Thursday, February 04, 2010

Concentración en Granada de apoyo a la huelga general de la Sierra de Cádiz


Para el próximo martes, 9 de febrero, el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) ha convocado una Huelga General en una veintena de municipios de la provincia de Cádiz, en respuesta a la crítica situación socioeconómica que están sufriendo amplios sectores populares, ennegrecida aún más si cabe tras la reciente aprobación de retraso de la jubilación, y en demanda de medidas urgentes que garanticen los derechos básicos de la ciudadanía (empleo, vivienda, etc) frente al expolio de fondos públicos para enriquecer aún más a la banca, multinacionales y clases acomodadas.

Desde el resto de provincias andaluzas se van a celebrar diversos actos de apoyo, participación y difusión de esta jornada de lucha sindical, con la perspectiva de ir madurando la idea de una Huelga General Andaluza al margen de los dos sindicatos del régimen, CCOO y UGT, agradecidas y descaradas herramientas al servicio del poder establecido, que no han tardado en lanzar un comunicado conjunto atacando al SAT "por irresponsable".

Desde Granada, el SAT aprobó en su última asamblea de afiliados una campaña informativa a nivel provincial para los próximos días, consistente en la distribución de comunicados a los medios, reparto de panfletos, pegada de carteleria y celebración de una rueda de prensa para explicar los motivos de la convocatoria de huelga general comarcal y la urgente necesidad de una huelga general en Andalucía. La culminación de esta campaña será el próximo martes 9 a las 7 de la tarde, con una concentración legalizada frente al Gobierno Civil de Granada, en la Gran Vía, donde se hará entrega al Subdelegado del Gobierno (ex-comunista del PCE) de un escrito de denuncia por las persistentes y salvajes medidas anti-obreras del gobierno del PSOE: ampliación de la edad de jubilación, incremento del IVA, recorte presupuestario de 50.000 millones de euros del sector público (menos de la Casa Real, Iglesia, Ejército y cargos públicos), expolio y expulsión de sus viviendas a familias que no pueden pagar la hipoteca, etc.

En la corta historia del SAT-Granada quizás esta sea la movilización más ambiciosa que nos hemos propuesto, por lo que es de vital importancia la máxima difusión de los materiales y la participación por parte de todxs nuestrxs afiliadxs y simpatizantes.

Algo estaremos haciendo bien cuando desde el poder politico-económico, policial, judicial y mediático están acribillando al SAT: negación de subvenciones, ocultación y/o criminalización de noticias en los medios de comunicación, multas de cerca de medio millón de euros, procesos judiciales amañados (el día 11 un compañero de Jaén se enfrenta a una petición de 4 años de cárcel en base a falsas acusaciones), etc. Ese es el precio por practicar un sindicalismo honesto, independiente, coherente y orgulloso.

No obstante, si no mantenemos vivos ese espíritu y esa llama de dignidad estaremos definitivamente perdidos. Por todo ello, y por que son momentos realmente cruciales, tenemos que levantarnos de la mesacamílla y asumir el protagonismo que a cada unx nos corresponde. Por nosotrxs y, sobre todo, por las generaciones futuras.

Concentración: Martes, 9 de febrero, a las 7 de la tarde frente a la Subdelegación de Gobierno (Gran Vía).

¡Acude y participa!

¡Hoy en la Sierra de Cádiz, mañana en toda Andalucía: Huelga General!

Más información:

http://www.sindicatoandaluz.org/

http://satgranada.wordpress.com/2010/02 ... a-general/

Wednesday, February 03, 2010

Homenaje a las víctimas del crimen de la carretera Málaga - Almería

El próximo sábado 6 de febrero tendrá lugar a las 11:30 horas de la mañana un homenaje a las víctimas del genocidio que se llevó a cabo en 1937 contra la población civil malagueña que, tras la toma de la ciudad por las tropas fascistas franquistas y mussolinianas, huyeron por la carretera que comunica las ciudades de Málaga y Almería, siendo está última aún fiel al gobierno republicano español.

El homenaje tendrá lugar en el Peñón del Cuervo y será organizado por el Foro por la Memoria Histórica de Málaga.

Honran en Bielorrusia a un cubano caído en la Segunda Guerra Mundial

BIELORRUSIA, 22 de octubre de 2009.- El Presidente de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, recibiendo las cartas credenciales del embajador de Cuba en Minsk, Alfredo Nieves Portuondo.

MINSK, 2 de febrero (PL).— Bielorrusos y cubanos conmemoraron el 65 aniversario de la caída en combate del internacionalista cubano Enrique Vilar Figueredo, integrante del II Frente de Bielorrusia durante la Gran Guerra Patriótica, indicaron hoy fuentes diplomáticas.
Una ceremonia de colocación de ofrendas florales ante el Fuego Eterno del Soldado Desconocido tuvo lugar en la Plaza de la Victoria, situada en Minsk, la capital del país.

El homenaje estuvo presidido por el embajador cubano en Bielorrusia, Alfredo Nieves Portuondo, quien junto a integrantes de la misión cubana rindieron tributo al joven internacionalista, muerto el 30 de enero de 1945, a pocos días del triunfo sobre el fascismo.
Por otra parte, el Diario Militar de Bielorrusia, órgano oficial del Ministerio de Defensa, publicó un artículo sobre el internacionalista cubano titulado: Hacia el 65 aniversario de la Gran Victoria: Homenaje a Enrique.

La publicación resalta que al estallar la Segunda Guerra Mundial el joven cubano se encontraba en la entonces URSS y allí pidió alistarse voluntariamente en el Ejército Rojo.
Vilar alcanzó el grado de teniente y cayó heroicamente a 40 kilómetros de la frontera con Polonia, cuando dirigía un pelotón que tomaba por asalto una posición nazi.

El diario lo describe como un joven sencillo nacido en Manzanillo, en la cubana provincia de Oriente.
Los restos de Vilar reposan en el cementerio de Branevo, en Polonia. Fue condecorado post-mortem por el Soviet Supremo de la Unión Soviética con la Orden de la Guerra Patria y por el Consejo de Estado de la República de Cuba, con la Orden Ernesto Che Guevara de Primer Grado.

El homenaje continuará con un encuentro en el Museo Central de la Gran Guerra Patria de Minsk, donde cubanos y bielorrusos conocerán más de cerca los hechos históricos y hazañas de los 27 millones de soldados soviéticos e internacionalistas muertos en la citada contienda.

Telemedicina y teleformación en Corea

El pasado mes de noviembre, el Ministerio de Salud Pública y el Hospital Kim Man Yu de Pyongyang establecieron el sistema de telemedicina. Esta innovación ha requerido meses de esfuerzo tecnológico, interconectando a través de la intranet los hospitales provinciales con el hospital central Kim Man Yu.

De esta forma, cualquier hospital provincial o municipal puede consultar en cuestión de minutos datos, resultados de equipos de diagnóstico e imágenes con un equipo especial instalado en el Hospital Central, donde se cuentan con los medios más avanzados del país. De esta forma, se pueden conseguir segundas opiniones y diagnósticos precisos sin desplazar a los pacientes y es posible aplicar tratamientos complejos sin desplazarse de los hospitales provinciales.

Además, se ha establecido a través de videoconferencia un servicio de formación a distancia, impartido por catedráticos, médicos especialistas y profesionales de la salud, sin que profesores o alumnos abandonen sus puestos de trabajo.

El sistema de telemedicina lleva desde entonces funcionando a alto rendimiento y se están pensando posibilidades de extensión a más ámbitos. Precursor de este sistema fue la tele-formación en la enseñanza universitaria. Las clases se graban y se pueden seguir en directo desde cualquier punto del país. Al final de las clases, los profesores responden a preguntas de los alumnos por medios digitales. Las clases quedan almacenadas y se pueden consultar en cualquier momento. También se pueden plantear
preguntas por e-mail. En el primer año de funcionamiento, más de 120 clases fueron restrasmitidas a través de este sistema.

Desde luego es más provechoso acudir a la clase de forma presencial, ya que el centro está dotado de modernos sistemas de presentaciones, imagenes 3D, audio,... Pero la posibilidad de acceder a unos conocimientos avanzados, aún sin participar de forma presencial en la clase, es un gran avance.

También existen numerosos programas de aprendizaje a través de software, por medio de programas de pregunta y respuesta, de reconocimiento de voz para aprendizaje de idiomas y de formación individualizada (avanzando en función del conocimiento personal, saltando rápido aquello que ya se domina y con muchos recursos para mejorar allá donde se necesita un refuerzo).

Es muy significativo contrastar este uso que Corea da a los recursos online con la tendencia que se va imponiendo en Occidente, más ligada a la protección de datos, la persecución del libre intercambio de archivos y cultura y a cobrar por acceder a materiales y artículos científicos. Bajo el socialismo, no se le ponen barreras al conocimiento, sino que este se pone al servicio del pueblo.

