Thursday, August 19, 2010

La experiencia socialista en África (Parte 2)

Ujamaa, la experiencia tanzana

En un documento histórico, la Declaración de Arusha de 1967, el entonces partido de gobierno, Tanganyika African National Union, Unión Nacional Africana de Tanganica (más tarde llamado Chamna Cha Mapiduzi o CCM), declaró su política de trabajar hacia una Tanzania socialista y autosuficiente. Primero, es importante notar que las políticas fueron exitosas al desarrollar uno de los más innovadores sistemas de cuidado de salud de los países del sur. Segundo, inició un sistema de educación universal gratuito que incluía un programa para erradicar la analfabetización en adultos y el uso creativo de los medios para ayudar a fomentar el aprendizaje de la lectura y la salud. La provisión de la educación fue nacionalizada y expandida. Estos fueron grandes avances sociales que partieron del injusto sistema heredado del colonialismo primero alemán y posteriormente, británico.

Al igual que todos los países con orientación socialista, Tanzania se opuso activamente a la agresión colonialista e imperialista y apoyó en forma política y material a los movimientos de liberación nacional. Tanzania participó en el Movimiento de los No Alineados. Esas fueron manifestaciones positivas de las políticas Ujamaa.

Las industrias manufactureras propiedad de extranjeros, las grandes haciendas capitalistas, los bancos y compañías de seguros fueron nacionalizadas y el Estado estableció corporaciones para vigilar los programas de “desarrollo”, la importación y venta de bienes de consumo, etc. La importancia social de éstas será examinada más adelante. Sin embargo, la piedra angular de la nueva política era el plan de poner en marcha y acelerar un proceso de transformación rural, el cual fue diseñado para agrupar a los campesinos para la producción cooperativa. El presidente Julius Nyerere explicó que no se podía esperar que el desarrollo viniera de afuera, la propia gente debía iniciarlo. Las nuevas aldeas Ujamaa serían “voluntarias”, creadas y mantenidas por la gente misma, el pueblo mismo y con sus propios recursos, o sea, sin la inversión de recursos por parte del Estado.

Julius Nyerere (1922-1999), Presidente de Tanzania entre 1964 y 1985

El subsecuente documento de seguimiento a la Declaración Arusha fue el Mwongozo (1971) o Reglas de Liderazgo, las cuales prohibían que tanto los líderes políticos y como los funcionarios de Estado ganasen salarios adicionales. El Mwongozo enfatizaba el principio de la planificación por el mismo pueblo. Tal y como lo decía sucintamente, “no era correcto que los líderes y expertos usurparan el derecho del pueblo a decidir sobre un tema solamente porque ellos tienen la pericia”. Puesto que la producción agrícola era el sector principal de la economía nacional, se asumía que los cooperativistas campesinos debían producir para el mercado doméstico lo suficiente para alimentar a la creciente población urbana, proveer la materia prima para la industria manufacturera al igual que para la exportación. En la práctica, según el trabajo de Philip Raikes y Andrew Coulson, no hubo una estrategia concertada para una transformación económica sustentable. No hubo eslabones que unieran la producción agrícola y la industrialización.

Las implicaciones de una política agraria basada en la “tradición” fueron profundamente deterioradas porque históricamente las formas pre-capitalistas dependían en gran parte de intercambios comunales y recíprocos de trabajo en las tierras de familias individuales. La esencia de esto fue la producción de subsistencia y consumo. El énfasis en la producción de mercadería para intercambio era antiético a este arreglo. Siempre y cuando la producción de mercadería diera como resultado la diferenciación social de los campesinos, serían los campesinos ricos quienes se beneficiarían del intercambio de trabajo. Para evitarlo, la educación política y la movilización serían necesarias. Esto no sucedió. Demasiado énfasis en la producción socavó la política de la confianza en sí mismo y mezcló la relación entre el campesinado y el Estado.

La Ujamaa en las aldeas no era voluntaria, ni política, sino burocrática y obligatoria. La iniciativa de establecer las nuevas aldeas no surgió del campesinado sino de políticos y burócratas de Estado. Algunos observadores han señalado que la política reforzó la hegemonía de lo que Shivji, Mapolu y otros han llamado la burguesía burocrática estatal. En efecto, Lionel Cliffe argumenta: “el régimen tanzano montó una campaña que condujo a la sublevación de la mayoría de la población campesina pero que hizo mucho más para redefinir las relaciones burocrático-campesinas que para cambiar las relaciones de producción”.

