesitaría que trabajadores y campesinos se convirtieran en actores principales pero su “rol activo probablemente germinará de una dialéctica compleja establecida entre ellos mismos y la pequeña burguesía”. A su vez, esto provocaría graves luchas dentro de los rangos de esa clase. Las separaciones internas en los movimientos de liberación así como la relación entre la pequeña burguesía y la clase subordinada en el período después de la independencia, apoyan la observación de Saul, y sobre todo la caracterización de Cabral de que la pequeña burguesía era una clase vacilante, a menos que pasase por una “reafricanización” o una “reconversión de mentes”, y asimilara la mentalidad colonial.

Bandera de la República Popular de Mozambique (1975-1983)

Después de la independencia la construcción del socialismo dependía de la acción recíproca de varias fuerzas sociales. Dependía de qué clase ocupaba posiciones estratégicas en el Estado. Cabral plantea el problema de la siguiente manera:

"Tenemos que enfrentar la pregunta de si el socialismo puede ser establecido inmediatamente después de la liberación. Esto depende de los instrumentos utilizados para efectuar la transición al socialismo; el factor esencial es la naturaleza del Estado teniendo presente que después de la liberación habrá personas controlando la policía, las prisiones, el ejército, etc, y mucho depende de quiénes son estas personas y de lo qué traten de hacer con estos instrumentos. Así pues, retornamos al problema de qué clase es el agente de la historia y quiénes son los herederos del Estado colonial en nuestras condiciones específicas."

La apresurada salida de los pobladores portugueses de los tres países después de la independencia creó problemas para la economía. La respuesta de estos movimientos de liberación victoriosos fue crear estructuras populares en varios sectores -en la producción, el gobierno local, el comercio, la salud, la educación para las masas y la defensa-. Éstos fueron grandes logros porque como lo señala Marcelino dos Santos, líder del FRELIMO, “ellos crearon un sentimiento de confianza en las masas oprimidas y esto ayudó a convencerlas de tener la capacidad de transformar Mozambique… ésta es la esencia del poder popular”. Pero las estructuras populares también atrajeron elementos oportunistas de la pequeña burguesía urbana que había colaborado con el colonialismo y que en el caso de Mozambique creó estructuras rivales resultando en una gerencia hostil a los intereses de los trabajadores. Se debe enfatizar que en todas las ex colonias había necesidad de personal calificado. El PAIGC creó también estructuras populares exitosas en Cabo Verde y movilizó a la gente en cuanto a educación en masa, atención sanitaria, protección ambiental y programas de reforma agraria de largo alcance.

La producción agrícola planteó un reto mayor y fue donde hubo que probar la relación entre el Estado y el campesinado. En Mozambique, Angola y Guinea-Bissau, la economía colonial había dependido del trabajo forzado en cultivos impuestos. Con la independencia, este régimen coercitivo se detuvo. Los eslabones comerciales entre el campo y los pueblos colapsaron. En Mozambique y Angola, la solución fue crear fincas estatalizadas y aldeas comunales campesinas, dándoseles prioridad a las primeras. Lejos de producir para el mercado doméstico, las aldeas comunales se limitaron al cultivo de subsistencia. Una escasez de bienes manufacturados llevó a la baja en la producción agrícola de bienes de consumo. Las ciudades sufrieron escasez de alimentos. En ambos países el problema se complicó aún más por los ataques terroristas patrocinados por la racista Sudáfrica y los poderes imperialistas del oeste. En 1984, el IV Congreso del FRELIMO decidió dividir las fincas del Estado en unidades más pequeñas, entregó algunas a campesinos privados, y dio prioridad a la producción agrícola campesina. Pero era demasiado tarde. Ya la desestabilización impulsada por los regímenes racistas de Sudáfrica y Rhodesia se había diseminado por el país.

En 1967, Amilcar Cabral señaló un proyecto innovador para ser implementado después de la liberación. Él argumentaba que la cuestión agraria probaría la credibilidad del movimiento de liberación. Los intereses del campesinado recibirían prioridad sobre otros proyectos. La agricultura debía ser “lo primero”. Dijo textualmente:

El enfoque general que tenemos es que todas las decisiones estructurales deben estar basadas en las necesidades y condiciones del campesinado que es la vasta mayoría de nuestra gente. Nuestra nueva administración no tendrá esas cadenas de mando típicas de los tiempos coloniales: gobernadores de provincia, etc. No deseamos copiar estructuras de ningún tipo. Deseamos descentralizar al máximo. Por esa razón pensamos que Bissau no continuará siendo nuestra capital en sentido administrativo. De hecho estamos en contra de la idea de una capital. ¿Por qué no pueden estar dispersos los ministros?... ¿Por qué debemos tener un palacio presidencial, una concentración de ministros, las claras señales de una élite emergente que puede pronto convertirse en un grupo privilegiado?

Cabral y el PAIGC habían estado buscando evitar el surgimiento de la pequeña burguesía privilegiada en otros países africanos. Él no vivió para ser testigo de lo que había advertido. Después de la independencia, el PAIGC y funcionarios del Estado traicionaron al campesinado.

En lugar de invertir para transformar la producción agrícola, ellos dependían de la “ayuda” extranjera. Las estructuras populares en los campos fueron abandonadas. Como hemos visto en el caso de Tanzania y Mozambique, el campesinado dejó de producir superávit. Hubo recortes crónicos de alimentos en las ciudades principales, y protestas que fueron cruelmente suprimidas. Como explica Rudebeck, así, el subsiguiente golpe de 1980 fue la expresión de la “crisis marcada por una creciente brecha económica y política entre, por un lado, el poder del Estado, dependiente de ayuda y créditos externos y liderado por la pequeña burguesía, y, por otro lado, los productores del campo, literalmente abandonados”. Para 1984, el PAIGC había dejado de ser un partido de vanguardia, un crítico del Estado y del gobierno, para convertirse en parte del aparato del Estado, subordinado al gobierno.

El proyecto socialista en África concluyó a finales de los años ochenta. En Mozambique y Angola, el marxismo-leninismo fue abandonado. En Tanzania, el Ujamaa fue igualmente abandonado. Los proyectos de Mozambique y Angola habían tenido lugar en un ambiente hostil. La intervención militar externa forzó a los gobiernos a desviar los recursos para la defensa. La desestabilización causó inmensas pérdidas materiales y humanas, que dejaron indiferente a Occidente. Como lo describe Samora Machel, “los países occidentales presenciaron nuestra destrucción pasivamente, sin preocuparse por la violencia utilizada en contra de nuestra gente”.

A principios de los años setenta, las recesiones capitalistas globales, la desestabilización y la creciente deuda externa, hicieron que los países orientados al socialismo fueran vulnerables a la intervención imperialista a través del así llamado “ajuste estructural” o programas de “liberalización”. Las condiciones materiales de los pobres empeoraron a medida que los programas sociales fueron abandonados. Sin embargo, el recuerdo de los modestos logros pasados aún permanece entre los pobres4. Solamente aquéllos que se han sumado al, y se han beneficiado del, “orden neoliberal” han decidido olvidar.

Notas
  • En el caso de Mozambique, Pitcher observa que “el olvido organizado” se refleja en “documentos gubernamentales oficiales, así como avisos corporativos dirigidos a una clase media emergente que han distorsionado o ignorado al período socialista para obscurecer el pasado y construir una nueva identidad nacional alrededor de las ideas del neoliberalismo (….) Esta estrategia está dirigida a la revisión de la orientación ideológica del país, a construir nuevas coaliciones entre inversores domésticos e internacionales y restaurar la legitimidad del partido vigente luego del abandono del socialismo”.
  • Lenin respaldó la RUTA NO CAPITALISTA al socialismo en los países menos desarrollados: “los países atrasados pueden ir al sistema soviético y, a través de ciertas etapas de desarrollo, al comunismo, sinmtener que pasar por la etapa capitalista”.
  • El autor del presente trabajo recuerda el legado colonial en la educación. De una población de nueve millones de habitantes, en 1963, él fue uno de los escasos 540 estudiantes que se graduaron de la escuela secundaria (liceo) antes de ingresar a la universidad. Esta cifra fue tres veces más alta que la del año 1961 cuando Tanzania se independizó.
  • Durante dos visitas a Mozambique en el 2001 y 2003, el autor presenció la popularidad y la extensa circulación en las áreas urbanas de los discursos del difunto presidente Samora Machel.
Shubi Lugemalila Ishemo

Thursday, August 19, 2010

La experiencia socialista en África (Parte 2)

Ujamaa, la experiencia tanzana

En un documento histórico, la Declaración de Arusha de 1967, el entonces partido de gobierno, Tanganyika African National Union, Unión Nacional Africana de Tanganica (más tarde llamado Chamna Cha Mapiduzi o CCM), declaró su política de trabajar hacia una Tanzania socialista y autosuficiente. Primero, es importante notar que las políticas fueron exitosas al desarrollar uno de los más innovadores sistemas de cuidado de salud de los países del sur. Segundo, inició un sistema de educación universal gratuito que incluía un programa para erradicar la analfabetización en adultos y el uso creativo de los medios para ayudar a fomentar el aprendizaje de la lectura y la salud. La provisión de la educación fue nacionalizada y expandida. Estos fueron grandes avances sociales que partieron del injusto sistema heredado del colonialismo primero alemán y posteriormente, británico.