Mientras tanto, el capitalismo tiende a la mercantilización y, en consecuencia, a la restricción. Desde luego, Corea no ha agotado las posibilidades que la red da a la formación. La exploración de este campo sólo está en sus primeros pasos y existen numerosos limitantes, como el bloqueo económico al que se ve sometido el país.

Juan Nogueira López

Tuesday, February 02, 2010

Editorial: 67 años de la victoria en Stalingrado


Un 2 de febrero de hace 67 años, en pleno ardor de la Segunda Guerra Mundial, se producía la victoria de las tropas soviéticas contra Hitler en la ciudad de Stalingrado, el final de una batalla que cambiaría el curso de la guerra e, incluso, de la historia.

Tras practicamente seis meses de duros combates, la ciudad estaba practicamente reducida a cenizas, convertida en un nido de francotiradores tanto soviéticos como alemanes. La zona cero, sin ninguna duda, en aquellas fechas de la guerra.

Pero en esa batalla dieron su vida millones de hombres, luchando por mantener el triunfo que les dió a los obreros de tan ilustre ciudad la revolución. Tras defenderla heroicamente los obreros, campesinos y soldados en fuerte camaradería de las garras del nacional-socialismo, la ciudad obtuvo el título de Heroína Inmaterial de la URSS.

Creo, sinceramente, que es de recibo no solo honrar la memoria de los caídos en la lucha antifascista y revolucionaria en Stalingrado, sino tener más presente hoy que nunca que debe perdurar aquel espíritu de lucha que poseían nuestros camaradas predecesores, y colaborar para que ese espíritu perdure no solo en nosotros, como comunistas marxistas-leninistas, sino en nuestros futuros camaradas y en las personas que nos rodean.

Sunday, January 31, 2010

El pueblo natal de Ceausescu, devorado por el capitalismo

El dia del aniversario del nacimiento de Ceausescu, el diario Evenimentul Zilei hizo un recorrido por Scornicesti, el pueblo donde hace 92 años nació el que fue Presidente de Rumanía desde 1965 hasta la navidad de 1989.

El aquel entonces pobre pueblo de Olt, se convirtió en ciudad durante el gran desarrollo económico del socialismo rumano, especialmente después de los años 70. Veinte años después de la muerte del que fue hijo de la localidad y lider del país, sus habitantes están lejos de aquel bienestar de entonces, y hoy una palabra define a sus habitantes: desempleo.

Un paseo de los periodistas del diario conservador y liberal que, sin embargo, tiene unos resultados paradójicos para un grupo mediático, Ringier, al que pertenece el periódico, que no ha cesado de vender durante veinte años los beneficios del capitalismo frente a los "desastres" y "crímenes" del comunismo.

Sin embargo, el título que ponen al artículo sobre su paseo es esclarecedor: "El pueblo de Ceausescu devorado por el capitalismo". Un título que serviría igualmente para definir un paseo por cualquier otra localidad de Rumanía.

"Antes de 1989 leíamos en Scanteia (diario oficial del PCR) que en EEUU había hombres que no tenían donde dormir, que estaban parados. Ninguno sabíamos que podia significar esto realmente. Ahora lo sabemos”, dice Ghoerghe Toma, que se quedó sin trabajo después de trabajar 30 años en la fábrica que se construyó en Scornicesti bajo la presidencia de Ceausescu.

Es curioso como hasta un diario como EVZ, representante del liberalismo más puro y defensor del capitalismo rumano a pesar de todos los desastres que ha provocado (eso si, no para los dueños del diario), y a pesar de sus intentos de desprestigiar al Conducator, al final no pueda más que reconocer y transmitir la sensación que tiene hoy la mayoría de los habitantes del país (recordemos las encuestas que hablaban de más del 60% de nostalgia del pasado socialista).

En Scornicesti, el día en que su hijo más importante cumpliría 92 años, ya nadie agita banderas rojas, ni canta himnos patrióticos. Todo está paralizado, de frío y de miseria. Sin embargo, se mira hacia atrás recordando los buenos tiempos. Aquellos tiempos en los que, como hemos leído en la esclarecedora declaración de uno de sus habitantes, se asombraban de que en EEUU hubiera gente sin casa y en paro. Hoy en Estados Unidos hay más parados sin casa que entonces, y tambien en Rumanía.

El Bulevar del Trabajo, que así se llama todavía, es el único lugar de la ciudad donde hay cierta vida, pero sin que sea exagerada. De tres hombres a los que se entrevista en la calle, dos están en paro, y uno tiene un pequeño negocio que marcha mal. Veinte años despues de la muerte de Nicolae Ceausescu, los tres, Gheorghe Toma, Florea Manzu y Emil Mirea, hablan pestes del sistema que les vendieron como un paraíso y echan de menos el bienestar pasado.

Los dos últimos han conocido bien el capitalismo sin escrúpulos. "Pulsor", la fábrica que producía antes de 1989 piezas para los automóviles "Dacia" o los vehículos agrícolas "Tractorul" (ambas marcas del estado), se cerró, y todos sus trabajadores se quedaron en el paro.

"Tengo 50 años y he trabajado 30, y ahora soy parado. Tengo 530 lei de subvención (100 euros al mes). No puedo sobrevivir con este dinero. Hay que pagar el gas, la electricidad, la comida... Es poco dinero” , dice Ghorghe Toma. Este señor tiene tres hijos: una chica que ha terminado la facultad y dos chicos con secundaria, y ninguno ha encontrado tampoco trabajo. "Suerte que mi mujer todavía trabaja como asistenta en el hospital. Gana poco más de 700 lei (menos de 200 euros)”

Una suerte relativa porque ¿qué familia puede sentirse afortunada ganando en total apenas 300 euros para alimentar a toda una familia en un país donde los precios son practicamente los de Occidente?

El parado de 50 años hace una crítica a la sociedad actual:

"Necesitamos otros veinte años para que desaparezca esta clase politica actual", dice, mientras confirma que antes de 1989 no se sabía qué era el paro, y es incomprensible para él que Rumanía haya llegado a esta situación, cuando durante el comunismo "eramos ricos".

Evidentemente, no hay que entender la autodescripción de "ricos" como lo entenderíamos nosotros en el Estados Español, es decir, con mucho dinero para nuestros gastos caprichosos y nuestros necesidades absurdas, sino, principalmente, como la satisfacción de todas las necesidades básicas.
Los personajes entrevistados también se preguntan ante los periodistas de EVZ que ha pasado con toda la riqueza rumana de antes de 1989.

"Nuestro país ha tenido de todo, de todo. ¿Dónde está?", se pregunta Gheorghe Toma.

Florea Mânzu, pequeño capitalista de Scornicesti, con un magacín alimentario en la escalera del bloque, encuentra otra explicación para lo que ha pasado.

"Un pueblo que mata a su presidente merece esta suerte. Al final, y después de 20 años, se demuestra que es así. Ceausescu debía cambiar, pero no ser asesinado", es el veredicto de este habitante de Scornicesti.

Recordándole que el 26 de enero había nacido Ceausescu, Manzu afirma afligido, "Un día triste" Y no es el único que piensa así. Ni en Scornicesti ni en general en el país. Algo que se está acentuando con esta caída de la máscara del capitalismo que es la crisis, que demuestra el engaño de que el capitalismo era el camino hacia el paraíso se conseguía a traves del nuevo sistema. Hoy todos han podido comprobar lo fraudulento de esta promesa.

El alcalde de la localidad también piensa que la muerte de Ceausescu y el fin del sistema fue algo que solo provocó desastres.

"Desde el principio he tenido esa impresión, que no debían matar a Ceausescu. Nosotros hemos sido hombres que no hemos tenido ninguna fe en el cambio. El único pueblo que ha matado a su presidente”, piensa Constantin Nedelea, alcalde de Scornicesti.

También nos habla de que el sistema democrático actual es una farsa, y de que da igual que ganara Basescu las últimas elecciones u otros. Incluso imagina que si no hubiera muerto Ceausescu hoy no tendrían que elegir entre los mentirosos que se presentan para gobernar.

Nedelea está convencido que los habitantes de Scornicesti estarían encantados de que Ceausescu volviera.

"Habría puestos de trabajo, este es el principal problema ahora”, dice el alcalde, explicando las cifras catastróficas de la localidad: antes de 1989 la ciudad era próspera y ahora se ha llegado a una cifra de un 9% de paro, de 3.500 puestos de trabajo en 2004 hoy son solo unos 1.000 y la cifra va en descenso, el 5% de la poblacion ha emigrado al Estado Español, a Italia o a otros países para sobrevivir. Un desastre.