En consecuencia, entre 1974 y 1977, la producción de los principales rubros de exportación tales como el algodón, las nueces de marañón, etc., declinó. En 1975, cooperativas productoras que habían estado en existencia antes de la independencia (en 1961) fueron abolidas. Actividades culturales como tocar el ngoma (tambores) que están asociadas con la siembra y la recolección, al igual que con la pesca, también fueron abolidas con el pretexto de que constituían un obstáculo a la producción. El campesinado resistió quemando los cultivos y recurriendo a la agricultura de subsistencia. Entre 1978 y 1981, la producción de comida campesina para el mercado doméstico declinó y hubo escasez de comida en las áreas urbanas. Mapolu ha argumentado de manera convincente que la crisis en la producción agrícola no fue causada por la sequía sino por las políticas socio-económicas del Estado. En la raíz de la crisis estaba la destitución del conocimiento campesino, de la cultura del pueblo, de la visión que tenía el pueblo de sí mismo como portador de la modernidad. El pueblo fue influenciado por la ideología de “modernización” elitista característica del orden colonial. El difunto A.M. Babu lo puso en estos términos:

"La estrategia de Tanzania de organizar al campesinado en aldeas Ujamaa es básicamente correcta. El proyecto, sin embargo, fue llevado a cabo con demasiada rapidez e informalidad lo que en ocasiones llevó al uso de la fuerza. Como resultado dicha estrategia tuvo éxito solamente en destruir la economía de las aldeas que había sido establecida con mucha anterioridad, en la cual la iniciativa individual era superior e instituyó una economía en gran parte colectiva cuando la mayoría de los campesinos no estaba lista para ello. El resultado predecible fue que el país perdió el beneficio de la forma antigua al destruir las fuerzas productivas de las aldeas cuando la nueva forma aún no estaba lista para reemplazarla, mucho menos para sobreseerla. Esta situación ha llevado a interrupciones en la producción y a que los campesinos se retiren hacia la agricultura de subsistencia."

He decidido insistir en las áreas rurales porque ellas constituyen la clave para la transformación exitosa de la economía y la sociedad. Sin embargo es preciso mencionar, así sea brevemente, el rol de la pequeña clase trabajadora. La relación entre trabajadores y burócratas de Estado y gerentes daba una impresión similar a la experiencia del campesinado. Sin embargo, contrario al campesinado, los miembros de la pequeña clase trabajadora confrontaban activamente a los propietarios y al Estado siempre que este último mostraba ser insensible a sus demandas. En las fábricas y en el sector turístico, esta clase trabajadora luchó contra los bajos salarios y las malas condiciones de trabajo, los injustificados privilegios materiales de los gerentes y contra las prácticas racistas. La clase trabajadora utilizó el documento Mwongozo del partido TANU como arma ideológica, tomó control de las fábricas y las manejó como cooperativas de trabajadores.

En algunos casos sus acciones fueron apoyadas por el Estado, pero en otros fueron suprimidas cruelmente. Así pues, mientras existía algún mecanismo que permitía a los trabajadores participar en el manejo de las fábricas y otras empresas, esto era muy combatido ya que muy a menudo el manejo de dichas empresas era manipulado por gerentes, burócratas de estado, políticos y hasta líderes sindicalistas. El estudio del caso tanzaniano muestra que mientras la democracia era solamente retórica y mientras el poder continuaba en manos de los burócratas y gerentes de empresa excluyendo a los trabajadores y al campesinado, el prospecto de la transformación socialista era realmente dudoso.

El período después de 1978 se caracterizó por una combinación de baja producción agrícola con una importación creciente de arroz y maíz, baja producción industrial y bajas exportaciones. El estado emprendió proyectos prestigiosos tales como la construcción de una nueva ciudad capital con un aeropuerto nuevo que hasta la fecha han permanecido como elefantes blancos. El Estado recurrió a préstamos externos mayores sin acompañarlos con crecimiento agrícola ni industrial. La subsecuente relación incómoda con el Fondo Monetario Internacional y otras instituciones imperialistas y la instalación de un régimen neoliberal terminó la experiencia Ujamaa.