Al igual que todos los países con orientación socialista, Tanzania se opuso activamente a la agresión colonialista e imperialista y apoyó en forma política y material a los movimientos de liberación nacional. Tanzania participó en el Movimiento de los No Alineados. Esas fueron manifestaciones positivas de las políticas Ujamaa.

Las industrias manufactureras propiedad de extranjeros, las grandes haciendas capitalistas, los bancos y compañías de seguros fueron nacionalizadas y el Estado estableció corporaciones para vigilar los programas de “desarrollo”, la importación y venta de bienes de consumo, etc. La importancia social de éstas será examinada más adelante. Sin embargo, la piedra angular de la nueva política era el plan de poner en marcha y acelerar un proceso de transformación rural, el cual fue diseñado para agrupar a los campesinos para la producción cooperativa. El presidente Julius Nyerere explicó que no se podía esperar que el desarrollo viniera de afuera, la propia gente debía iniciarlo. Las nuevas aldeas Ujamaa serían “voluntarias”, creadas y mantenidas por la gente misma, el pueblo mismo y con sus propios recursos, o sea, sin la inversión de recursos por parte del Estado.

Julius Nyerere (1922-1999), Presidente de Tanzania entre 1964 y 1985

El subsecuente documento de seguimiento a la Declaración Arusha fue el Mwongozo (1971) o Reglas de Liderazgo, las cuales prohibían que tanto los líderes políticos y como los funcionarios de Estado ganasen salarios adicionales. El Mwongozo enfatizaba el principio de la planificación por el mismo pueblo. Tal y como lo decía sucintamente, “no era correcto que los líderes y expertos usurparan el derecho del pueblo a decidir sobre un tema solamente porque ellos tienen la pericia”. Puesto que la producción agrícola era el sector principal de la economía nacional, se asumía que los cooperativistas campesinos debían producir para el mercado doméstico lo suficiente para alimentar a la creciente población urbana, proveer la materia prima para la industria manufacturera al igual que para la exportación. En la práctica, según el trabajo de Philip Raikes y Andrew Coulson, no hubo una estrategia concertada para una transformación económica sustentable. No hubo eslabones que unieran la producción agrícola y la industrialización.

Las implicaciones de una política agraria basada en la “tradición” fueron profundamente deterioradas porque históricamente las formas pre-capitalistas dependían en gran parte de intercambios comunales y recíprocos de trabajo en las tierras de familias individuales. La esencia de esto fue la producción de subsistencia y consumo. El énfasis en la producción de mercadería para intercambio era antiético a este arreglo. Siempre y cuando la producción de mercadería diera como resultado la diferenciación social de los campesinos, serían los campesinos ricos quienes se beneficiarían del intercambio de trabajo. Para evitarlo, la educación política y la movilización serían necesarias. Esto no sucedió. Demasiado énfasis en la producción socavó la política de la confianza en sí mismo y mezcló la relación entre el campesinado y el Estado.

La Ujamaa en las aldeas no era voluntaria, ni política, sino burocrática y obligatoria. La iniciativa de establecer las nuevas aldeas no surgió del campesinado sino de políticos y burócratas de Estado. Algunos observadores han señalado que la política reforzó la hegemonía de lo que Shivji, Mapolu y otros han llamado la burguesía burocrática estatal. En efecto, Lionel Cliffe argumenta: “el régimen tanzano montó una campaña que condujo a la sublevación de la mayoría de la población campesina pero que hizo mucho más para redefinir las relaciones burocrático-campesinas que para cambiar las relaciones de producción”.

En consecuencia, entre 1974 y 1977, la producción de los principales rubros de exportación tales como el algodón, las nueces de marañón, etc., declinó. En 1975, cooperativas productoras que habían estado en existencia antes de la independencia (en 1961) fueron abolidas. Actividades culturales como tocar el ngoma (tambores) que están asociadas con la siembra y la recolección, al igual que con la pesca, también fueron abolidas con el pretexto de que constituían un obstáculo a la producción. El campesinado resistió quemando los cultivos y recurriendo a la agricultura de subsistencia. Entre 1978 y 1981, la producción de comida campesina para el mercado doméstico declinó y hubo escasez de comida en las áreas urbanas. Mapolu ha argumentado de manera convincente que la crisis en la producción agrícola no fue causada por la sequía sino por las políticas socio-económicas del Estado. En la raíz de la crisis estaba la destitución del conocimiento campesino, de la cultura del pueblo, de la visión que tenía el pueblo de sí mismo como portador de la modernidad. El pueblo fue influenciado por la ideología de “modernización” elitista característica del orden colonial. El difunto A.M. Babu lo puso en estos términos:

"La estrategia de Tanzania de organizar al campesinado en aldeas Ujamaa es básicamente correcta. El proyecto, sin embargo, fue llevado a cabo con demasiada rapidez e informalidad lo que en ocasiones llevó al uso de la fuerza. Como resultado dicha estrategia tuvo éxito solamente en destruir la economía de las aldeas que había sido establecida con mucha anterioridad, en la cual la iniciativa individual era superior e instituyó una economía en gran parte colectiva cuando la mayoría de los campesinos no estaba lista para ello. El resultado predecible fue que el país perdió el beneficio de la forma antigua al destruir las fuerzas productivas de las aldeas cuando la nueva forma aún no estaba lista para reemplazarla, mucho menos para sobreseerla. Esta situación ha llevado a interrupciones en la producción y a que los campesinos se retiren hacia la agricultura de subsistencia."

He decidido insistir en las áreas rurales porque ellas constituyen la clave para la transformación exitosa de la economía y la sociedad. Sin embargo es preciso mencionar, así sea brevemente, el rol de la pequeña clase trabajadora. La relación entre trabajadores y burócratas de Estado y gerentes daba una impresión similar a la experiencia del campesinado. Sin embargo, contrario al campesinado, los miembros de la pequeña clase trabajadora confrontaban activamente a los propietarios y al Estado siempre que este último mostraba ser insensible a sus demandas. En las fábricas y en el sector turístico, esta clase trabajadora luchó contra los bajos salarios y las malas condiciones de trabajo, los injustificados privilegios materiales de los gerentes y contra las prácticas racistas. La clase trabajadora utilizó el documento Mwongozo del partido TANU como arma ideológica, tomó control de las fábricas y las manejó como cooperativas de trabajadores.

En algunos casos sus acciones fueron apoyadas por el Estado, pero en otros fueron suprimidas cruelmente. Así pues, mientras existía algún mecanismo que permitía a los trabajadores participar en el manejo de las fábricas y otras empresas, esto era muy combatido ya que muy a menudo el manejo de dichas empresas era manipulado por gerentes, burócratas de estado, políticos y hasta líderes sindicalistas. El estudio del caso tanzaniano muestra que mientras la democracia era solamente retórica y mientras el poder continuaba en manos de los burócratas y gerentes de empresa excluyendo a los trabajadores y al campesinado, el prospecto de la transformación socialista era realmente dudoso.

El período después de 1978 se caracterizó por una combinación de baja producción agrícola con una importación creciente de arroz y maíz, baja producción industrial y bajas exportaciones. El estado emprendió proyectos prestigiosos tales como la construcción de una nueva ciudad capital con un aeropuerto nuevo que hasta la fecha han permanecido como elefantes blancos. El Estado recurrió a préstamos externos mayores sin acompañarlos con crecimiento agrícola ni industrial. La subsecuente relación incómoda con el Fondo Monetario Internacional y otras instituciones imperialistas y la instalación de un régimen neoliberal terminó la experiencia Ujamaa.

Los líderes tanzanos, es decir, aquéllos que se encontraban en el poder al igual que la burguesía burocrática para utilizar el término de Shivji, nunca enfrentaron seriamente el problema de la construcción socialista en una economía predominantemente campesina. Sus prioridades estaban equivocadas.

La experiencia socialista en África (Parte 1)

Actualmente no hay un solo país con orientación socialista en África. Los proyectos socialistas concluyeron en los ochenta. Este artículo examina dos casos: La versión “tradicional”, ejemplificada por el proyecto tanzano Ujamaa, y la prolongada lucha de liberación de Mozambique y Guinea-Bissau. Se argumenta que el fracaso se debió, mayormente, al abandono del campesinado, una clase social cuya fuerza numérica habría creado condiciones materiales para la transformación socialista. Otros factores son considerados: la ascensión y monopolización del poder por la pequeña burguesía, la influencia desestabilizadora de los regímenes racistas de Sudáfrica y Rhodesia, y los “ajustes estructurales” impuestos por Occidente.

Introducción

Amilcar Cabral y Agostinho Neto manifestaron las esperanzas de la población africana durante la lucha de liberación nacional anticolonialista y el período posterior a la independencia. Sus observaciones son más válidas hoy en día porque después de más de cuarenta años de independencia, aquellas aspiraciones no han sido satisfechas. La paradoja es que África, siendo un continente que cuenta con gran cantidad de recursos naturales, éstos no hayan sido utilizados para el mejoramiento de las vidas de sus pobladores, sino que son explotados por corporaciones multinacionales. África todavía permanece como una neo-colonia. Este problema histórico ha estado en el centro de varias formas de lucha social y en casi todas las políticas de Estado.