Un desastre que se extiende por la mayoría de las ciudades y pueblos rumanos a 20 años de la revolución, vendida entonces como la solución de todos los males, cuando no fue nada más que la entrada en la miseria y la pobreza.

"En los últimos años se ha degradado todo. Si antes era una ciudad plena y dinámica, con la revolución se ha terminado. Después del año 2000 se ha destruido todo. Si antes de 1989 la agricultura funcionaba con quizás la más grande cooperativa agrícola del país, ahora ya no existe. Si antes de 1989 eran diez hectáreas de invernaderos, ahora solo un metro cuadrado. Si antes de la revolució n eran mataderos y granjas de cerdos, granjas de aves, ahora ya no queda nada”, continua, resignado, Nedelea, el alcalde.

Ahora quieren renunciar a su condición de ciudad, conseguida por el crecimiento de la época comunista, pero que ahora les supone más tasas, más impuestos, y recibir menos fondos europeos que los pueblos.

¿Sabe qué felices seriamos si pudiéramos pasar a ser un pueblo? ¡A las ciudades los fondos vienen más dificilmente, y los impuestos son enormes!", se queja Florea Manzu. Completa Gheorghe Toma: "Para nosotros un metro cúbico de agua cuesta 3,8 lei. ¿Sabe cuánto cuesta en Irak? Un dólar, es decir, 2,8 lei

Los altos precios en Rumanía son un problema grave para una población que gana cantidades ridículas. Lo cierto es que la corrupción y, directamente, el saqueo que ha enriquecido a las élites rumanas ha agrandado una brecha social que antes de 1989 existía, aunque era meramente simbólica, en comparación con las diferencias actuales entre salarios de 200 euros y fortunas de miles de millones.

Los periodistas también entrevistaron al nieto de Ceasescu, que se encarga de cuidar la casa donde nació su abuelo, y que ha construido allí un memorial en su honor. Segun el, Nicolae no venía mucho por su pueblo cuando estaban en el poder, pero ayudó mucho a que éste se convirtiera en una ciudad desarrollada.

"Venía muy poco por aquí, traía flores a sus padres al cementerio, luego iba a casa una hora y se iba. Era discreto con la familia. No hablaba mucho, comía en su casa familiar comida típica, en especial sarmale. Esto era todo. Hablábamos un poco por educación, nada especial”, recuerda Emil Barbulescu. Para él, Nicolae Ceausescu fue un hombre normal, nada espantoso ni monstruoso, como algunos le describen.

Muy al contrario, piensa que "Monstruosos son los políticos de hoy, que hacen promesas y no cumplen nada. Él en casa era un hombre convencional. En casa dejaba los problemas del país fuera”, aclara el nieto de Ceausescu (por cierto que los periodistas en su redacción se refieren a Ceausescu siempre como dictador, aunque no en las palabras de los entrevistados, ya que ninguno ninguno de ellos le trata como tal).

Emil Bărbulescu es el único de la familia que está todavía en Scornicesti y cuida la casa familiar en la cual nació su tío. El día de su cumpleaños, cuando se realizó el reportaje de EVZ, debía haberse colocado una estatua en honor a Ceausescu en su pueblo-ciudad natal, realizada gratuitamente por un escultor rumano residente en Francia. Al final, la fecha se retrasó por las malas condiciones meteorológicas en estas semanas, donde se están alcanzando en Rumanía temperaturas record.

En resumen, el paseo por Scornicesti podría haber sido un paseo por cualquier ciudad rumana. En mi caso, conozco bastante bien el caso de la ciudad transilvana de Medias, en la provincia de Sibiu, una ciudad con una historia rica y un desarrollo industrial impresionante durante el periodo socialista. Era la ciudad donde se desarrolló el centro de la extracción de gas metano, del que es gran productor Rumanía, se llenó de fábricas de productos electrónicos, de cristal, bicicletas, ropa, cerámica, fabricaba piezas para la industria pesada rumana, y así podríamos citar una larga lista de medios de producción en manos del pueblo, aparte de las ricas cooperativas agrícolas.

Hoy allí la mayoría de la población ha emigrado, las fábricas han cerrado casi al completo, las cooperativas no existen, la agricultura se ha hundido y la población sobrevive como puede en este paraíso prometido que resultó ser un infierno.

Un infierno desde el que cada vez más rumanos miran hacia el edén del que fueron expulsados.

http://www.evz.ro/articole/detalii-articol/884159/Scornicestiul-lui-Ceausescu-doborat-de-capitalism

(Artículo extraído del blog Un vallekano en Rumanía)

La liberación de la mujer: una exigencia del futuro. Discurso de Thomas Sankara (8-3-1987)

A continuación os ofrecemos un discurso pronunciado en marzo de 1987 por el líder revolucionario africano Thomas Sankara, pionero en África en la defensa de los derechos de la mujer y en los postulados feministas de la igualdad entre géneros y que convirtió a la casi colonial República del Alto Volta en la Burkina Faso, país del que fue presidente entre 1983 y 1987, hasta que fue ejecutado por el actual presidente Blaise Compaoré, en colaboración con los servicios secretos franceses.

No es corriente que un hombre se dirija a tantas mujeres a la vez. Tampoco lo es que un hombre sugiera a tantas mujeres a la vez las batallas que hay que lidiar.

La primera timidez del hombre surge cuando se percata de que está mirando a una mujer. Comprenderéis, compañeras militantes, que a pesar de la alegría y el placer que siento al dirigirme a vosotras, sigo siendo un hombre que ve en cada una de vosotras a la madre, la hermana o la esposa. También me gustaría que nuestras hermanas aquí presentes, que han venido de Kadiogo y no entienden la lengua francesa extranjera en la que voy a pronunciar mi discurso, sean tan comprensivas como de costumbre, ellas que, como nuestras madres, aceptaron llevarnos durante nueve meses sin quejarse. (Intervención en lengua nacional mooré para asegurar a las mujeres que habrá una traducción para ellas.)

Compañeras, la noche del 4 de agosto alumbró la obra más saludable para el pueblo burkinabé. Le dio a nuestro pueblo un nombre y a nuestro país un horizonte.

Irradiados por la savia vivificante de la libertad, los hombres burkinabé, humillados y proscritos de ayer, fueron marcados con el signo de lo que más se aprecia en la vida: la dignidad y el honor. A partir de entonces la felicidad ha estado a nuestro alcance y todos los días marchamos hacia ella, exaltados por las luchas, pioneras de los grandes pasos que ya hemos dado. Pero la felicidad egoísta no es más que una ilusión, y tenemos a una gran ausente: la mujer. Ha quedado excluida de esta procesión feliz.

Si unos hombres han llegado ya a la linde del gran jardín de la revolución, las mujeres todavía están confinadas en su oscuridad ninguneante, desde donde comentan animada o discretamente las vicisitudes que han agitado Burkina Faso y para ellas, de momento, sólo son clamores.

Las promesas de la revolución ya son realidades para los hombres. En cambio para las mujeres no son más que rumores. A pesar de que la verdad y el futuro de nuestra revolución depende de ellas: asuntos vitales, asuntos esenciales, porque en nuestro país no podrá hacerse nada completo, decisivo y duradero mientras esta importante parte de nosotros mismos se mantenga en ese estado de sumisión impuesto durante siglos por distintos sistemas de explotación. Los hombres y las mujeres de Burkina Faso, a partir de ahora, deben cambiar profundamente la imagen que tienen de sí mismos en el seno de una sociedad que, además de determinar nuevas relaciones sociales, provoca una profunda transformación cultural al replantear las relaciones de poder entre los hombres y las mujeres y obligarles a replantearse su propia naturaleza. Es una tarea temible pero necesaria, pues se trata de que nuestra revolución dé todo lo que pueda de sí, libere todas sus posibilidades y revele su auténtico significado en estas relaciones inmediatas, naturales, necesarias, entre el hombre y la mujer, que son las relaciones más naturales entre unos seres humanos y otros.

Vemos hasta qué punto el comportamiento natural del hombre se ha vuelto humano y su naturaleza humana se ha vuelto su naturaleza.

Este ser humano, vasto y complejo conglomerado de dolores y alegrías, de soledad en el abandono y, no obstante, cuna y creador de la inmensa humanidad, este ser de sufrimiento y humillación y, no obstante, fuente inagotable de felicidad para cada uno de nosotros; lugar incomparable de todos los afectos, acicate de los actos de valor más inesperados; este ser débil pero increíble fuerza inspiradora de los caminos que llevan al honor; este ser, verdad carnal y certeza espiritual, ¡este ser, mujeres, sois vosotras! Vosotras, arrulladoras y compañeras de nuestra vida, camaradas de nuestra lucha, y que por eso mismo, con toda justicia, debéis imponeros en pie de igualdad como comensales en los festines de las victorias revolucionarias.

Es esta la mentalidad con que todos, hombres y mujeres, debemos definir y afianzar el papel y el lugar de la mujer en la sociedad.