Los líderes tanzanos, es decir, aquéllos que se encontraban en el poder al igual que la burguesía burocrática para utilizar el término de Shivji, nunca enfrentaron seriamente el problema de la construcción socialista en una economía predominantemente campesina. Sus prioridades estaban equivocadas.

El PP saca a la luz de nuevo su racismo antiandaluz

Vaya por delante que desde esta redacción de Kaos. Andalucía nos importa bien poco lo que esté ocurriendo con las luchas internas y externas que los partidos burgueses españolistas están manteniendo, en estas mismas fechas, con motivo de las candidaturas de cara a las elecciones municipales y autonómicas del próximo año en la ciudad y la comunidad de Madrid respectivamente.

Esperanza Aguirre, Presidenta de la Comunidad de Madrid, en su salsa

Nada de lo que allí ocurra, desde el punto de vista estrictamente político, nos interesa lo más mínimo, siendo como son luchas intestinas por el poder entre dos partidos que defienden una misma visión y un mismo modelo de estado, especialmente cuando de temas territoriales o económicos se trata.

Con más razón si cabe, queda totalmente fuera de nuestra intención salir en defensa de una figura tan controvertida como la de Trinidad Jiménez, la ministra de sanidad que recientemente gastó millones y millones de euros en la compra de unas supuestas vacunas, para la aún más supuesta epidemia de gripe A que nos anunciaron a bombo y platillo hace poco menos de un año, que han acabado en su mayor parte en el cubo de la basura, previo pago, eso sí, de las correspondientes facturas a las industrias farmaceúticas encargadas de la fabricación del producto.

Sin embargo, no podemos callarnos ante una nueva, y ya van muchas, salida de tono xenófoba de un político del PP para con la forma de hablar de los andaluces y las andaluzas.

Tras los ataques de Montserrat Nebrera a la ex ministra Magdalena Álvarez con motivo del acento andaluz de esta última, o los insultos de Vidal-Quadras a Blas Infante, y más episodios por el estilo, como cuando Ana Mato llamó analfabetos a los niños andaluces, el PP vuelve a darnos muestra de sus prejuicios xenófobos contra los andaluces, una vez más por motivo de nuestra forma de hablar, aunque esta vez aludiendo claramente a una visión del andaluz y la andaluza como ciudadano inferior en capacidades y aptitudes frente a los que hablan un perfecto castellano, es decir, frente a los de Despeñaperros para arriba.

Así, el portavoz adjunto del PP en la Asamblea de Madrid, Juan Soler, ha considerado que la aspirante a cabeza de lista del PSOE a la Presidencia de la Comunidad, Trinidad Jiménez, natural de Málaga, es una "candidata floja" para la región, ya que le falta "fondo y cuajo madrileño" y su acento "extraño" la hace "más apta para Dos Hermanas o Velez-Málaga".

"Si gana Trini las primarias (creo que ni soñando lo hará) es una candidata floja para Madrid. Su acento le hace más apta para Dos Hermanas o Velez-Málaga, suena extraña y sólo aparece por aquí para aspirar a un puesto. No da, se limita a desear. Le faltan fondo y cuajo madrileño", afirma el popular en el último post de su blog, titulado 'Trini, Colin Powell y yo mismo'.

Es decir, una vez más, el acento andaluz de una persona se usa como arma arrojadiza contra la misma, como argumento solapado a través del cual tratar de burlarse de su persona, así como de sus capacidades. Los andaluces y andaluzas estamos ya muy cansados de tener que soportar estas continuas alusiones xenófobas a nuestra forma de hablar, especialmente entre los miembros de este partido neofranquista que continuamente ataca a los andaluces y su símbolos, a su forma de hablar y, en definitiva, a la dignidad cultural de todo un pueblo.

No queremos ni imaginar lo que habrían dicho desde este mismo partido, si tales declaraciones se le hubiesen ocurrido a un político nacionalista catalán con referencia al actual President de la Generalitat, José Montilla, o, más aún, si alguna vez el PP de Catalunya decidiese presentar en aquellas tierras un candidato con acento andaluz, poco menos que estarían acusándolo de nazi por tales declaraciones.