Desde los años cincuenta hasta principios de los noventa algunos estados africanos, así como ciertos partidos políticos, se consideraban a sí mismos “socialistas” o defensores de algún tipo de socialismo. Comenzando con Egipto en los años cincuenta, Ghana, Guinea-Conakry, Mali, Tanzania, la República Popular del Congo, Benin y Somalia en los años sesenta, Etiopia y Madagascar en los años setenta, y finalmente los países recientemente liberados de Guinea-Bissau, Angola, Mozambique, Cabo Verde y Zimbabwe en los años setenta y ochenta, todos proclamaron el socialismo como objeto de desarrollo e intentaron en diferentes escalas, obtener el control de sus recursos nacionales e iniciar programas económicos y sociales dirigidos a su población.

Amílcar Cabral, líder del PAIGC y luchador anticolonialista contra Portugal (1924-1973)

Pero desde finales de los años ochenta esto se acabó. Muchas figuras políticas que se habían destacado en la construcción socialista se convirtieron en hombres de negocios adinerados bajo el pretexto de que, como lo establece Mosse (2005), “Era urgente crear una burguesía nacional y esto se hizo con fondos públicos”. Según lo establecen Pitcher (2006) y Askew (2006), el proyecto socialista y las máscaras “socialistas” fueron lanzadas en lo que se ha llamado “olvido organizado” desde arriba. Jorge Rebelo, (25 de junio de 1995) socialista veterano, puntualizó: “No podemos evitar escandalizarnos por la distancia entre lo que era nuestro objetivo y lo que es la realidad actual”. El continente entero está hoy bajo el puño de un régimen neoliberal cuyos efectos devastadores en lahumanidad son ya bien conocidos.

El problema de la ruta no-capitalista al socialismo en África

Comenzando con el debate entre Marx, Engels y los Narodniks rusos en el siglo XIX y seguido por aquellos en el II Congreso de la Internacional Comunista en 1920, el debate subsecuente sobre la transición al socialismo es histórico y global. Históricamente se ha debatido sobre las maneras en las cuales las estructuras sociales capitalistas subdesarrolladas y pre-capitalistas pueden ser transformadas. El socialismo científico ha sido considerado como ideología de una clase social (el proletariado), que echa abajo al capitalismo para construir una sociedad socialista. Bajo el socialismo, los medios de producción son propiedad social y el trabajo es aplicado a satisfacer necesidades sociales. El bienestar social tiene prioridad sobre las ganancias económicas privadas. Todos los miembros de la sociedad no están excluidos de los medios de producción y la participación popular en la toma de decisiones es un factor integral de la democracia socialista. Mientras el marxismo clásico postula fuerzas productivas altamente desarrolladas como condición de lucha para construir el socialismo, el subdesarrollo de las fuerzas productivas de la burguesía y proletariado en África ha afirmado problemas analíticos que han impactado en la práctica.

La especificidad de las formaciones sociales africanas con su principal característica de ser una interacción compleja de modos de producción capitalistas y pre-capitalistas y su lugar en la división de trabajo capitalista internacional originó, para algunos analistas, problemas operacionales relacionados con la construcción las relaciones socialistas de producción. La falta de una clase trabajadora estable de buen tamaño originó dudas en cuanto al potencial revolucionario de fuerzas de clase distintas, especialmente del campesinado y la pequeña burguesía. Se argumenta que en ese contexto, los modelos de construcción socialistas que fueron obtenidos en otros lugares e incluso la noción de una sola clase vanguardista eran inapropiados. En consecuencia, esto informó sobre las diferentes aproximaciones hacia “la ruta o las rutas no-capitalistas al socialismo”. Una condición predominante fue “la revolución democrática nacional”, la cual había sido sugerida por Lenín en 1920 y que Clive Thomas ha considerado como:

"una transición, porque no existe la necesidad ni para el establecimiento de un capitalismo indígena a priori (antes que una sociedad socialista pueda ser construida), ni para que el capitalismo sea el resultado inevitable de desarrollos dentro de la “democracia nacional”.

Preguntas inherentes en la tesis de la ruta no-capitalista incluyen el contenido social y de clase del Estado democrático-nacional, la posición de la clase trabajadora naciente o embrionaria, además de otros elementos de clase, el significado de las “alianzas” revolucionarias y la relación entre los Estados en la ruta no-capitalista y el capitalismo mundial.

Históricamente, podemos identificar tres rutas al socialismo en África. Éstas fueron, primero, la ruta reformista-pacífica, la ruta militar radical que estaba asociada con golpes militares, y la tercera, que fue la lucha de liberación nacional prolongada. Aunque hubo características similares en las tres rutas, consideraremos la primera y la tercera como casos de estudio.

La transición pacífica fue asociada con la primera ola de independencia durante los años cincuenta y sesenta. Sus proponentes, tales como Julius Nyerere en Tanzania, Kwame Nkrumah en Ghana, Sekou Touré en Guinea-Conakry, Modibo Feita en Mali, entre otros, le dieron el nombre de “socialismo africano”. Ujamaa (que significa familia en kiswahili), era la versión tanzana no basada en “ideologías importadas”, sino en la tradición africana de la igualdad, según argumentaba Julius Nyerere (1969). Enfatizaba así:

"Nosotros, deliberadamente, hemos decidido crecer como sociedad desde nuestras propias raíces,  pero en una dirección particular y hacia un tipo de objetivo particular. Lo estamos haciendo enfatizando ciertas características de nuestra organización tradicional, extendiéndolas para que puedan abarcar las posibilidades de la tecnología moderna y que nos permitan satisfacer el reto de la vida en el mundo del siglo XX."

Esta interpretación del socialismo africano fue compartida por otros líderes, tales como Tom Mboya (1963) en Kenia, quien consideraba el socialismo científico como “una ideología extranjera que provoca gran violencia al concepto africano de la hermandad”. Para él, el socialismo africano era “una actitud de mente” y “aquellos códigos de conducta comprobados que, a través de los años, han conferido dignidad a nuestra gente y le han proporcionado seguridad en la vida”.

Los proponentes del “socialismo africano” buscaban legitimidad histórica del idílico pasado africano, el cual ellos caracterizaban como “sin clases”. El socialismo científico como expresión de lucha de clases se consideró “extranjero”. Para ellos, repetimos, el socialismo era una “actitud de mente”, una interpretación a la que Marx atacaba persuasivamente: “No es la conciencia del hombre la que determina su existencia sino su existencia social la que determina su conciencia”. Su concepción del pasado africano era esencialista y exenta de análisis históricos críticos de sociedades pre-coloniales y los cambios socioeconómicos resultantes del orden capitalista colonial. Las implicaciones de este enfoque en relación a los intentos de transformar sociedades africanas se examinará más adelante. Amílcar Cabral ofreció una crítica de los errores teóricos y operacionales de la escuela de socialismo africano y suplicó un riguroso enfoque histórico:

"La deficiencia ideológica, por no decir la falta de ideología, dentro de los movimientos de liberación nacional (debido básicamente a la ignorancia de la realidad histórica que estos movimientos aseguran transformar)constituye una de las más grandes debilidades."

Sunday, January 31, 2010

La liberación de la mujer: una exigencia del futuro. Discurso de Thomas Sankara (8-3-1987)

A continuación os ofrecemos un discurso pronunciado en marzo de 1987 por el líder revolucionario africano Thomas Sankara, pionero en África en la defensa de los derechos de la mujer y en los postulados feministas de la igualdad entre géneros y que convirtió a la casi colonial República del Alto Volta en la Burkina Faso, país del que fue presidente entre 1983 y 1987, hasta que fue ejecutado por el actual presidente Blaise Compaoré, en colaboración con los servicios secretos franceses.

No es corriente que un hombre se dirija a tantas mujeres a la vez. Tampoco lo es que un hombre sugiera a tantas mujeres a la vez las batallas que hay que lidiar.

La primera timidez del hombre surge cuando se percata de que está mirando a una mujer. Comprenderéis, compañeras militantes, que a pesar de la alegría y el placer que siento al dirigirme a vosotras, sigo siendo un hombre que ve en cada una de vosotras a la madre, la hermana o la esposa. También me gustaría que nuestras hermanas aquí presentes, que han venido de Kadiogo y no entienden la lengua francesa extranjera en la que voy a pronunciar mi discurso, sean tan comprensivas como de costumbre, ellas que, como nuestras madres, aceptaron llevarnos durante nueve meses sin quejarse. (Intervención en lengua nacional mooré para asegurar a las mujeres que habrá una traducción para ellas.)

Compañeras, la noche del 4 de agosto alumbró la obra más saludable para el pueblo burkinabé. Le dio a nuestro pueblo un nombre y a nuestro país un horizonte.

Irradiados por la savia vivificante de la libertad, los hombres burkinabé, humillados y proscritos de ayer, fueron marcados con el signo de lo que más se aprecia en la vida: la dignidad y el honor. A partir de entonces la felicidad ha estado a nuestro alcance y todos los días marchamos hacia ella, exaltados por las luchas, pioneras de los grandes pasos que ya hemos dado. Pero la felicidad egoísta no es más que una ilusión, y tenemos a una gran ausente: la mujer. Ha quedado excluida de esta procesión feliz.