Se trata, pues, de devolverle al hombre su verdadera imagen haciendo que triunfe el reino de la libertad más allá de las diferencias naturales, gracias a la liquidación de todos los sistemas de hipocresía que consolidan la explotación cínica de la mujer.

En otras palabras, plantear la cuestión de la mujer en la sociedad burkinabé de hoy es esforzarse por abolir el sistema de esclavitud en el que se la ha mantenido durante milenios. Es, de entrada, esforzarse por comprender el funcionamiento de este sistema, conocer su verdadera naturaleza y todas sus sutilezas, para desatar las fuerzas capaces de lograr la emancipación total de la mujer.

Dicho de otro modo, para ganar una pelea que es común al hombre y la mujer, es preciso conocer todos los aspectos de la cuestión femenina, tanto a escala nacional como universal, y comprender en qué modo la lucha de la mujer burkinabé se suma hoy a la lucha universal de todas las mujeres, y más allá, a la lucha por la rehabilitación total de nuestro continente.

La condición de la mujer es, por consiguiente, el meollo de toda la cuestión humana, aquí, allá, en todas partes. Tiene un carácter universal.

La lucha de clases y la cuestión de la mujer

El materialismo dialéctico es el que ha arrojado sobre los problemas de la condición femenina la luz más fuerte, la que nos permite situar el problema de la explotación de la mujer en el seno de un sistema generalizado de explotación. Es también el que define la sociedad humana no ya como un hecho natural inmutable, sino como algo antinatural.

La humanidad no padece pasivamente el poder de la naturaleza. Sabe aprovecharlo. Este aprovechamiento no es una operación interior y subjetiva. Se efectúa objetivamente en la práctica, si se deja de considerar a la mujer como un simple organismo sexuado para tomar conciencia, más allá de los hechos biológicos, de su valor en la acción.

Además, la conciencia que la mujer adquiere de sí misma no está definida exclusivamente por su sexualidad. Refleja una situación que depende de la estructura económica de la sociedad, resultado de la evolución técnica y de las relaciones entre clases a las que ha llegado la humanidad.

La importancia del materialismo dialéctico radica en haber sobrepasado los límites esenciales de la biología, en haber soslayado las tesis simplistas del sometimiento a la especie, para situar todos los hechos en el contexto económico y social. Por muy lejos que nos remontemos en la historia humana, el dominio del hombre sobre la naturaleza nunca se ha realizado directamente, con su cuerpo desnudo. La mano, con su pulgar prensil, ya se tiende hacia el instrumento que multiplica su poder. De modo que no son las condiciones físicas, la musculatura, el parto, por ejemplo, lo que consagró la desigualdad social entre el hombre y la mujer. Tampoco la confirmó la evolución técnica como tal. En algunos casos, y en algunos lugares, la mujer pudo anular la diferencia física que la separa del hombre.

El paso de una forma de sociedad a otra es lo que institucionaliza esta desigualdad. Una desigualdad creada por la mente y por nuestra inteligencia para hacer posible la dominación y la explotación concretadas, representadas y experimentadas por las funciones y las atribuciones a las que hemos relegado a la mujer.

La maternidad, la obligación social de ajustarse a los cánones de lo que los hombres desean como elegancia, impiden que la mujer que lo desee se dote de una musculatura considerada masculina.

Según los paleontólogos, durante milenios, del paleolítico a la Edad del Bronce, las relaciones entre los sexos se caracterizaron por una complementariedad positiva. Estas relaciones permanecieron durante ocho milenios bajo el signo de la colaboración y la interferencia, y no de la exclusión propia del patriarcado absoluto, más o menos generalizado en la época histórica.

Engels tuvo en cuenta la evolución de las técnicas, pero también la esclavización histórica de la mujer, que nació con la propiedad privada, con el paso de un modo de producción a otro, de una organización social a otra.

Con el intenso trabajo necesario para roturar los bosques, cultivar la tierra y sacar el máximo provecho a la naturaleza, se produce una especialización de tareas. El egoísmo, la pereza, la comodidad, el esfuerzo mínimo para obtener un beneficio máximo surgen de las profundidades del hombre y se erigen en principios. La ternura protectora de la mujer hacia su familia y su clan son una trampa que la somete al dominio del macho. La inocencia y la generosidad son víctimas del disimulo y los cálculos egoístas. Se hace burla del amor, se mancilla la dignidad. Todos los sentimientos verdaderos se convierten en mercancía. A partir de entonces el sentido de la hospitalidad y de compartir que tienen las mujeres sucumbe a la artimañas de los astutos.

Aunque es consciente de las artimañas que están detrás del reparto desigual de tareas, ella, la mujer, sigue al hombre para cuidar de todo lo que ama. Él, el hombre, se aprovecha de esa entrega. Más adelante el germen de la explotación culpable establece unas reglas atroces que van más allá de las concesiones conscientes de la mujer, históricamente traicionada.

Con la propiedad privada la humanidad instaura la esclavitud. El hombre amo de sus esclavos y de la tierra pasa a ser propietario también de la mujer. Esta es la gran derrota histórica del sexo femenino. Se explica por los cambios profundos creados por la división del trabajo, debido a los nuevos modos de producción y a una revolución en los medios de producción.

Entonces el derecho paterno sustituye al derecho materno; la transmisión de la propiedad se hace de padres a hijos, y no ya de la mujer a su clan. Es la aparición de la familia patriarcal, basada en la propiedad personal y única del padre, convertido en cabeza de familia. En esta familia la mujer está oprimida. El hombre, amo y señor, da rienda suelta a sus caprichos sexuales, se aparea con las esclavas o las hetairas. Las mujeres son su botín y sus conquistas de mercado. Se aprovecha de su fuerza de trabajo y disfruta de la diversidad del placer que le deparan.

La mujer, por su parte, cuando los amos hacen que la reciprocidad sea posible, se venga con la infidelidad. Es así como el matrimonio conduce de forma natural al adulterio. Es la única defensa de la mujer contra su esclavitud doméstica. La opresión social es la expresión de la opresión económica.

En este ciclo de violencia, la desigualdad sólo acabará con el advenimiento de una sociedad nueva, es decir, cuando los hombres y las mujeres disfruten de los mismos derechos sociales, producto de cambios profundos en los medios de producción y en las relaciones sociales. La suerte de la mujer sólo va a mejorar con la liquidación del sistema que la explota.

En todas las épocas, allí donde el patriarcado triunfaba, hubo un estrecho paralelismo entre la explotación de clase y el sometimiento de las mujeres. Con algunos momentos de mejoría, cuando algunas mujeres, sacerdotisas o guerreras, lograron sacudirse el yugo opresor. Pero la tendencia principal, tanto en la práctica cotidiana como en el plano intelectual, sobrevivió y se consolidó. Destronada de la propiedad privada, expulsada de sí misma, relegada a la categoría de nodriza y criada, desestimada por filósofos como Aristóteles, Pitágoras y otros, y por las religiones más extendidas, desvalorizada por los mitos, la mujer compartía la suerte del esclavo, que en la sociedad esclavista no era más que una bestia de carga con rostro humano.

No es de extrañar, entonces, que en su fase expansiva, el capitalismo, para el que los seres humanos son meras cifras, fuera el sistema económico que explotó a la mujer con más cinismo y refinamiento. Como esos fabricantes de la época que sólo empleaban a mujeres en sus telares mecánicos. Preferían a las mujeres casadas y entre ellas a las que tenían en casa varias bocas que alimentar, porque eran mucho más cuidadosas y dóciles que las solteras. Trabajaban hasta el agotamiento para dar a los suyos los medios de subsistencia indispensables.

Es así como las cualidades propias de la mujer se adulteran en su detrimento, y todos los elementos morales y delicados de su naturaleza se utilizan para esclavizarla. Su ternura, el amor a su familia, su la meticulosidad en el trabajo se utilizan contra ella, mientras que no se perdonan sus defectos.

A través de los tiempos y los tipos de sociedades, la mujer siempre ha tenido una triste suerte: la desigualdad, siempre ratificada, frente al hombre. Las manifestaciones de esta desigualdad han podido ser muy diversas, pero siempre ha existido.

En la sociedad esclavista, el hombre esclavo estaba considerado como un animal, un medio de producción de bienes y servicios. La mujer, cualquiera que fuera su rango, estaba oprimida dentro de su propia clase y fuera de ella, incluso las que pertenecían a las clases explotadoras.

En la sociedad feudal, basándose en la supuesta debilidad física o psíquica de las mujeres, los hombres las sometieron a una dependencia absoluta del hombre. A la mujer la mantenían, con pocas excepciones, apartada de los lugares de culto, por considerarla impura o principal agente de indiscreción.