Ahora, sin embargo, callarán y, como siempre hacen, se taparán unos a otros sus miserias. Tratarán de minimizar el hecho y saldrán con alguna disculpa de consumo interno para el electorado andaluz, pero la realidad es que, una y otra vez, este partido deja ver la inquina que siente hacia Andalucía y hacia los andaluces, una tierra que nunca los ha querido y nunca los querrá, de ahí su rabia.

Estaría bien, por otro lado, que el PP de Andalucía hubiese invitado a este sujeto a su reciente homenaje del "andalucismo constitucionalista" a Blas Infante, ese gran hombre que tanto hizo por dignificar la cultura y el modo de hablar de los andaluces, y que ahora, desde su tumba, a la cual lo mandaron los antepasados políticos de estos señores, se estará retorciendo al ver el uso partidista e interesado que este partido, manifiestamente antiandaluz, hace de su figura.

Esto no es más que un nuevo ejemplo de ello, uno más de los muchos que hemos tenido que soportar en Andalucía desde los tiempos de la UCD y Alianza Popular hasta la fecha. Y seguro que no será el último. La derecha españolista lleva el antiandalucismo en la sangre, no pueden evitarlo, ni quieren evitarlo. Es algo consustancial a su propia naturaleza.

Kaos. Andalucía

¡Hacia la Huelga General!

La experiencia socialista en África (Parte 1)

Actualmente no hay un solo país con orientación socialista en África. Los proyectos socialistas concluyeron en los ochenta. Este artículo examina dos casos: La versión “tradicional”, ejemplificada por el proyecto tanzano Ujamaa, y la prolongada lucha de liberación de Mozambique y Guinea-Bissau. Se argumenta que el fracaso se debió, mayormente, al abandono del campesinado, una clase social cuya fuerza numérica habría creado condiciones materiales para la transformación socialista. Otros factores son considerados: la ascensión y monopolización del poder por la pequeña burguesía, la influencia desestabilizadora de los regímenes racistas de Sudáfrica y Rhodesia, y los “ajustes estructurales” impuestos por Occidente.

Introducción

Amilcar Cabral y Agostinho Neto manifestaron las esperanzas de la población africana durante la lucha de liberación nacional anticolonialista y el período posterior a la independencia. Sus observaciones son más válidas hoy en día porque después de más de cuarenta años de independencia, aquellas aspiraciones no han sido satisfechas. La paradoja es que África, siendo un continente que cuenta con gran cantidad de recursos naturales, éstos no hayan sido utilizados para el mejoramiento de las vidas de sus pobladores, sino que son explotados por corporaciones multinacionales. África todavía permanece como una neo-colonia. Este problema histórico ha estado en el centro de varias formas de lucha social y en casi todas las políticas de Estado.

Desde los años cincuenta hasta principios de los noventa algunos estados africanos, así como ciertos partidos políticos, se consideraban a sí mismos “socialistas” o defensores de algún tipo de socialismo. Comenzando con Egipto en los años cincuenta, Ghana, Guinea-Conakry, Mali, Tanzania, la República Popular del Congo, Benin y Somalia en los años sesenta, Etiopia y Madagascar en los años setenta, y finalmente los países recientemente liberados de Guinea-Bissau, Angola, Mozambique, Cabo Verde y Zimbabwe en los años setenta y ochenta, todos proclamaron el socialismo como objeto de desarrollo e intentaron en diferentes escalas, obtener el control de sus recursos nacionales e iniciar programas económicos y sociales dirigidos a su población.

Amílcar Cabral, líder del PAIGC y luchador anticolonialista contra Portugal (1924-1973)

Pero desde finales de los años ochenta esto se acabó. Muchas figuras políticas que se habían destacado en la construcción socialista se convirtieron en hombres de negocios adinerados bajo el pretexto de que, como lo establece Mosse (2005), “Era urgente crear una burguesía nacional y esto se hizo con fondos públicos”. Según lo establecen Pitcher (2006) y Askew (2006), el proyecto socialista y las máscaras “socialistas” fueron lanzadas en lo que se ha llamado “olvido organizado” desde arriba. Jorge Rebelo, (25 de junio de 1995) socialista veterano, puntualizó: “No podemos evitar escandalizarnos por la distancia entre lo que era nuestro objetivo y lo que es la realidad actual”. El continente entero está hoy bajo el puño de un régimen neoliberal cuyos efectos devastadores en lahumanidad son ya bien conocidos.