Si unos hombres han llegado ya a la linde del gran jardín de la revolución, las mujeres todavía están confinadas en su oscuridad ninguneante, desde donde comentan animada o discretamente las vicisitudes que han agitado Burkina Faso y para ellas, de momento, sólo son clamores.

Las promesas de la revolución ya son realidades para los hombres. En cambio para las mujeres no son más que rumores. A pesar de que la verdad y el futuro de nuestra revolución depende de ellas: asuntos vitales, asuntos esenciales, porque en nuestro país no podrá hacerse nada completo, decisivo y duradero mientras esta importante parte de nosotros mismos se mantenga en ese estado de sumisión impuesto durante siglos por distintos sistemas de explotación. Los hombres y las mujeres de Burkina Faso, a partir de ahora, deben cambiar profundamente la imagen que tienen de sí mismos en el seno de una sociedad que, además de determinar nuevas relaciones sociales, provoca una profunda transformación cultural al replantear las relaciones de poder entre los hombres y las mujeres y obligarles a replantearse su propia naturaleza. Es una tarea temible pero necesaria, pues se trata de que nuestra revolución dé todo lo que pueda de sí, libere todas sus posibilidades y revele su auténtico significado en estas relaciones inmediatas, naturales, necesarias, entre el hombre y la mujer, que son las relaciones más naturales entre unos seres humanos y otros.

Vemos hasta qué punto el comportamiento natural del hombre se ha vuelto humano y su naturaleza humana se ha vuelto su naturaleza.

Este ser humano, vasto y complejo conglomerado de dolores y alegrías, de soledad en el abandono y, no obstante, cuna y creador de la inmensa humanidad, este ser de sufrimiento y humillación y, no obstante, fuente inagotable de felicidad para cada uno de nosotros; lugar incomparable de todos los afectos, acicate de los actos de valor más inesperados; este ser débil pero increíble fuerza inspiradora de los caminos que llevan al honor; este ser, verdad carnal y certeza espiritual, ¡este ser, mujeres, sois vosotras! Vosotras, arrulladoras y compañeras de nuestra vida, camaradas de nuestra lucha, y que por eso mismo, con toda justicia, debéis imponeros en pie de igualdad como comensales en los festines de las victorias revolucionarias.

Es esta la mentalidad con que todos, hombres y mujeres, debemos definir y afianzar el papel y el lugar de la mujer en la sociedad.

Se trata, pues, de devolverle al hombre su verdadera imagen haciendo que triunfe el reino de la libertad más allá de las diferencias naturales, gracias a la liquidación de todos los sistemas de hipocresía que consolidan la explotación cínica de la mujer.

En otras palabras, plantear la cuestión de la mujer en la sociedad burkinabé de hoy es esforzarse por abolir el sistema de esclavitud en el que se la ha mantenido durante milenios. Es, de entrada, esforzarse por comprender el funcionamiento de este sistema, conocer su verdadera naturaleza y todas sus sutilezas, para desatar las fuerzas capaces de lograr la emancipación total de la mujer.

Dicho de otro modo, para ganar una pelea que es común al hombre y la mujer, es preciso conocer todos los aspectos de la cuestión femenina, tanto a escala nacional como universal, y comprender en qué modo la lucha de la mujer burkinabé se suma hoy a la lucha universal de todas las mujeres, y más allá, a la lucha por la rehabilitación total de nuestro continente.

La condición de la mujer es, por consiguiente, el meollo de toda la cuestión humana, aquí, allá, en todas partes. Tiene un carácter universal.

La lucha de clases y la cuestión de la mujer

El materialismo dialéctico es el que ha arrojado sobre los problemas de la condición femenina la luz más fuerte, la que nos permite situar el problema de la explotación de la mujer en el seno de un sistema generalizado de explotación. Es también el que define la sociedad humana no ya como un hecho natural inmutable, sino como algo antinatural.

La humanidad no padece pasivamente el poder de la naturaleza. Sabe aprovecharlo. Este aprovechamiento no es una operación interior y subjetiva. Se efectúa objetivamente en la práctica, si se deja de considerar a la mujer como un simple organismo sexuado para tomar conciencia, más allá de los hechos biológicos, de su valor en la acción.

Además, la conciencia que la mujer adquiere de sí misma no está definida exclusivamente por su sexualidad. Refleja una situación que depende de la estructura económica de la sociedad, resultado de la evolución técnica y de las relaciones entre clases a las que ha llegado la humanidad.

La importancia del materialismo dialéctico radica en haber sobrepasado los límites esenciales de la biología, en haber soslayado las tesis simplistas del sometimiento a la especie, para situar todos los hechos en el contexto económico y social. Por muy lejos que nos remontemos en la historia humana, el dominio del hombre sobre la naturaleza nunca se ha realizado directamente, con su cuerpo desnudo. La mano, con su pulgar prensil, ya se tiende hacia el instrumento que multiplica su poder. De modo que no son las condiciones físicas, la musculatura, el parto, por ejemplo, lo que consagró la desigualdad social entre el hombre y la mujer. Tampoco la confirmó la evolución técnica como tal. En algunos casos, y en algunos lugares, la mujer pudo anular la diferencia física que la separa del hombre.

El paso de una forma de sociedad a otra es lo que institucionaliza esta desigualdad. Una desigualdad creada por la mente y por nuestra inteligencia para hacer posible la dominación y la explotación concretadas, representadas y experimentadas por las funciones y las atribuciones a las que hemos relegado a la mujer.

La maternidad, la obligación social de ajustarse a los cánones de lo que los hombres desean como elegancia, impiden que la mujer que lo desee se dote de una musculatura considerada masculina.

Según los paleontólogos, durante milenios, del paleolítico a la Edad del Bronce, las relaciones entre los sexos se caracterizaron por una complementariedad positiva. Estas relaciones permanecieron durante ocho milenios bajo el signo de la colaboración y la interferencia, y no de la exclusión propia del patriarcado absoluto, más o menos generalizado en la época histórica.

Engels tuvo en cuenta la evolución de las técnicas, pero también la esclavización histórica de la mujer, que nació con la propiedad privada, con el paso de un modo de producción a otro, de una organización social a otra.

Con el intenso trabajo necesario para roturar los bosques, cultivar la tierra y sacar el máximo provecho a la naturaleza, se produce una especialización de tareas. El egoísmo, la pereza, la comodidad, el esfuerzo mínimo para obtener un beneficio máximo surgen de las profundidades del hombre y se erigen en principios. La ternura protectora de la mujer hacia su familia y su clan son una trampa que la somete al dominio del macho. La inocencia y la generosidad son víctimas del disimulo y los cálculos egoístas. Se hace burla del amor, se mancilla la dignidad. Todos los sentimientos verdaderos se convierten en mercancía. A partir de entonces el sentido de la hospitalidad y de compartir que tienen las mujeres sucumbe a la artimañas de los astutos.

Aunque es consciente de las artimañas que están detrás del reparto desigual de tareas, ella, la mujer, sigue al hombre para cuidar de todo lo que ama. Él, el hombre, se aprovecha de esa entrega. Más adelante el germen de la explotación culpable establece unas reglas atroces que van más allá de las concesiones conscientes de la mujer, históricamente traicionada.

Con la propiedad privada la humanidad instaura la esclavitud. El hombre amo de sus esclavos y de la tierra pasa a ser propietario también de la mujer. Esta es la gran derrota histórica del sexo femenino. Se explica por los cambios profundos creados por la división del trabajo, debido a los nuevos modos de producción y a una revolución en los medios de producción.

Entonces el derecho paterno sustituye al derecho materno; la transmisión de la propiedad se hace de padres a hijos, y no ya de la mujer a su clan. Es la aparición de la familia patriarcal, basada en la propiedad personal y única del padre, convertido en cabeza de familia. En esta familia la mujer está oprimida. El hombre, amo y señor, da rienda suelta a sus caprichos sexuales, se aparea con las esclavas o las hetairas. Las mujeres son su botín y sus conquistas de mercado. Se aprovecha de su fuerza de trabajo y disfruta de la diversidad del placer que le deparan.

La mujer, por su parte, cuando los amos hacen que la reciprocidad sea posible, se venga con la infidelidad. Es así como el matrimonio conduce de forma natural al adulterio. Es la única defensa de la mujer contra su esclavitud doméstica. La opresión social es la expresión de la opresión económica.

En este ciclo de violencia, la desigualdad sólo acabará con el advenimiento de una sociedad nueva, es decir, cuando los hombres y las mujeres disfruten de los mismos derechos sociales, producto de cambios profundos en los medios de producción y en las relaciones sociales. La suerte de la mujer sólo va a mejorar con la liquidación del sistema que la explota.

En todas las épocas, allí donde el patriarcado triunfaba, hubo un estrecho paralelismo entre la explotación de clase y el sometimiento de las mujeres. Con algunos momentos de mejoría, cuando algunas mujeres, sacerdotisas o guerreras, lograron sacudirse el yugo opresor. Pero la tendencia principal, tanto en la práctica cotidiana como en el plano intelectual, sobrevivió y se consolidó. Destronada de la propiedad privada, expulsada de sí misma, relegada a la categoría de nodriza y criada, desestimada por filósofos como Aristóteles, Pitágoras y otros, y por las religiones más extendidas, desvalorizada por los mitos, la mujer compartía la suerte del esclavo, que en la sociedad esclavista no era más que una bestia de carga con rostro humano.