En la sociedad capitalista, la mujer, que ya sufría una persecución en el orden moral y social, también está sometida económicamente. Mantenida por el hombre cuando no trabaja, sigue estándolo cuando se mata a trabajar. Nunca se insistirá bastante en la miseria de las mujeres, nunca se hará suficiente hincapié en su semejanza con la miseria de los proletarios.

Sobre la especificidad del hecho femenino

Porque la explotación asemeja a la mujer con el hombre.

Pero esta semejanza en la explotación social de los hombres y las mujeres, que vincula la suerte de ambos en la Historia, no debe hacernos perder de vista el hecho específico de la condición femenina. La condición de la mujer rebasa las entidades económicas y confiere un carácter singular a la opresión que sufre. Esta singularidad impide establecer equivalencias que nos llevarían a simplificaciones fáciles e infantiles. En la explotación, la mujer y el obrero están reducidos al silencio. Pero en el sistema capitalista, la mujer del obrero debe guardar silencio ante su marido obrero. En otras palabras, a la explotación de clase que tienen ambos en común viene a sumarse, para las mujeres, una relación singular con el hombre, una relación de enfrentamiento y agresión que se escuda en las diferencias físicas para imponerse.

Debemos admitir que la asimetría entre los sexos es lo que caracteriza a la sociedad humana, y que esta asimetría define una relación que nos impiden ver a la mujer, aun en el ámbito de la producción económica, como una simple trabajadora. Una relación preferente y peligrosa, merced a la cual la cuestión de la mujer siempre se plantea como un problema.

El hombre, por tanto, se escuda en la complejidad de esta relación para sembrar la confusión entre las mujeres y sacar partido de todas las artimañas de la explotación de clase para mantener su dominio sobre las mujeres. De un modo similar, en otras ocasiones, unos hombres dominaron a otros porque consiguieron imponer la idea de que en virtud de la estirpe, la cuna, el «derecho divino», unos hombres eran superiores a otros. Es el dominio feudal. Del mismo modo, en otras ocasiones, otros hombres consiguieron someter pueblos enteros porque el origen y la explicación del color de su piel les dieron una justificación supuestamente «científica» para dominar a quienes tenían la desgracia de ser de otro color. Es el dominio colonial. Es el apartheid.

No podemos pasar por alto esta situación de las mujeres, porque es la que lleva a las mejores de ellas a hablar de guerra de sexos, cuando se trata de una guerra de clanes y de clases en la que debemos pelear juntos y complementarnos. Pero hay que admitir que es la actitud de los hombres lo que propicia la alteración de los significados y con ello fomenta todos los excesos semánticos del feminismo, algunos de los cuales no han sido inútiles en el combate de hombres y mujeres contra la opresión. Un combate que podemos ganar, que vamos a ganar si recuperamos la complementariedad, si sabemos que somos necesarios y complementarios, si sabemos, en definitiva, que estamos condenados a la complementariedad.

Por ahora, hemos de reconocer que el comportamiento masculino, tan cargado de vanidad, irresponsabilidad, arrogancia y violencia de todo tipo para con la mujer, es incompatible con una acción coordinada contra la opresión de esta. Y qué decir de esas actitudes que denotan estupidez, pues no son más que desahogos de machos oprimidos que, con el trato brutal a su mujer, pretenden recuperar por su cuenta una humanidad que el sistema de explotación les niega.

La estupidez masculina se llama sexismo o machismo, formas de indigencia intelectual y moral, incluso de impotencia física más o menos declarada, que muchas veces hace que las mujeres políticamente conscientes consideren necesario luchar en dos frentes.

Para luchar y vencer, las mujeres deben identificarse con las clases sociales oprimidas: los obreros, los campesinos…

Un hombre, por oprimido que esté, siempre encuentra a alguien a quien oprimir: su mujer. Esa es la terrible realidad. Cuando hablamos del infame sistema del apartheid nuestro pensamiento y nuestra emoción se dirigen a los negros explotados y oprimidos. Pero nos olvidamos, lamentablemente, de la mujer negra que soporta a su hombre, ese hombre que, provisto de su passbook (salvoconducto), se permite unas correrías culpables antes de volver con la compañera que le espera dignamente, con su sufrimiento y su pobreza.

Pensemos también en la mujer blanca de África del Sur, aristócrata, seguramente rodeada de bienes materiales, pero por desgracia máquina de placer de esos hombres blancos lúbricos que para olvidar sus fechorías contra los negros se entregan a un desenfreno desordenado y perverso de relaciones sexuales bestiales.

Tampoco faltan ejemplos de hombres progresistas que viven alegremente en adulterio, pero serían capaces de matar a su mujer por una simple sospecha de infidelidad. ¡Entre nosotros abundan esta clase de hombres, que van a buscar un supuesto consuelo en brazos de prostitutas y cortesanas de todo tipo! Por no hablar de los maridos irresponsables, cuyos sueldos sirven para mantener queridas y engrosar sus deudas en el bar. Y qué decir de esos hombrecillos, también progresistas, que se congregan en un ambiente lascivo para hablar de mujeres de las que han abusado. Creen que así se miden con sus semejantes o que les humillan cuando andan detrás de las mujeres casadas.

En realidad solo son unos jovenzuelos lamentables de los que no valdría la pena hablar si no fuera porque su comportamiento delincuente pone en cuestión la virtud y la moral de mujeres de gran valor que habrían sido sumamente útiles a nuestra revolución.

Luego están todos esos militantes más o menos revolucionarios, mucho menos revolucionarios que más, que no permiten que sus mujeres militen o sólo se lo permiten de día, pero golpean a sus mujeres porque han salido a reuniones o manifestaciones nocturnas. ¡Ay de los desconfiados y celosos! ¡Qué pobreza de espíritu, qué compromiso tan limitado, tan condicionado! Porque vamos a ver: ¿una mujer despechada y decidida sólo puede engañar a su marido por la noche? ¿Y qué clase de compromiso es ese, que pretende que la militancia se suspenda al caer la noche y no recupere su valor y sus exigencias hasta que no sale el sol?

¿Y qué pensar, por último, de esas palabras sobre las mujeres oídas de labios de los militantes más revolucionarios? Palabras como «materialistas, aprovechadas, teatreras, mentirosas, chismosas, intrigantes, celosas, etc., etc…». Cosas que pueden ser verdad, ¡pero aplicadas a las mujeres y también a los hombres! ¿Qué puede esperarse de nuestra sociedad, si agobia metódicamente a las mujeres, las aparta de todo lo que se considera serio, determinante, de todo lo que esté por encima de las relaciones subalternas y mezquinas?

Cuando alguien está condenado, como las mujeres, a esperar a su amo y marido para darle de comer, y recibir de él autorización para hablar y vivir, sólo le quedan, para entretenerse y crearse una ilusión de utilidad o importancia, los chismes, el cotilleo, las discusiones, las trifulcas, las miradas de soslayo y envidiosas seguidas de maledicencias sobre la coquetería de las otras y su vida privada. Los varones que están en las mismas condiciones adoptan las mismas actitudes.

También decimos que las mujeres, ay, son negligentes. Por no decir cabezas de chorlito. Pero tengamos en cuenta que la mujer, agobiada o incluso atormentada por un esposo ligero, un marido infiel e irresponsable, un niño y sus problemas, abrumada por la administración de toda la familia, en estas condiciones tendrá una mirada extraviada, reflejo de la ausencia y la distracción de la mente. Para ella el olvido es un antídoto de la fatiga, una atenuación de los rigores de la existencia, una protección vital.

Pero también hay hombres negligentes, y mucho; unos por el alcohol y los estupefacientes, otros por varias formas de perversidad a las que se entregan a lo largo de su vida. Pero nadie dice que estos hombres sean negligentes. ¡Cuánta vanidad, cuántas vulgaridades!

Vulgaridades con que se complacen para justificar las imperfecciones del mundo masculino. Porque el mundo masculino, en una sociedad de explotación, necesita mujeres prostitutas. Estas mujeres, a las que se deshonra y sacrifica después de usarlas en el altar de la prosperidad de un sistema de mentiras y robos, son chivos expiatorios.

La prostitución es la quintaesencia de una sociedad donde la explotación es la norma. Simboliza el desprecio del hombre hacia la mujer. Hacia una mujer que no es otra que la figura dolorosa de la madre, la hermana o la esposa de otros hombres, y por tanto de cada uno de nosotros. Es, en definitiva, el desprecio inconsciente hacia nosotros mismos. Sólo hay prostitutas donde hay «prostituyentes» y proxenetas.

¿Quiénes van con las prostitutas?