El problema de la ruta no-capitalista al socialismo en África

Comenzando con el debate entre Marx, Engels y los Narodniks rusos en el siglo XIX y seguido por aquellos en el II Congreso de la Internacional Comunista en 1920, el debate subsecuente sobre la transición al socialismo es histórico y global. Históricamente se ha debatido sobre las maneras en las cuales las estructuras sociales capitalistas subdesarrolladas y pre-capitalistas pueden ser transformadas. El socialismo científico ha sido considerado como ideología de una clase social (el proletariado), que echa abajo al capitalismo para construir una sociedad socialista. Bajo el socialismo, los medios de producción son propiedad social y el trabajo es aplicado a satisfacer necesidades sociales. El bienestar social tiene prioridad sobre las ganancias económicas privadas. Todos los miembros de la sociedad no están excluidos de los medios de producción y la participación popular en la toma de decisiones es un factor integral de la democracia socialista. Mientras el marxismo clásico postula fuerzas productivas altamente desarrolladas como condición de lucha para construir el socialismo, el subdesarrollo de las fuerzas productivas de la burguesía y proletariado en África ha afirmado problemas analíticos que han impactado en la práctica.

La especificidad de las formaciones sociales africanas con su principal característica de ser una interacción compleja de modos de producción capitalistas y pre-capitalistas y su lugar en la división de trabajo capitalista internacional originó, para algunos analistas, problemas operacionales relacionados con la construcción las relaciones socialistas de producción. La falta de una clase trabajadora estable de buen tamaño originó dudas en cuanto al potencial revolucionario de fuerzas de clase distintas, especialmente del campesinado y la pequeña burguesía. Se argumenta que en ese contexto, los modelos de construcción socialistas que fueron obtenidos en otros lugares e incluso la noción de una sola clase vanguardista eran inapropiados. En consecuencia, esto informó sobre las diferentes aproximaciones hacia “la ruta o las rutas no-capitalistas al socialismo”. Una condición predominante fue “la revolución democrática nacional”, la cual había sido sugerida por Lenín en 1920 y que Clive Thomas ha considerado como:

"una transición, porque no existe la necesidad ni para el establecimiento de un capitalismo indígena a priori (antes que una sociedad socialista pueda ser construida), ni para que el capitalismo sea el resultado inevitable de desarrollos dentro de la “democracia nacional”.

Preguntas inherentes en la tesis de la ruta no-capitalista incluyen el contenido social y de clase del Estado democrático-nacional, la posición de la clase trabajadora naciente o embrionaria, además de otros elementos de clase, el significado de las “alianzas” revolucionarias y la relación entre los Estados en la ruta no-capitalista y el capitalismo mundial.

Históricamente, podemos identificar tres rutas al socialismo en África. Éstas fueron, primero, la ruta reformista-pacífica, la ruta militar radical que estaba asociada con golpes militares, y la tercera, que fue la lucha de liberación nacional prolongada. Aunque hubo características similares en las tres rutas, consideraremos la primera y la tercera como casos de estudio.

La transición pacífica fue asociada con la primera ola de independencia durante los años cincuenta y sesenta. Sus proponentes, tales como Julius Nyerere en Tanzania, Kwame Nkrumah en Ghana, Sekou Touré en Guinea-Conakry, Modibo Feita en Mali, entre otros, le dieron el nombre de “socialismo africano”. Ujamaa (que significa familia en kiswahili), era la versión tanzana no basada en “ideologías importadas”, sino en la tradición africana de la igualdad, según argumentaba Julius Nyerere (1969). Enfatizaba así:

"Nosotros, deliberadamente, hemos decidido crecer como sociedad desde nuestras propias raíces,  pero en una dirección particular y hacia un tipo de objetivo particular. Lo estamos haciendo enfatizando ciertas características de nuestra organización tradicional, extendiéndolas para que puedan abarcar las posibilidades de la tecnología moderna y que nos permitan satisfacer el reto de la vida en el mundo del siglo XX."

Esta interpretación del socialismo africano fue compartida por otros líderes, tales como Tom Mboya (1963) en Kenia, quien consideraba el socialismo científico como “una ideología extranjera que provoca gran violencia al concepto africano de la hermandad”. Para él, el socialismo africano era “una actitud de mente” y “aquellos códigos de conducta comprobados que, a través de los años, han conferido dignidad a nuestra gente y le han proporcionado seguridad en la vida”.