No es de extrañar, entonces, que en su fase expansiva, el capitalismo, para el que los seres humanos son meras cifras, fuera el sistema económico que explotó a la mujer con más cinismo y refinamiento. Como esos fabricantes de la época que sólo empleaban a mujeres en sus telares mecánicos. Preferían a las mujeres casadas y entre ellas a las que tenían en casa varias bocas que alimentar, porque eran mucho más cuidadosas y dóciles que las solteras. Trabajaban hasta el agotamiento para dar a los suyos los medios de subsistencia indispensables.

Es así como las cualidades propias de la mujer se adulteran en su detrimento, y todos los elementos morales y delicados de su naturaleza se utilizan para esclavizarla. Su ternura, el amor a su familia, su la meticulosidad en el trabajo se utilizan contra ella, mientras que no se perdonan sus defectos.

A través de los tiempos y los tipos de sociedades, la mujer siempre ha tenido una triste suerte: la desigualdad, siempre ratificada, frente al hombre. Las manifestaciones de esta desigualdad han podido ser muy diversas, pero siempre ha existido.

En la sociedad esclavista, el hombre esclavo estaba considerado como un animal, un medio de producción de bienes y servicios. La mujer, cualquiera que fuera su rango, estaba oprimida dentro de su propia clase y fuera de ella, incluso las que pertenecían a las clases explotadoras.

En la sociedad feudal, basándose en la supuesta debilidad física o psíquica de las mujeres, los hombres las sometieron a una dependencia absoluta del hombre. A la mujer la mantenían, con pocas excepciones, apartada de los lugares de culto, por considerarla impura o principal agente de indiscreción.

En la sociedad capitalista, la mujer, que ya sufría una persecución en el orden moral y social, también está sometida económicamente. Mantenida por el hombre cuando no trabaja, sigue estándolo cuando se mata a trabajar. Nunca se insistirá bastante en la miseria de las mujeres, nunca se hará suficiente hincapié en su semejanza con la miseria de los proletarios.

Sobre la especificidad del hecho femenino

Porque la explotación asemeja a la mujer con el hombre.

Pero esta semejanza en la explotación social de los hombres y las mujeres, que vincula la suerte de ambos en la Historia, no debe hacernos perder de vista el hecho específico de la condición femenina. La condición de la mujer rebasa las entidades económicas y confiere un carácter singular a la opresión que sufre. Esta singularidad impide establecer equivalencias que nos llevarían a simplificaciones fáciles e infantiles. En la explotación, la mujer y el obrero están reducidos al silencio. Pero en el sistema capitalista, la mujer del obrero debe guardar silencio ante su marido obrero. En otras palabras, a la explotación de clase que tienen ambos en común viene a sumarse, para las mujeres, una relación singular con el hombre, una relación de enfrentamiento y agresión que se escuda en las diferencias físicas para imponerse.

Debemos admitir que la asimetría entre los sexos es lo que caracteriza a la sociedad humana, y que esta asimetría define una relación que nos impiden ver a la mujer, aun en el ámbito de la producción económica, como una simple trabajadora. Una relación preferente y peligrosa, merced a la cual la cuestión de la mujer siempre se plantea como un problema.

El hombre, por tanto, se escuda en la complejidad de esta relación para sembrar la confusión entre las mujeres y sacar partido de todas las artimañas de la explotación de clase para mantener su dominio sobre las mujeres. De un modo similar, en otras ocasiones, unos hombres dominaron a otros porque consiguieron imponer la idea de que en virtud de la estirpe, la cuna, el «derecho divino», unos hombres eran superiores a otros. Es el dominio feudal. Del mismo modo, en otras ocasiones, otros hombres consiguieron someter pueblos enteros porque el origen y la explicación del color de su piel les dieron una justificación supuestamente «científica» para dominar a quienes tenían la desgracia de ser de otro color. Es el dominio colonial. Es el apartheid.

No podemos pasar por alto esta situación de las mujeres, porque es la que lleva a las mejores de ellas a hablar de guerra de sexos, cuando se trata de una guerra de clanes y de clases en la que debemos pelear juntos y complementarnos. Pero hay que admitir que es la actitud de los hombres lo que propicia la alteración de los significados y con ello fomenta todos los excesos semánticos del feminismo, algunos de los cuales no han sido inútiles en el combate de hombres y mujeres contra la opresión. Un combate que podemos ganar, que vamos a ganar si recuperamos la complementariedad, si sabemos que somos necesarios y complementarios, si sabemos, en definitiva, que estamos condenados a la complementariedad.

Por ahora, hemos de reconocer que el comportamiento masculino, tan cargado de vanidad, irresponsabilidad, arrogancia y violencia de todo tipo para con la mujer, es incompatible con una acción coordinada contra la opresión de esta. Y qué decir de esas actitudes que denotan estupidez, pues no son más que desahogos de machos oprimidos que, con el trato brutal a su mujer, pretenden recuperar por su cuenta una humanidad que el sistema de explotación les niega.

La estupidez masculina se llama sexismo o machismo, formas de indigencia intelectual y moral, incluso de impotencia física más o menos declarada, que muchas veces hace que las mujeres políticamente conscientes consideren necesario luchar en dos frentes.

Para luchar y vencer, las mujeres deben identificarse con las clases sociales oprimidas: los obreros, los campesinos…

Un hombre, por oprimido que esté, siempre encuentra a alguien a quien oprimir: su mujer. Esa es la terrible realidad. Cuando hablamos del infame sistema del apartheid nuestro pensamiento y nuestra emoción se dirigen a los negros explotados y oprimidos. Pero nos olvidamos, lamentablemente, de la mujer negra que soporta a su hombre, ese hombre que, provisto de su passbook (salvoconducto), se permite unas correrías culpables antes de volver con la compañera que le espera dignamente, con su sufrimiento y su pobreza.

Pensemos también en la mujer blanca de África del Sur, aristócrata, seguramente rodeada de bienes materiales, pero por desgracia máquina de placer de esos hombres blancos lúbricos que para olvidar sus fechorías contra los negros se entregan a un desenfreno desordenado y perverso de relaciones sexuales bestiales.

Tampoco faltan ejemplos de hombres progresistas que viven alegremente en adulterio, pero serían capaces de matar a su mujer por una simple sospecha de infidelidad. ¡Entre nosotros abundan esta clase de hombres, que van a buscar un supuesto consuelo en brazos de prostitutas y cortesanas de todo tipo! Por no hablar de los maridos irresponsables, cuyos sueldos sirven para mantener queridas y engrosar sus deudas en el bar. Y qué decir de esos hombrecillos, también progresistas, que se congregan en un ambiente lascivo para hablar de mujeres de las que han abusado. Creen que así se miden con sus semejantes o que les humillan cuando andan detrás de las mujeres casadas.

En realidad solo son unos jovenzuelos lamentables de los que no valdría la pena hablar si no fuera porque su comportamiento delincuente pone en cuestión la virtud y la moral de mujeres de gran valor que habrían sido sumamente útiles a nuestra revolución.

Luego están todos esos militantes más o menos revolucionarios, mucho menos revolucionarios que más, que no permiten que sus mujeres militen o sólo se lo permiten de día, pero golpean a sus mujeres porque han salido a reuniones o manifestaciones nocturnas. ¡Ay de los desconfiados y celosos! ¡Qué pobreza de espíritu, qué compromiso tan limitado, tan condicionado! Porque vamos a ver: ¿una mujer despechada y decidida sólo puede engañar a su marido por la noche? ¿Y qué clase de compromiso es ese, que pretende que la militancia se suspenda al caer la noche y no recupere su valor y sus exigencias hasta que no sale el sol?

¿Y qué pensar, por último, de esas palabras sobre las mujeres oídas de labios de los militantes más revolucionarios? Palabras como «materialistas, aprovechadas, teatreras, mentirosas, chismosas, intrigantes, celosas, etc., etc…». Cosas que pueden ser verdad, ¡pero aplicadas a las mujeres y también a los hombres! ¿Qué puede esperarse de nuestra sociedad, si agobia metódicamente a las mujeres, las aparta de todo lo que se considera serio, determinante, de todo lo que esté por encima de las relaciones subalternas y mezquinas?

Cuando alguien está condenado, como las mujeres, a esperar a su amo y marido para darle de comer, y recibir de él autorización para hablar y vivir, sólo le quedan, para entretenerse y crearse una ilusión de utilidad o importancia, los chismes, el cotilleo, las discusiones, las trifulcas, las miradas de soslayo y envidiosas seguidas de maledicencias sobre la coquetería de las otras y su vida privada. Los varones que están en las mismas condiciones adoptan las mismas actitudes.

También decimos que las mujeres, ay, son negligentes. Por no decir cabezas de chorlito. Pero tengamos en cuenta que la mujer, agobiada o incluso atormentada por un esposo ligero, un marido infiel e irresponsable, un niño y sus problemas, abrumada por la administración de toda la familia, en estas condiciones tendrá una mirada extraviada, reflejo de la ausencia y la distracción de la mente. Para ella el olvido es un antídoto de la fatiga, una atenuación de los rigores de la existencia, una protección vital.