Ante todo, los maridos que obligan a su mujer a ser casta y descargan en la prostituta su lascivia y sus instintos de violación. Así pueden tratar con respeto aparente a sus esposas y dar rienda suelta a su verdadera naturaleza cuando están con la chica llamada de vida alegre. Así, en el plano moral, la prostitución es simétrica del matrimonio. Los ritos, las costumbres, las religiones y las morales se adaptan a ella. Ya lo decían los padres de la Iglesia: «Para mantener la salubridad de los palacios hacen falta cloacas».

Luego están los clientes impenitentes e intemperantes que tienen miedo de asumir la responsabilidad de un hogar con todos sus problemas y huyen de las cargas morales y materiales de la paternidad. Entonces explotan la dirección discreta de una casa de tolerancia como el precioso filón de una relación sin consecuencias.

También está la cohorte de quienes censuran a las mujeres, al menos públicamente y en los lugares decentes. Ya sea por un despecho que no tienen el valor de confesar y les ha hecho perder la confianza en todas las mujeres y considerarlas un instrumentum diabolicum, ya sea por hipocresía, por haber proclamado de forma repetida y tajante un desprecio por el sexo femenino que procuran asumir ante una sociedad de la que han adoptado el respeto a la falsa virtud. Todos ellos frecuentan a escondidas los lupanares hasta que, a veces, se descubre su doblez.

Luego está esa debilidad del hombre que consiste en la búsqueda de situaciones poliándricas. Lejos de nosotros hacer juicios de valor sobre la poliandria, una forma de relación entre el hombre y la mujer que han preferido algunas civilizaciones. Pero en los casos que denunciamos, estamos pensando en los gigolós codiciosos y holgazanes mantenidos generosamente por señoras ricas.

En este mismo sistema, la prostitución, en el aspecto económico, puede igualar a la prostituta con la mujer casada «materialista». Entre la que vende su cuerpo prostituyéndolo y la que se vende en el matrimonio, la única diferencia consiste en el precio y la duración del contrato.

Al tolerar la existencia de la prostitución, rebajamos a todas nuestras mujeres al mismo rango: prostitutas o casadas. La única diferencia es que la mujer legítima, aunque está oprimida, disfruta como esposa de la honorabilidad que confiere el matrimonio. En cuanto a la prostituta, sólo le queda la valoración monetaria de su cuerpo, una valoración que fluctúa con los valores de las bolsas falocráticas.

¿Acaso no es un artículo que se valoriza o desvaloriza según el grado de marchitamiento de sus encantos? ¿No se rige por la ley de la oferta y la demanda? La prostitución es un compendio trágico y doloroso de todas las formas de esclavitud femenina. Por lo tanto, en cada prostituta debemos ver una mirada acusadora dirigida a toda la sociedad. Cada proxeneta, cada cliente de prostituta escarba en la herida purulenta y abierta que afea el mundo de los hombres y lo lleva a la perdición. Si combatimos la prostitución, si tendemos una mano amiga a la prostituta, salvamos a nuestras madres, hermanas y mujeres de esta lepra social. Nos salvamos a nosotros mismos. Salvamos al mundo.

La condición de la mujer en Burkina Faso

Si a juicio de la sociedad un niño que nace es un «don de Dios», el nacimiento de una niña se recibe, si no como una fatalidad, en el mejor de los casos como un regalo que servirá para producir alimentos y reproducir el género humano.

Al hombrecito se le enseña a querer y conseguir, a decir y ser servido, a desear y tomar, a decidir y mandar. A la futura mujer, la sociedad, como un solo hombre y nunca mejor dicho, le impone, le inculca unas normas inapelables. Unos corsés psíquicos llamados virtudes crean en ella un espíritu de enajenación personal, desarrollan en esa niña el afán de protección y la predisposición a las alianzas tutelares y a los tratos matrimoniales. ¡Qué fraude mental tan monstruoso!

Así, niña sin infancia, desde los tres años de edad tendrá que responder a su razón de ser: servir, ser útil. Mientras su hermano de cuatro, cinco o seis años juega hasta el cansancio o el aburrimiento, ella se incorpora, sin contemplaciones, al proceso de producción. Ya tiene un oficio: ayudante doméstica. Una ocupación, por supuesto, sin remuneración, pues ¿acaso no se dice que la mujer, en su casa, «no hace nada»? ¿No se escribe «labores domésticas» en sus documentos de identidad para indicar que no tienen empleo? ¿Que «no trabajan»?

Con la ayuda de los ritos y las obligaciones de sumisión, nuestras hermanas van creciendo, cada vez más dependientes, cada vez más dominadas, cada vez más explotadas y con menos tiempo libre.

Mientras que el hombre joven encuentra en su camino las ocasiones para desarrollarse y forjar su personalidad, la camisa de fuerza social aprieta aún más a la muchacha en cada etapa de su vida. Por haber nacido niña pagará un fuerte tributo durante toda su vida, hasta que el peso del trabajo y los efectos del abandono físico y mental la lleven al día del Gran Descanso. Factor de producción al lado de su madre, más patrona que mamá, nunca la veremos sentada sin hacer nada, nunca libre, olvidada con sus juguetes, como él, su hermano.

Adondequiera que miremos, de la Meseta Central al Nordeste, donde predominan las sociedades con un poder muy centralizado, al Oeste, donde viven las comunidades aldeanas con un poder sin centralizar, o al Suroeste, territorio de las colectividades llamadas segmentarias, la organización social tradicional tiene al menos una cosa en común: la subordinación de las mujeres. En este ámbito nuestros 8.000 pueblos, nuestras 600.000 concesiones y nuestro millón y pico de hogares tienen comportamientos idénticos o parecidos. En todas partes la condición de la cohesión social definida por los hombres es la sumisión de las mujeres y la subordinación de los segundones.

Nuestra sociedad, todavía demasiado primitivamente agraria, patriarcal y polígama, explota a la mujer por su fuerza de trabajo y de consumo, y por su función de reproducción biológica.

¿Cómo experimenta la mujer esta curiosa identidad doble: la de ser el nudo vital que ata a todos los miembros de la familia, que garantiza con su presencia y sus desvelos la unidad fundamental, y la de estar marginada, relegada? Es una condición híbrida donde las haya, en la que el ostracismo impuesto sólo tiene parangón con el estoicismo de la mujer. Para vivir en armonía con la sociedad de los hombres, para someterse a la imposición de los hombres, la mujer encierra en una ataraxia degradante, negativa, entregándose por completo.

Mujer fuente de vida, pero también mujer objeto. Madre pero criada servil. Mujer nodriza pero mujer excusa. Trabajadora en el campo y en casa, pero figura sin rostro y sin voz. Mujer bisagra, mujer confluencia, pero mujer encadenada, mujer sombra a la sombra del hombre.

Pilar del bienestar familiar, es partera, lavandera, barrendera, cocinera, recadera, matrona, cultivadora, curandera, hortelana, molendera, vendedora, obrera. Es una fuerza de trabajo con herramienta en desuso, que acumula cientos de miles de horas con rendimientos desesperantes.

En los cuatro frentes de combate contra la enfermedad, el hambre, la indigencia y la degeneración, nuestras hermanas soportan cada día la presión de unos cambios en los que no pueden influir. Cuando cada uno de nuestros 800.000 emigrantes varones se va, una mujer se carga con más trabajo. Los dos millones de burkinabés que viven fuera del territorio nacional han contribuido así a agravar el desequilibrio de la proporción de sexos, de modo que hoy en día las mujeres constituyen el 51,7% de la población total. De la población residente potencialmente activa, son el 52,1%.

La mujer, demasiado ocupada para atender como es debido a sus hijos, demasiado agotada para pensar por sí misma, sigue trajinando: rueda de fortuna, rueda de fricción, rueda motriz, rueda de repuesto, noria.

Las mujeres, nuestras mujeres y esposas, apaleadas y vejadas, pagan por haber dado la vida. Relegadas socialmente al tercer rango, después del hombre y el niño, pagan por mantener la vida. Aquí también se ha creado arbitrariamente un Tercer Mundo para dominar, para explotar.

Dominada y transferida de una tutela protectora explotadora a una tutela dominadora y más explotadora aún, primera en la tarea y última en el descanso, al lado de la lumbre pero última en apagar su sed, autorizada a comer sólo cuando queda algo; y, detrás del hombre, sostén de la familia que carga sobre sus hombros, en sus manos y con su vientre a esta familia y a la sociedad, la mujer recibe en pago una ideología natalista opresiva, tabúes y prohibiciones alimentarias, más trabajo, malnutrición, embarazos peligrosos, despersonalización y muchos otros males, por lo que la mortalidad maternal es una de las taras más intolerables, más inconfesables, más vergonzosas de nuestra sociedad.

Sobre este substrato alienante, la irrupción de unos seres rapaces llegados de lejos agrió aún más la soledad de las mujeres e hizo aún más precaria su condición.