Los proponentes del “socialismo africano” buscaban legitimidad histórica del idílico pasado africano, el cual ellos caracterizaban como “sin clases”. El socialismo científico como expresión de lucha de clases se consideró “extranjero”. Para ellos, repetimos, el socialismo era una “actitud de mente”, una interpretación a la que Marx atacaba persuasivamente: “No es la conciencia del hombre la que determina su existencia sino su existencia social la que determina su conciencia”. Su concepción del pasado africano era esencialista y exenta de análisis históricos críticos de sociedades pre-coloniales y los cambios socioeconómicos resultantes del orden capitalista colonial. Las implicaciones de este enfoque en relación a los intentos de transformar sociedades africanas se examinará más adelante. Amílcar Cabral ofreció una crítica de los errores teóricos y operacionales de la escuela de socialismo africano y suplicó un riguroso enfoque histórico:

"La deficiencia ideológica, por no decir la falta de ideología, dentro de los movimientos de liberación nacional (debido básicamente a la ignorancia de la realidad histórica que estos movimientos aseguran transformar)constituye una de las más grandes debilidades."

Wednesday, August 18, 2010

Apoyamos la iniciativa internacional Democracy for Asturies

Desde Andalucía Proletaria queremos anunciar nuestro apoyo incondicional a la iniciativa internacional "Democracy for Asturies", un proyecto que reivindica una democracia plena en Asturies.

http://democracyforasturies.blogspot.com/

La televisión pública y su anticomunismo

Extraído del blog camarada "Pueblo Aragonés"

Desde hace poco tiempo, TVE, que presume de no tener publicidad comercial, viene ofreciendo tras los informativos de la tarde noche, unos reportajes que encuadra en el programa Informe Semanal, uno de los más antiguos del Ente.

El pasado lunes 16 de agosto, con la prolongación de la fiesta mariana del día 15 del mismo mes, en este Estado que se autoproclama aconfesional, se ha emitido en la Primera un reportaje de no larga duración referido a los exiliados españoles por causa del fascismo franquista, durante y después de la denominada Guerra Civil Española.

Lo cierto es que se han escuchado testimonios conmovedores de hombres, más que de mujeres, acerca de la situación de quienes estuvieron en los campos de Toulouse, de los que posteriormente participaron de manera decisiva en la liberación de Francia en la Segunda Guerra Mundial, de la buena acogida en México por parte del Gobierno de Lázaro Cárdenas y, de ahí el título de este artículo, el papel jugado por la Unión Soviética en medio de acontecimientos tan dramáticos como los que el documental abordaba.

Han hablado de unas 3.500 personas, en su mayoría niños, que se refugiaron en la URSS, nación de naciones a la que fueron a parar muchos familiares de cuadros del PCE, así como otros republicanos que no se desplazaron a América ni se quedaron en territorio francés.

El discurso empleado para tratar este episodio ha sido, como era de esperar, decepcionante para quien pensara todavía que la televisión pública es imparcial y objetiva en su forma y en su fondo.

Habrán suprimido los comerciales (como dicen en Latinoamérica) pero la línea "informativa" no difere ni un ápice de la propia de las emisoras con más peso en este puñetero país de pandereta.

La locutora dejaba caer que el Estado soviético atravesaba una dura etapa de luchas internas y de clima generalizado de "miedo, instaurado por Stalin". El guión del programa daba por sentado que lxs españoles/as que vivieron largo tiempo en la URSS no disfrutaron de las mismas libertades, justicia y bienestar que los que se exiliaron en tierra americana.

Que a nadie le extrañe que se hayan omitido datos como la Constitución soviética de 1936, las acometidas de los kulaks, la protección social reinante, y el antifascismo firme y contundente que decidió la victoria de Moscú sobre Berlín y sus aliados.

Para el pensamiento dominante de la España monárquica y capitalista, la educación y las garantías sociales de las que disfrutó toda esa gente en el seno del gigante socialista, el país más avanzado científica y tecnológicamente de su época, el que inspiró el estado del bienestar de la economía de mercado "con rostro humano", no existieron y "desdichados" fueron los que no se desenvolvieron en el "paraíso" de la explotación, en el bloque de la desigualdad con fachada libertaria.