Pero también hay hombres negligentes, y mucho; unos por el alcohol y los estupefacientes, otros por varias formas de perversidad a las que se entregan a lo largo de su vida. Pero nadie dice que estos hombres sean negligentes. ¡Cuánta vanidad, cuántas vulgaridades!

Vulgaridades con que se complacen para justificar las imperfecciones del mundo masculino. Porque el mundo masculino, en una sociedad de explotación, necesita mujeres prostitutas. Estas mujeres, a las que se deshonra y sacrifica después de usarlas en el altar de la prosperidad de un sistema de mentiras y robos, son chivos expiatorios.

La prostitución es la quintaesencia de una sociedad donde la explotación es la norma. Simboliza el desprecio del hombre hacia la mujer. Hacia una mujer que no es otra que la figura dolorosa de la madre, la hermana o la esposa de otros hombres, y por tanto de cada uno de nosotros. Es, en definitiva, el desprecio inconsciente hacia nosotros mismos. Sólo hay prostitutas donde hay «prostituyentes» y proxenetas.

¿Quiénes van con las prostitutas?

Ante todo, los maridos que obligan a su mujer a ser casta y descargan en la prostituta su lascivia y sus instintos de violación. Así pueden tratar con respeto aparente a sus esposas y dar rienda suelta a su verdadera naturaleza cuando están con la chica llamada de vida alegre. Así, en el plano moral, la prostitución es simétrica del matrimonio. Los ritos, las costumbres, las religiones y las morales se adaptan a ella. Ya lo decían los padres de la Iglesia: «Para mantener la salubridad de los palacios hacen falta cloacas».

Luego están los clientes impenitentes e intemperantes que tienen miedo de asumir la responsabilidad de un hogar con todos sus problemas y huyen de las cargas morales y materiales de la paternidad. Entonces explotan la dirección discreta de una casa de tolerancia como el precioso filón de una relación sin consecuencias.

También está la cohorte de quienes censuran a las mujeres, al menos públicamente y en los lugares decentes. Ya sea por un despecho que no tienen el valor de confesar y les ha hecho perder la confianza en todas las mujeres y considerarlas un instrumentum diabolicum, ya sea por hipocresía, por haber proclamado de forma repetida y tajante un desprecio por el sexo femenino que procuran asumir ante una sociedad de la que han adoptado el respeto a la falsa virtud. Todos ellos frecuentan a escondidas los lupanares hasta que, a veces, se descubre su doblez.

Luego está esa debilidad del hombre que consiste en la búsqueda de situaciones poliándricas. Lejos de nosotros hacer juicios de valor sobre la poliandria, una forma de relación entre el hombre y la mujer que han preferido algunas civilizaciones. Pero en los casos que denunciamos, estamos pensando en los gigolós codiciosos y holgazanes mantenidos generosamente por señoras ricas.

En este mismo sistema, la prostitución, en el aspecto económico, puede igualar a la prostituta con la mujer casada «materialista». Entre la que vende su cuerpo prostituyéndolo y la que se vende en el matrimonio, la única diferencia consiste en el precio y la duración del contrato.

Al tolerar la existencia de la prostitución, rebajamos a todas nuestras mujeres al mismo rango: prostitutas o casadas. La única diferencia es que la mujer legítima, aunque está oprimida, disfruta como esposa de la honorabilidad que confiere el matrimonio. En cuanto a la prostituta, sólo le queda la valoración monetaria de su cuerpo, una valoración que fluctúa con los valores de las bolsas falocráticas.

¿Acaso no es un artículo que se valoriza o desvaloriza según el grado de marchitamiento de sus encantos? ¿No se rige por la ley de la oferta y la demanda? La prostitución es un compendio trágico y doloroso de todas las formas de esclavitud femenina. Por lo tanto, en cada prostituta debemos ver una mirada acusadora dirigida a toda la sociedad. Cada proxeneta, cada cliente de prostituta escarba en la herida purulenta y abierta que afea el mundo de los hombres y lo lleva a la perdición. Si combatimos la prostitución, si tendemos una mano amiga a la prostituta, salvamos a nuestras madres, hermanas y mujeres de esta lepra social. Nos salvamos a nosotros mismos. Salvamos al mundo.

La condición de la mujer en Burkina Faso

Si a juicio de la sociedad un niño que nace es un «don de Dios», el nacimiento de una niña se recibe, si no como una fatalidad, en el mejor de los casos como un regalo que servirá para producir alimentos y reproducir el género humano.

Al hombrecito se le enseña a querer y conseguir, a decir y ser servido, a desear y tomar, a decidir y mandar. A la futura mujer, la sociedad, como un solo hombre y nunca mejor dicho, le impone, le inculca unas normas inapelables. Unos corsés psíquicos llamados virtudes crean en ella un espíritu de enajenación personal, desarrollan en esa niña el afán de protección y la predisposición a las alianzas tutelares y a los tratos matrimoniales. ¡Qué fraude mental tan monstruoso!

Así, niña sin infancia, desde los tres años de edad tendrá que responder a su razón de ser: servir, ser útil. Mientras su hermano de cuatro, cinco o seis años juega hasta el cansancio o el aburrimiento, ella se incorpora, sin contemplaciones, al proceso de producción. Ya tiene un oficio: ayudante doméstica. Una ocupación, por supuesto, sin remuneración, pues ¿acaso no se dice que la mujer, en su casa, «no hace nada»? ¿No se escribe «labores domésticas» en sus documentos de identidad para indicar que no tienen empleo? ¿Que «no trabajan»?

Con la ayuda de los ritos y las obligaciones de sumisión, nuestras hermanas van creciendo, cada vez más dependientes, cada vez más dominadas, cada vez más explotadas y con menos tiempo libre.

Mientras que el hombre joven encuentra en su camino las ocasiones para desarrollarse y forjar su personalidad, la camisa de fuerza social aprieta aún más a la muchacha en cada etapa de su vida. Por haber nacido niña pagará un fuerte tributo durante toda su vida, hasta que el peso del trabajo y los efectos del abandono físico y mental la lleven al día del Gran Descanso. Factor de producción al lado de su madre, más patrona que mamá, nunca la veremos sentada sin hacer nada, nunca libre, olvidada con sus juguetes, como él, su hermano.

Adondequiera que miremos, de la Meseta Central al Nordeste, donde predominan las sociedades con un poder muy centralizado, al Oeste, donde viven las comunidades aldeanas con un poder sin centralizar, o al Suroeste, territorio de las colectividades llamadas segmentarias, la organización social tradicional tiene al menos una cosa en común: la subordinación de las mujeres. En este ámbito nuestros 8.000 pueblos, nuestras 600.000 concesiones y nuestro millón y pico de hogares tienen comportamientos idénticos o parecidos. En todas partes la condición de la cohesión social definida por los hombres es la sumisión de las mujeres y la subordinación de los segundones.

Nuestra sociedad, todavía demasiado primitivamente agraria, patriarcal y polígama, explota a la mujer por su fuerza de trabajo y de consumo, y por su función de reproducción biológica.

¿Cómo experimenta la mujer esta curiosa identidad doble: la de ser el nudo vital que ata a todos los miembros de la familia, que garantiza con su presencia y sus desvelos la unidad fundamental, y la de estar marginada, relegada? Es una condición híbrida donde las haya, en la que el ostracismo impuesto sólo tiene parangón con el estoicismo de la mujer. Para vivir en armonía con la sociedad de los hombres, para someterse a la imposición de los hombres, la mujer encierra en una ataraxia degradante, negativa, entregándose por completo.

Mujer fuente de vida, pero también mujer objeto. Madre pero criada servil. Mujer nodriza pero mujer excusa. Trabajadora en el campo y en casa, pero figura sin rostro y sin voz. Mujer bisagra, mujer confluencia, pero mujer encadenada, mujer sombra a la sombra del hombre.

Pilar del bienestar familiar, es partera, lavandera, barrendera, cocinera, recadera, matrona, cultivadora, curandera, hortelana, molendera, vendedora, obrera. Es una fuerza de trabajo con herramienta en desuso, que acumula cientos de miles de horas con rendimientos desesperantes.

En los cuatro frentes de combate contra la enfermedad, el hambre, la indigencia y la degeneración, nuestras hermanas soportan cada día la presión de unos cambios en los que no pueden influir. Cuando cada uno de nuestros 800.000 emigrantes varones se va, una mujer se carga con más trabajo. Los dos millones de burkinabés que viven fuera del territorio nacional han contribuido así a agravar el desequilibrio de la proporción de sexos, de modo que hoy en día las mujeres constituyen el 51,7% de la población total. De la población residente potencialmente activa, son el 52,1%.

La mujer, demasiado ocupada para atender como es debido a sus hijos, demasiado agotada para pensar por sí misma, sigue trajinando: rueda de fortuna, rueda de fricción, rueda motriz, rueda de repuesto, noria.

Las mujeres, nuestras mujeres y esposas, apaleadas y vejadas, pagan por haber dado la vida. Relegadas socialmente al tercer rango, después del hombre y el niño, pagan por mantener la vida. Aquí también se ha creado arbitrariamente un Tercer Mundo para dominar, para explotar.