La euforia de la independencia olvidó a las mujeres en el lecho de las esperanzas rotas. Segregada en las deliberaciones, ausente de las decisiones, vulnerable y por tanto víctima previsible, siguió soportando a la familia y la sociedad. El capital y la burocracia se pusieron de acuerdo para mantener a la mujer sometida. El imperialismo hizo lo demás.

Las mujeres, escolarizadas dos veces menos que los hombres, analfabetas en un 99%, con escasa formación profesional, discriminadas en el empleo, relegadas a funciones subalternas, las primeras en ser acosadas y despedidas, abrumadas por el peso de cien tradiciones y mil excusas, siguieron haciendo frente a los desafíos que se presentaban. Tenían que permanecer activas, a cualquier precio, por los hijos, por la familia y por la sociedad. A través de mil noches sin auroras.

El capitalismo necesitaba algodón, karité y ajonjolí para sus industrias, y fue la mujer, fueron nuestras madres quienes, además de lo que ya estaban haciendo, tuvieron que hacerse cargo de la recolección. En las ciudades, donde se suponía que estaba la civilización emancipadora de la mujer, ella se vio obligada a decorar los salones de los burgueses, a vender su cuerpo para vivir o a servir de señuelo comercial en las producciones publicitarias.

Sin duda las mujeres de la pequeña burguesía de las ciudades viven mejor que las mujeres de nuestros campos en el orden material. Pero ¿son más libres, más respetadas, están más emancipadas, tienen más responsabilidades? Más que una pregunta, se impone una afirmación. Sigue habiendo muchos problemas, ya sea en el empleo o en el acceso a la educación, en la consideración de la mujer en los textos legislativos o en la vida diaria. La mujer burkinabé sigue siendo la que llega detrás del hombre, y no a la vez que él.

Los regímenes políticos neocoloniales que se han sucedido en Burkina Faso han abordado el asunto de la emancipación de la mujer con el planteamiento burgués, que no es más que ilusión de libertad y dignidad. La política de moda sobre la «condición femenina», o más bien el feminismo primario que reclama para la mujer el derecho a ser masculina, sólo tuvo repercusión en las escasas mujeres de la pequeña burguesía urbana. La creación del ministerio de la Condición Femenina, dirigido por una mujer, se proclamó como una victoria.

Pero ¿existía una conciencia real de esa condición femenina? ¿Se tenía conciencia de que la condición femenina es la condición del 52% de la población burkinabé? ¿Se sabía que esta condición estaba determinada por estructuras sociales, políticas y económicas, y por las ideas retrógradas dominantes, y que por consiguiente la transformación de esta condición no era labor de un solo ministerio, aunque tuviera a una mujer al frente?

Tan es así que las mujeres de Burkina, después de varios años de existencia de este ministerio, comprobaron que su condición no había cambiado en absoluto. Y no podía ser de otro modo, porque el planteamiento de la emancipación de las mujeres que había desembocado en la creación de ese ministerio-coartada no quería ver ni poner en evidencia las verdaderas causas de la dominación y la explotación de la mujer. No es de extrañar, entonces, que pese a la existencia de ese ministerio, la prostitución aumentara, el acceso de las mujeres a la educación y el empleo no mejorara, los derechos civiles y políticos de las mujeres siguieran en el limbo y las condiciones de vida de las mujeres, tanto en la ciudad como en el campo, no hubieran mejorado.

¡Mujer florero, mujer coartada política en el gobierno, mujer sirena clientelista en las elecciones, mujer robot en la cocina, mujer frustrada por la resignación y las inhibiciones impuestas a pesar de su apertura mental! Sea cual sea su sitio en el espectro del dolor, sea cual sea su forma urbana o rural de sufrir, ella sigue sufriendo.

Pero bastó una noche para situar a la mujer en el centro del progreso familiar y de la solidaridad nacional.

La aurora siguiente del 4 de agosto de 1983, portadora de libertad, alumbró el camino para que todos juntos, iguales, solidarios y complementarios, marcháramos codo con codo, en un solo pueblo.

La revolución de agosto encontró a la mujer burkinabé en una situación de sumisión y explotación por una sociedad neocolonial muy influida por la ideología de las fuerzas retrógradas. Tenía que romper con la política reaccionaria, preconizada y aplicada hasta entonces también en el ámbito de la emancipación de la mujer, y definir claramente una política nueva, justa y revolucionaria.

Nuestra revolución y la emancipación de la mujer

El 2 de octubre de 1983 el Consejo Nacional de la Revolución expuso claramente en el Discurso de Orientación Política cuál era el eje principal del combate por la liberación de la mujer. Se comprometió a trabajar por la movilización, la organización y la unión de todas las fuerzas vivas de la nación y de la mujer en particular. El Discurso de Orientación Política precisaba, acerca de la mujer: «Se incorporará a todos los combates que entablemos contra los obstáculos de la sociedad neocolonial y por la construcción de una sociedad nueva. Se incorporará en todos los noveles de planificación, decisión y ejecución para la organización de la vida de toda la nación».

Esta empresa grandiosa se propone construir una sociedad libre y próspera donde la mujer sea igual al hombre en todos los ámbitos. No puede haber una forma más clara de concebir y enunciar la cuestión de la mujer y la lucha emancipadora que nos espera.

«La verdadera emancipación de la mujer es la que responsabiliza a la mujer, la incorpora a las actividades productivas, a las luchas del pueblo. La verdadera emancipación de la mujer es la que propicia la consideración y el respeto del hombre.»

Esto indica claramente, compañeras militantes, que la lucha por la liberación de la mujer es ante todo vuestra lucha por el fortalecimiento de la revolución democrática y popular. Una revolución que os da la palabra y el poder de decir y obrar para la edificación de una sociedad de justicia e igualdad, donde la mujer y el hombre tengan los mismos derechos y deberes. La revolución democrática y popular ha creado las condiciones para este combate libertador. Os corresponde a vosotras obrar con responsabilidad para, por un lado, romper las cadenas y trabas que esclavizan a la mujer en sociedades atrasadas como la nuestra, y por otro, asumir la parte de responsabilidad que os corresponde en la política de edificación de la sociedad nueva, en beneficio de África y de toda la humanidad.

En las primeras horas de la revolución democrática y popular ya lo decíamos: «la emancipación, como la libertad, no se concede, se conquista. Corresponde a las propias mujeres plantear sus demandas y movilizarse para hacerlas realidad». Nuestra revolución no sólo ha marcado una meta en la lucha por la emancipación de la mujer, sino que ha señalado el camino a seguir, los medios necesarios y los principales actores de este combate. Pronto hará cuatro años que trabajamos juntos, hombres y mujeres, para cosechar victorias y avanzar hacia el objetivo final.

Debemos ser conscientes de las batallas reñidas, los éxitos alcanzados, los fracasos sufridos y las dificultades encontradas para preparar y dirigir los combates futuros. ¿Qué es lo que ha hecho la revolución democrática y popular por la emancipación de la mujer?

¿Cuáles son los logros y los obstáculos?

Uno de los mayores aciertos de nuestra revolución en la lucha por la emancipación de la mujer ha sido, sin duda, la creación de la Unión de las Mujeres de Burkina (UFB por sus siglas en francés). La creación de esta organización es un gran acierto porque ha dado a las mujeres de nuestro país un marco y unos medios seguros para entablar el combate victoriosamente. La creación de la UFB es uan gran victoria, porque une a todas las mujeres militantes con objetivos concretos, justos, para el combate libertador dirigido por el Consejo Nacional de la Revolución. La UFB es la organización de las mujeres militantes y responsables, dispuestas a trabajar para transformar la realidad, a luchar para vencer, a caer y volver a levantarse cada vez para avanzar sin retroceder.

Ha surgido una conciencia nueva entre las mujeres de Borkina, y todos debemos estar orgullosos de ello. Compañeras militantes, la Unión de las Mujeres de Burkina es vuestra organización de combate. Tendréis que afilarla bien para que sus tajos sean más cortantes y os deparen cada vez más victorias. Las iniciativas que el gobierno ha tenido desde hace algo más de tres años para lograr la emancipación de la mujer son sin duda insuficientes, pero han permitido cubrir una etapa del camino, y nuestro país puede presentarse hoy en la vanguardia del combate libertador de la mujer. Nuestras mujeres participan cada vez más en las tomas de decisión, en el ejercicio efectivo del poder popular.

Las mujeres de Burkina están allí donde se construye el país, están en las obras: el Sourou (valle irrigado), la reforestación, la vacunación, las operaciones «Ciudades limpias», la batalla del tren, etc. Poco a poco, las mujeres de Burkina ocupan espacios y se imponen, haciendo retroceder las ideas falocráticas y retrógradas de los hombres. Y seguirán así hasta que la mujer de Burkina esté presente en todo el tejido social y profesional. Nuestra revolución, durante estos tres años y medio, ha trabajado por la eliminación progresiva de las prácticas que desvalorizan a la mujer, como la prostitución y otras lacras, como el vagabundeo y la delincuencia de las jóvenes, el matrimonio forzoso, la ablación y las condiciones de vida especialmente difíciles de la mujer.