El modelo, o más bien antimodelo, que se adentra en un callejón sin salida y sin retorno, lejos de autocriticarse, hunde sus colmillos en la garganta de la memoria histórica. Todo lo que huela a revolución y a transformaciones que no son sino necesarias e inaplazables, pone al sistema al borde del terror, y por ello sigue en pie de guerra con manipulaciones rechazadas de plano a medida que la sociedad resta crédito a aquellos que dicen preocuparse por nuestro nivel cultural.

No vivimos en democracia, sino en el franquismo reformado. Ser anticomunista es ser fascista. Y aumentos del gasto público en tauromaquia y en intervenciones militares en el extranjero no autorizan a nuestros gobernantes a constituirse en ejemplo moral para decirnos qué es o no es políticamente correcto.

Si no hay socialismo, no hay democracia. Y si no detectamos quién es el verdadero enemigo, si satanizamos a los héroes y santificamos a los falsos profetas, los pueblos seguirán soportando los rigores de un invierno progresivamente más gélido.

Porque ya lo dijo Bertolt Brecht: " El fascismo es el capitalismo sin máscara". RTVE demuestra sin reconocerlo abiertamente, cuánta razón tenía el rebelde dramaturgo germano.

Exijamos que no nos sigan mintiendo a lxs ciudadanxs.

A ver qué dice la Defensora del Espectador.

Rafael Pessini

Tuesday, August 17, 2010

Historiadores destacan el papel fundamental de la URSS en la derrota japonesa

Slobodan Lekic

The Oakland Tribune
14/08/10



Cuando los Estados Unidos tiraron las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945, más de millón y medio de soldados soviéticos lanzaron un ataque sorpresa contra el ejército japonés que ocupaba el este de Asia. A los pocos días, el ejército de un millón de homes del Emperador Hirohito cayó.

Fue un giro transcendental en el frente del Pacífico de la Segunda Guerra Mundial, eclipsado en los libros de Historia por las bombas atómicas que cayeron sobre Hiroshima y Nagasaki esa misma semana hace 65 años. En los últimos años, algunos historiadores sostienen que la acción soviética fue tan efectiva -o, posiblemente, más- que las bombas para poner fin a la guerra.

Ahora, un nuevo trabajo histórico de un profesor de la Universidad de California, Tsyuoshi Hasegawa, trata de reformar esta posición, alegando que el miedo a la invasión soviética llevó a los japoneses a optar por rendirse a los americanos, pensando que los tratarían con más generosidad que los soviéticos.

Las fuerzas japonesas en el noreste de Asia tuvieron su primer choque con los soviéticos en 1939, cuando el ejército japonés intentó invadir Mongolia. Su derrota en la Batalla de Khalkin Gol llevó a Tokio a firmar un pacto de neutralidad que mantuvo a la URSS al margen de la guerra en el Pacífico.

Tokio comenzó a prepararse para su confrontación con las fuerzas norteamericanas, inglesas y holandesas, provocando el ataque a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941.

Por aquel entonces, después de la rendición alemana del 8 de mayo de 1945 y sus derrotas en Filipinas, Okinawa e Iwo Jima, Japón miró hacia Moscú para mediar un final de la guerra del Pacífico.

Pero el líder soviético, Iosif Stalin, ya prometió a Washington y Londres que atacaría Japón tres meses después de la derrota de Alemania. Ya que luego, ignoró la súplica de Tokio y movilizó a más de un millón de soldados en la frontera de Manchuria.


La Operación Tormenta de Agosto comezó el 9 de agosto de 1945, cuando fue lanzada la bomba atómica sobre Nagasaki, y provocó la muerte de 84.000 soldados japoneses y 12.000 soviéticos durante dos semanas de combates. Los soviéticos terminaron a solo 50 kilómetros de la principal isla del norte de Japón, Hokkaido.


«La entrada soviética en la guerra tuvo un papel mucho mayor de lo que las bombas atómicas en la rendición japonesa, por hacer entender a Japón que no existía ninguna posibilidad de rematar la guerra a través de la mediación de Moscú», dice Tsuyoshi Hasegawa, autor del libro Racing the Enemy en el que se analiza el fin de la guerra del Pacífico basándose en archivos soviéticos recientemente desclasificados, así como documentación norteamericana y japonesa.