Dominada y transferida de una tutela protectora explotadora a una tutela dominadora y más explotadora aún, primera en la tarea y última en el descanso, al lado de la lumbre pero última en apagar su sed, autorizada a comer sólo cuando queda algo; y, detrás del hombre, sostén de la familia que carga sobre sus hombros, en sus manos y con su vientre a esta familia y a la sociedad, la mujer recibe en pago una ideología natalista opresiva, tabúes y prohibiciones alimentarias, más trabajo, malnutrición, embarazos peligrosos, despersonalización y muchos otros males, por lo que la mortalidad maternal es una de las taras más intolerables, más inconfesables, más vergonzosas de nuestra sociedad.

Sobre este substrato alienante, la irrupción de unos seres rapaces llegados de lejos agrió aún más la soledad de las mujeres e hizo aún más precaria su condición.

La euforia de la independencia olvidó a las mujeres en el lecho de las esperanzas rotas. Segregada en las deliberaciones, ausente de las decisiones, vulnerable y por tanto víctima previsible, siguió soportando a la familia y la sociedad. El capital y la burocracia se pusieron de acuerdo para mantener a la mujer sometida. El imperialismo hizo lo demás.

Las mujeres, escolarizadas dos veces menos que los hombres, analfabetas en un 99%, con escasa formación profesional, discriminadas en el empleo, relegadas a funciones subalternas, las primeras en ser acosadas y despedidas, abrumadas por el peso de cien tradiciones y mil excusas, siguieron haciendo frente a los desafíos que se presentaban. Tenían que permanecer activas, a cualquier precio, por los hijos, por la familia y por la sociedad. A través de mil noches sin auroras.

El capitalismo necesitaba algodón, karité y ajonjolí para sus industrias, y fue la mujer, fueron nuestras madres quienes, además de lo que ya estaban haciendo, tuvieron que hacerse cargo de la recolección. En las ciudades, donde se suponía que estaba la civilización emancipadora de la mujer, ella se vio obligada a decorar los salones de los burgueses, a vender su cuerpo para vivir o a servir de señuelo comercial en las producciones publicitarias.

Sin duda las mujeres de la pequeña burguesía de las ciudades viven mejor que las mujeres de nuestros campos en el orden material. Pero ¿son más libres, más respetadas, están más emancipadas, tienen más responsabilidades? Más que una pregunta, se impone una afirmación. Sigue habiendo muchos problemas, ya sea en el empleo o en el acceso a la educación, en la consideración de la mujer en los textos legislativos o en la vida diaria. La mujer burkinabé sigue siendo la que llega detrás del hombre, y no a la vez que él.

Los regímenes políticos neocoloniales que se han sucedido en Burkina Faso han abordado el asunto de la emancipación de la mujer con el planteamiento burgués, que no es más que ilusión de libertad y dignidad. La política de moda sobre la «condición femenina», o más bien el feminismo primario que reclama para la mujer el derecho a ser masculina, sólo tuvo repercusión en las escasas mujeres de la pequeña burguesía urbana. La creación del ministerio de la Condición Femenina, dirigido por una mujer, se proclamó como una victoria.

Pero ¿existía una conciencia real de esa condición femenina? ¿Se tenía conciencia de que la condición femenina es la condición del 52% de la población burkinabé? ¿Se sabía que esta condición estaba determinada por estructuras sociales, políticas y económicas, y por las ideas retrógradas dominantes, y que por consiguiente la transformación de esta condición no era labor de un solo ministerio, aunque tuviera a una mujer al frente?

Tan es así que las mujeres de Burkina, después de varios años de existencia de este ministerio, comprobaron que su condición no había cambiado en absoluto. Y no podía ser de otro modo, porque el planteamiento de la emancipación de las mujeres que había desembocado en la creación de ese ministerio-coartada no quería ver ni poner en evidencia las verdaderas causas de la dominación y la explotación de la mujer. No es de extrañar, entonces, que pese a la existencia de ese ministerio, la prostitución aumentara, el acceso de las mujeres a la educación y el empleo no mejorara, los derechos civiles y políticos de las mujeres siguieran en el limbo y las condiciones de vida de las mujeres, tanto en la ciudad como en el campo, no hubieran mejorado.

¡Mujer florero, mujer coartada política en el gobierno, mujer sirena clientelista en las elecciones, mujer robot en la cocina, mujer frustrada por la resignación y las inhibiciones impuestas a pesar de su apertura mental! Sea cual sea su sitio en el espectro del dolor, sea cual sea su forma urbana o rural de sufrir, ella sigue sufriendo.

Pero bastó una noche para situar a la mujer en el centro del progreso familiar y de la solidaridad nacional.

La aurora siguiente del 4 de agosto de 1983, portadora de libertad, alumbró el camino para que todos juntos, iguales, solidarios y complementarios, marcháramos codo con codo, en un solo pueblo.

La revolución de agosto encontró a la mujer burkinabé en una situación de sumisión y explotación por una sociedad neocolonial muy influida por la ideología de las fuerzas retrógradas. Tenía que romper con la política reaccionaria, preconizada y aplicada hasta entonces también en el ámbito de la emancipación de la mujer, y definir claramente una política nueva, justa y revolucionaria.

Nuestra revolución y la emancipación de la mujer

El 2 de octubre de 1983 el Consejo Nacional de la Revolución expuso claramente en el Discurso de Orientación Política cuál era el eje principal del combate por la liberación de la mujer. Se comprometió a trabajar por la movilización, la organización y la unión de todas las fuerzas vivas de la nación y de la mujer en particular. El Discurso de Orientación Política precisaba, acerca de la mujer: «Se incorporará a todos los combates que entablemos contra los obstáculos de la sociedad neocolonial y por la construcción de una sociedad nueva. Se incorporará en todos los noveles de planificación, decisión y ejecución para la organización de la vida de toda la nación».

Esta empresa grandiosa se propone construir una sociedad libre y próspera donde la mujer sea igual al hombre en todos los ámbitos. No puede haber una forma más clara de concebir y enunciar la cuestión de la mujer y la lucha emancipadora que nos espera.

«La verdadera emancipación de la mujer es la que responsabiliza a la mujer, la incorpora a las actividades productivas, a las luchas del pueblo. La verdadera emancipación de la mujer es la que propicia la consideración y el respeto del hombre.»

Esto indica claramente, compañeras militantes, que la lucha por la liberación de la mujer es ante todo vuestra lucha por el fortalecimiento de la revolución democrática y popular. Una revolución que os da la palabra y el poder de decir y obrar para la edificación de una sociedad de justicia e igualdad, donde la mujer y el hombre tengan los mismos derechos y deberes. La revolución democrática y popular ha creado las condiciones para este combate libertador. Os corresponde a vosotras obrar con responsabilidad para, por un lado, romper las cadenas y trabas que esclavizan a la mujer en sociedades atrasadas como la nuestra, y por otro, asumir la parte de responsabilidad que os corresponde en la política de edificación de la sociedad nueva, en beneficio de África y de toda la humanidad.

En las primeras horas de la revolución democrática y popular ya lo decíamos: «la emancipación, como la libertad, no se concede, se conquista. Corresponde a las propias mujeres plantear sus demandas y movilizarse para hacerlas realidad». Nuestra revolución no sólo ha marcado una meta en la lucha por la emancipación de la mujer, sino que ha señalado el camino a seguir, los medios necesarios y los principales actores de este combate. Pronto hará cuatro años que trabajamos juntos, hombres y mujeres, para cosechar victorias y avanzar hacia el objetivo final.

Debemos ser conscientes de las batallas reñidas, los éxitos alcanzados, los fracasos sufridos y las dificultades encontradas para preparar y dirigir los combates futuros. ¿Qué es lo que ha hecho la revolución democrática y popular por la emancipación de la mujer?

¿Cuáles son los logros y los obstáculos?

Uno de los mayores aciertos de nuestra revolución en la lucha por la emancipación de la mujer ha sido, sin duda, la creación de la Unión de las Mujeres de Burkina (UFB por sus siglas en francés). La creación de esta organización es un gran acierto porque ha dado a las mujeres de nuestro país un marco y unos medios seguros para entablar el combate victoriosamente. La creación de la UFB es uan gran victoria, porque une a todas las mujeres militantes con objetivos concretos, justos, para el combate libertador dirigido por el Consejo Nacional de la Revolución. La UFB es la organización de las mujeres militantes y responsables, dispuestas a trabajar para transformar la realidad, a luchar para vencer, a caer y volver a levantarse cada vez para avanzar sin retroceder.

Ha surgido una conciencia nueva entre las mujeres de Borkina, y todos debemos estar orgullosos de ello. Compañeras militantes, la Unión de las Mujeres de Burkina es vuestra organización de combate. Tendréis que afilarla bien para que sus tajos sean más cortantes y os deparen cada vez más victorias. Las iniciativas que el gobierno ha tenido desde hace algo más de tres años para lograr la emancipación de la mujer son sin duda insuficientes, pero han permitido cubrir una etapa del camino, y nuestro país puede presentarse hoy en la vanguardia del combate libertador de la mujer. Nuestras mujeres participan cada vez más en las tomas de decisión, en el ejercicio efectivo del poder popular.