La revolución procura resolver en todas partes el problema del agua, instala molinos en los pueblos, mejora las viviendas, crea guarderías populares, vacuna a diario, promueve una alimentación sana, abundante y variada, y con ello contribuye a mejorar las condiciones de vida de la mujer burkinabé.

Esta debe comprometerse más a aplicar las consignas antiimperialistas, a producir y consumir burkinabé, imponiéndose como un agente económico de primer orden, tanto productor como consumidor de productos locales.

La revolución de agosto, sin duda, ha avanzado mucho por la senda de la emancipación de la mujer, pero lo hecho hasta ahora es insuficiente. Nos queda mucho por hacer.

Para llevarlo a cabo debemos ser conscientes de las dificultades con que tropezamos. Los obstáculos y las dificultades son muchos. Ante todo el analfabetismo y el bajo nivel de conciencia política, agravados por la poderosa influencia de las fuerzas retrógradas en nuestras sociedades atrasadas.

Debemos trabajar con perseverancia para superar estos dos obstáculos principales. Porque mientras las mujeres no tengan conciencia clara de la justeza de nuestra lucha política y de los medios necesarios, corremos el riesgo de tropezar e incluso de retroceder.

Por eso la Unión de las Mujeres de Burkina tiene que cumplir plenamente su función. Las mujeres de la UFB tienen que trabajar para superar sus insuficiencias, para romper con las prácticas y el comportamiento que siempre se han considerado propios de mujeres y lamentablemente se sigue dando a diario en los comportamientos y los razonamientos de muchas mujeres. Son todas esas mezquindades como la envidia, el exhibicionismo, las críticas incesantes y gratuitas, negativas y sin fundamento, la difamación mutua, el subjetivismo a flor de piel, las rivalidades, etc. Una mujer revolucionaria debe vencer estos comportamientos, especialmente acentuados en la pequeña burguesía. Porque son perjudiciales para el trabajo en grupo, dado que el combate por la liberación de la mujer es un trabajo organizado que necesita la contribución del conjunto de las mujeres.

Juntos debemos trabajar por incorporar a la mujer al trabajo. A un trabajo emancipador y liberador que garantice a la mujer su independencia económica, un peso social mayor y un conocimiento más justo y completo del mundo.

Nuestra noción del poder económico de la mujer debe apartarse de la codicia vulgar y de la avidez materialista que convierten a algunas mujeres en bolsas de valores especuladoras, en cajas fuertes ambulantes. Son mujeres que pierden la dignidad, el control y los principios en cuanto oyen el tintineo de las joyas o el crujido de los billetes. Algunas de estas mujeres, lamentablemente, hacen que los hombres caigan en los excesos del endeudamiento o incluso de la corrupción. Estas mujeres son peligrosas arenas movedizas, fétidas, que apagan la llama revolucionaria de sus esposos o compañeros militantes. Se han dado tristes casos de ardores revolucionarios que se han apagado y el compromiso del marido se ha apartado de la causa del pueblo por tener una mujer egoísta y arisca, celosa y envidiosa.

La educación y la emancipación económica mal entendidas y enfocadas pueden ser motivo de desdicha para las mujeres y por tanto para la sociedad. Solicitadas como amantes, son abandonadas cuando llegan las dificultades. La opinión común sobre ellas es implacable: la intelectual está «fuera de lugar», y la que es muy rica resulta sospechosa. Todas están condenadas a un celibato que no sería grave si no fuera la expresión misma de un ostracismo generalizado de toda una sociedad contra unas personas, víctimas inocentes porque desconocen por completo cuál es su delito y su defecto, frustradas porque día a día su afectividad se transforma en hipocondría. A muchas mujeres el saber sólo les ha dado desengaños, y la fortuna ha producido muchos infortunios.

La solución de estas paradojas aparentes consiste en que las desdichadas cultas o ricas pongan al servicio de su pueblo su gran instrucción, sus grandes riquezas. Así se granjearán el aprecio y hasta la adulación de todas las personas a las que darán un poco de alegría. En estas condiciones ya no podrán sentirse solas. La plenitud sentimental se alcanza cuando se consigue que el amor a uno mismo y de uno mismo se convierta en el amor al otro y el amor de los otros.

Nuestras mujeres no deben retroceder ante las luchas multiformes que les permitirán asumirse plenamente, con valentía, y experimentar así la felicidad de ser ellas mismas, y no la domesticación de ellas por ellos.

Todavía hoy, para muchas de nuestras mujeres, la protección de un hombre es la mejor garantía contra el qué dirán opresor. Se casan sin amor y sin alegría de vivir con un patán, un insulso alejado de la vida y las luchas del pueblo. Es frecuente que las mujeres exijan una gran independencia y reclamen al mismo tiempo la protección, peor aún, estar bajo el protectorado colonial de un varón. Creen que no pueden vivir de otro modo.

¡No! Tenemos que decirles a nuestras hermanas que el matrimonio, si no aporta nada a la sociedad y no las hace felices, no es indispensable, e incluso se debe evitar. Al contrario, mostrémosles cada día el ejemplo de unas pioneras osadas e intrépidas que en su celibato, con o sin hijos, están de un humor excelente y prodigan riquezas y disponibilidad a los demás. Incluso despiertan la envidia de las casadas desdichadas, por las simpatías que se granjean, la felicidad que les depara su libertad, su dignidad y su disponibilidad.

Las mujeres han dado sobradas muestras de capacidad para mantener s su familia, criar a los niños, en una palabra, ser responsables sin necesidad de estar sometidas a la tutela de un hombre. La sociedad ha evolucionado lo suficiente para que se acabe la marginación injusta de la mujer sin marido. Revolucionarios, debemos lograr que el matrimonio sea una opción enriquecedora, y no esa lotería de la que se sabe lo que se gasta al principio, pero no lo que se va a ganar. Los sentimientos son demasiado nobles para jugar con ellos.

Otra dificultad, sin duda, es la actitud feudal, reaccionaria y pasiva de muchos hombres, que tienen un comportamiento retrógrado. No quieren que se cuestione el dominio absoluto sobre la mujer en el hogar o en la sociedad en general. En el combate por la edificación de la sociedad nueva, que es un combate revolucionario, estos hombres, con sus prácticas, se sitúan en el lado de la reacción y la contrarrevolución. Porque la revolución no puede tener éxito sin la emancipación verdadera de las mujeres.

Por eso, compañeras militantes, tenemos que ser muy conscientes de todas estas dificultades para afrontar los combates futuros.

La mujer, lo mismo que el hombre, tiene cualidades pero también defectos, lo que demuestra que la mujer es igual al hombre. Si destacamos deliberadamente las cualidades de la mujer, no es porque tengamos de ella una visión idealizada. Simplemente queremos poner de relieve sus cualidades y habilidades, que el hombre y la sociedad siempre han ocultado para justificar la explotación y el sometimiento de la mujer.

¿Cómo podemos organizarnos para acelerar la marcha hacia la emancipación?

Nuestros medios son irrisorios, pero nuestra ambición es grande. Nuestra voluntad y nuestra firme convicción de avanzar no bastan para alcanzar la meta. Debemos sumar fuerzas, todas nuestras fuerzas, coordinarlas para que la lucha tenga éxito. Desde hace más de dos décadas se habla mucho de emancipación en nuestro país, hay mucho debate al respecto. Hoy se trata de abordar el asunto de la emancipación de forma global, evitando las irresponsabilidades que impidieron reunir todas las fuerzas en la lucha y quitaron importancia a esta cuestión crucial, y evitando también las huidas hacia delante que dejarían atrás a aquellos y sobre todo aquellas que deben estar en primera línea.

(...)

Por eso, compañeras, os necesitamos para una verdadera liberación de todos nosotros. Sé que siempre hallaréis la fuerza y el tiempo necesarios para ayudarnos a salvar nuestra sociedad.

Compañeras, no habrá revolución social verdadera hasta que la mujer se libere. Que mis ojos no tengan que ver nunca una sociedad donde se mantiene en silencio a la mitad del pueblo. Oigo el estruendo de este silencio de las mujeres, presiento el fragor de su borrasca, siento la furia de su rebelión. Tengo esperanza en la irrupción fecunda de la revolución, a la que ellas aportarán la fuerza y la rigurosa justicia salidas de sus entrañas de oprimidas.

Compañeras, adelante por la conquista del futuro. El futuro es revolucionario. El futuro pertenece a los que luchan.

¡Patria o muerte, venceremos!

Fuente : http://www.rebelion.org/noticia.php?id=92885 y ThomasSankara.net