«El Emperador y el gobierno se apresuraron a poner fin a la guerra aguardando una mayor generosidad de los estadounidenses con Japón que de los soviéticos», afirmó Hasegawa en una entrevista.

A pesar de la cifra de muertos por los bombardeos atómicos -140.000 en Hiroshima u 80.000 en Nagasaki, el Mando Militar Imperial creía poder resistir una invasión aliada y mantener el control sobre Manchuria y Corea, que proporcionaban a Japón los recursos para la guerra, según Hasegawa y Terry Charman, un historiador de la Segunda Guerra Mundial del Museo de la Guerra de Londres.

«El ataque soviético cambió todo», afirma Charman. «Los dirigentes de Tokio se percataron de que ya no tenían ninguna esperanza y, en ese sentido, la Tormenta de Agosto tuvo un efecto mayor en la decisión japonesa de rendirse que el lanzamento de las bombas atómicas».


En los Estados Unidos, las bombas atómicas continúan siendo vistas como el último recurso contra un enimigo que parecía decidido a luchar hasta la muerte. El presidente Harry Truman y los líderes militares de los EEUU pensaban que una invasión a Japón costaría cientos de miles de vidas estadounidenses.


En este sentido, el historiador americano Richard Frank argumenta que, a pesar de lo terrible de las bombas atómicas, éstas salvaron de ir a morir a cientos de miles de soldados norteamericanos y a millones de japoneses, habiendo durado la guerra hasta 1946.

«En conocidas palabras del Secretario de Guerra Henry Stimson, (las bombas) fueron la “opción menos abominable” de una serie de terribles alternativas que barajaron los líderes estadounidenses», afirmó en una entrevista. «Las alternativas a las bombas atómicas no tenían garantías de acabar con la guerra y compartían un precio mucho mayor en muertes y sufrimiento humano».

Richard Frank, que está escribiendo la historia de la guerra del Pacífico en tres volúmenes, dijo estar en desacuerdo con Hasegawa al respecto de la importancia de la intervención soviética en la rendición japonesa.

Mas afirmó que estaban de acuerdo en que la última responsabilidad de lo sucedido fue del gobierno japonés y de Hirohito, que decidieron en junio llamar a filas a toda la población, hombres y mujeres, para luchar hasta la muerte.

«Por no estar previsto uniformar a estas personas, las tropas aliadas invasoras no podrían distinguir entre combatientes y no combatientes, convirtiendo cada villa japonesa en un objetivo militar», dijo Richard Frank.

El impacto del rápido avance soviético se dejó sentir en las palabras durante la guerra del Primer Ministro japonés, Kantaro Suzuki, instando a su gabinete a rendirse.

Palabras que aparecen en el libro de Hasegawa: «Si perdemos (la posibilidad) hoy, la Unión Soviética tomará no solo Manchuria, Corea y Sajalín, sino también Hokkaido. Debemos poner fin a la guerra mientras podamos tratar con los Estados Unidos».

El V-J Day (Victory in Japan Day, Día de la Victoria en Japón), el día que Japón dejó de luchar, fue el 15 de agosto (14 de agosto en los EEUU), y la rendición formal de Japón el 2 de septiembre.

Dominic Lieven, profesor de historia rusa en la London School of Economics, afirma que el sentimiento antisoviético en Occidente ayudó a minimizar los logros militares soviéticos.

Además, «muy pocos anglo-americanos vieron la ofensiva soviética en Oriente con sus propios ojos, y los archivos soviéticos no estaban abiertos a los historiadores occidentales».

Aun más sorprendente fue que incluso en Rusia la campaña fuera ampliamente ignorada. Aun a pesar de la magnitud de la victoria soviética, 12.000 muertos contra Japón poco pueden hacer contra los 27 millones de soviéticos que perecieron luchando a vida o muerte contra la Alemania nazi.

«La importancia de la operación fue enorme», afirma el general retirado Makhmut Gareyev, presidente de la Academia Rusa de Ciencias Militares, quien tomó parte en la campaña en 1945. «Entrando en guerra con el Japón militarista... la Unión Soviética precipitó el fin de la Segunda Guerra Mundial».

Extraído y traducido del blog camarada "Estoutras: Notas Políticas"