Las mujeres de Burkina están allí donde se construye el país, están en las obras: el Sourou (valle irrigado), la reforestación, la vacunación, las operaciones «Ciudades limpias», la batalla del tren, etc. Poco a poco, las mujeres de Burkina ocupan espacios y se imponen, haciendo retroceder las ideas falocráticas y retrógradas de los hombres. Y seguirán así hasta que la mujer de Burkina esté presente en todo el tejido social y profesional. Nuestra revolución, durante estos tres años y medio, ha trabajado por la eliminación progresiva de las prácticas que desvalorizan a la mujer, como la prostitución y otras lacras, como el vagabundeo y la delincuencia de las jóvenes, el matrimonio forzoso, la ablación y las condiciones de vida especialmente difíciles de la mujer.

La revolución procura resolver en todas partes el problema del agua, instala molinos en los pueblos, mejora las viviendas, crea guarderías populares, vacuna a diario, promueve una alimentación sana, abundante y variada, y con ello contribuye a mejorar las condiciones de vida de la mujer burkinabé.

Esta debe comprometerse más a aplicar las consignas antiimperialistas, a producir y consumir burkinabé, imponiéndose como un agente económico de primer orden, tanto productor como consumidor de productos locales.

La revolución de agosto, sin duda, ha avanzado mucho por la senda de la emancipación de la mujer, pero lo hecho hasta ahora es insuficiente. Nos queda mucho por hacer.

Para llevarlo a cabo debemos ser conscientes de las dificultades con que tropezamos. Los obstáculos y las dificultades son muchos. Ante todo el analfabetismo y el bajo nivel de conciencia política, agravados por la poderosa influencia de las fuerzas retrógradas en nuestras sociedades atrasadas.

Debemos trabajar con perseverancia para superar estos dos obstáculos principales. Porque mientras las mujeres no tengan conciencia clara de la justeza de nuestra lucha política y de los medios necesarios, corremos el riesgo de tropezar e incluso de retroceder.

Por eso la Unión de las Mujeres de Burkina tiene que cumplir plenamente su función. Las mujeres de la UFB tienen que trabajar para superar sus insuficiencias, para romper con las prácticas y el comportamiento que siempre se han considerado propios de mujeres y lamentablemente se sigue dando a diario en los comportamientos y los razonamientos de muchas mujeres. Son todas esas mezquindades como la envidia, el exhibicionismo, las críticas incesantes y gratuitas, negativas y sin fundamento, la difamación mutua, el subjetivismo a flor de piel, las rivalidades, etc. Una mujer revolucionaria debe vencer estos comportamientos, especialmente acentuados en la pequeña burguesía. Porque son perjudiciales para el trabajo en grupo, dado que el combate por la liberación de la mujer es un trabajo organizado que necesita la contribución del conjunto de las mujeres.

Juntos debemos trabajar por incorporar a la mujer al trabajo. A un trabajo emancipador y liberador que garantice a la mujer su independencia económica, un peso social mayor y un conocimiento más justo y completo del mundo.

Nuestra noción del poder económico de la mujer debe apartarse de la codicia vulgar y de la avidez materialista que convierten a algunas mujeres en bolsas de valores especuladoras, en cajas fuertes ambulantes. Son mujeres que pierden la dignidad, el control y los principios en cuanto oyen el tintineo de las joyas o el crujido de los billetes. Algunas de estas mujeres, lamentablemente, hacen que los hombres caigan en los excesos del endeudamiento o incluso de la corrupción. Estas mujeres son peligrosas arenas movedizas, fétidas, que apagan la llama revolucionaria de sus esposos o compañeros militantes. Se han dado tristes casos de ardores revolucionarios que se han apagado y el compromiso del marido se ha apartado de la causa del pueblo por tener una mujer egoísta y arisca, celosa y envidiosa.

La educación y la emancipación económica mal entendidas y enfocadas pueden ser motivo de desdicha para las mujeres y por tanto para la sociedad. Solicitadas como amantes, son abandonadas cuando llegan las dificultades. La opinión común sobre ellas es implacable: la intelectual está «fuera de lugar», y la que es muy rica resulta sospechosa. Todas están condenadas a un celibato que no sería grave si no fuera la expresión misma de un ostracismo generalizado de toda una sociedad contra unas personas, víctimas inocentes porque desconocen por completo cuál es su delito y su defecto, frustradas porque día a día su afectividad se transforma en hipocondría. A muchas mujeres el saber sólo les ha dado desengaños, y la fortuna ha producido muchos infortunios.

La solución de estas paradojas aparentes consiste en que las desdichadas cultas o ricas pongan al servicio de su pueblo su gran instrucción, sus grandes riquezas. Así se granjearán el aprecio y hasta la adulación de todas las personas a las que darán un poco de alegría. En estas condiciones ya no podrán sentirse solas. La plenitud sentimental se alcanza cuando se consigue que el amor a uno mismo y de uno mismo se convierta en el amor al otro y el amor de los otros.

Nuestras mujeres no deben retroceder ante las luchas multiformes que les permitirán asumirse plenamente, con valentía, y experimentar así la felicidad de ser ellas mismas, y no la domesticación de ellas por ellos.

Todavía hoy, para muchas de nuestras mujeres, la protección de un hombre es la mejor garantía contra el qué dirán opresor. Se casan sin amor y sin alegría de vivir con un patán, un insulso alejado de la vida y las luchas del pueblo. Es frecuente que las mujeres exijan una gran independencia y reclamen al mismo tiempo la protección, peor aún, estar bajo el protectorado colonial de un varón. Creen que no pueden vivir de otro modo.

¡No! Tenemos que decirles a nuestras hermanas que el matrimonio, si no aporta nada a la sociedad y no las hace felices, no es indispensable, e incluso se debe evitar. Al contrario, mostrémosles cada día el ejemplo de unas pioneras osadas e intrépidas que en su celibato, con o sin hijos, están de un humor excelente y prodigan riquezas y disponibilidad a los demás. Incluso despiertan la envidia de las casadas desdichadas, por las simpatías que se granjean, la felicidad que les depara su libertad, su dignidad y su disponibilidad.

Las mujeres han dado sobradas muestras de capacidad para mantener s su familia, criar a los niños, en una palabra, ser responsables sin necesidad de estar sometidas a la tutela de un hombre. La sociedad ha evolucionado lo suficiente para que se acabe la marginación injusta de la mujer sin marido. Revolucionarios, debemos lograr que el matrimonio sea una opción enriquecedora, y no esa lotería de la que se sabe lo que se gasta al principio, pero no lo que se va a ganar. Los sentimientos son demasiado nobles para jugar con ellos.

Otra dificultad, sin duda, es la actitud feudal, reaccionaria y pasiva de muchos hombres, que tienen un comportamiento retrógrado. No quieren que se cuestione el dominio absoluto sobre la mujer en el hogar o en la sociedad en general. En el combate por la edificación de la sociedad nueva, que es un combate revolucionario, estos hombres, con sus prácticas, se sitúan en el lado de la reacción y la contrarrevolución. Porque la revolución no puede tener éxito sin la emancipación verdadera de las mujeres.

Por eso, compañeras militantes, tenemos que ser muy conscientes de todas estas dificultades para afrontar los combates futuros.

La mujer, lo mismo que el hombre, tiene cualidades pero también defectos, lo que demuestra que la mujer es igual al hombre. Si destacamos deliberadamente las cualidades de la mujer, no es porque tengamos de ella una visión idealizada. Simplemente queremos poner de relieve sus cualidades y habilidades, que el hombre y la sociedad siempre han ocultado para justificar la explotación y el sometimiento de la mujer.

¿Cómo podemos organizarnos para acelerar la marcha hacia la emancipación?

Nuestros medios son irrisorios, pero nuestra ambición es grande. Nuestra voluntad y nuestra firme convicción de avanzar no bastan para alcanzar la meta. Debemos sumar fuerzas, todas nuestras fuerzas, coordinarlas para que la lucha tenga éxito. Desde hace más de dos décadas se habla mucho de emancipación en nuestro país, hay mucho debate al respecto. Hoy se trata de abordar el asunto de la emancipación de forma global, evitando las irresponsabilidades que impidieron reunir todas las fuerzas en la lucha y quitaron importancia a esta cuestión crucial, y evitando también las huidas hacia delante que dejarían atrás a aquellos y sobre todo aquellas que deben estar en primera línea.

(...)

Por eso, compañeras, os necesitamos para una verdadera liberación de todos nosotros. Sé que siempre hallaréis la fuerza y el tiempo necesarios para ayudarnos a salvar nuestra sociedad.

Compañeras, no habrá revolución social verdadera hasta que la mujer se libere. Que mis ojos no tengan que ver nunca una sociedad donde se mantiene en silencio a la mitad del pueblo. Oigo el estruendo de este silencio de las mujeres, presiento el fragor de su borrasca, siento la furia de su rebelión. Tengo esperanza en la irrupción fecunda de la revolución, a la que ellas aportarán la fuerza y la rigurosa justicia salidas de sus entrañas de oprimidas.

Compañeras, adelante por la conquista del futuro. El futuro es revolucionario. El futuro pertenece a los que luchan.

¡Patria o muerte, venceremos!

Fuente : http://www.rebelion.org/noticia.php?id=92885 y ThomasSankara.net