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Monday, May 10, 2010

Siete toneladas de Lenin en Seattle

«Nuestro camarada Ernest Mandel confirmó con total claridad algo de lo que no hay ninguna duda: lo que vivimos ahora en Checoslovaquia y la RDA es la verdadera revolución con una magnitud y una profundidad sin precedentes desde la revolución rusa de 1917.»

Rood, 26 de diciembre de 1989, p.5.


Si alguien me dijera, pongamos, en los años 30 del pasado siglo, que en 1991 iban a trasladar una estatua de Lenin desde la Poprad eslovaca hasta la costa este de los mismísimos Estados Unidos, claro que me alegraría; claro que pensaría en un futuro de sobra más justo de lo que después fue, de lo que ahora es. Seguro que imaginaría un inicio del siglo XXI donde el hambre no golpease a más de mil millones de personas en un mundo en el que sobra la comida. ¡Claro que si!

Por entonces, los hechos fueron como fueron y, para estas cosas, de poco vale tener orgullo, porque la realidad es la que es, bien cruda. Lo que hace 70 años solo lo podría ver como una evidencia del progreso de nuestra causa, del avance de la clase obrera, y con ella de toda la humanidad, se convierte ahora en una broma sin una pizca de gracia, en una ofensa histórica a los combatientes que nos precedieron.

Broma y ofensa que solo fue posible, primero, y obviando errores nuestros, por la felonía de una pandilla de renegados. (Bienvenido sea el que erra, aunque lo haga mil veces. Maldito el que traiciona, aunque solo haga el amago). Fue la escoria krushchevista quien escenificó en el XX Congreso el comienzo de la destrucción del edificio socialista. Destrucción que culminó la banda del gangster Gorbachov y el criminal Yeltsin, banda que en Checoslovaquia contaba, entre otros muchos vasallos agradecidos, con el colaborador de la CIA Vaclav Havel y el trotskista Peter Uhl, siendo, en estos tristísimos años, la heroica voz de Nina Andreyeva la única que se levantó contra esos miserables.

Llevado a cabo el suicidio asistido de las antiguas Repúblicas Soviéticas, un manto de degeneración burguesa se posó sobre éstas. La mafia capitalista liquidó los servicios sociales y los sustituyó por alcohol, pegamento y miseria. Los viejos héroes de la construcción socialista, los veteranos que derrotaron a Hitler, malviven ahora en la miseria, mientras piaras de nazis asesinan a jóvenes antifascistas.

Esta es la nueva Rusia, la nueva Ucrania o la nueva Eslovaquia. Aunque más que nada, parecen imitar el caminar del cangrejo.

Y así tenemos a un profesor yanqui en la Eslovenia de 1993 que encuentra en el vertedero de la ciudad de Poprad una estatua de Lenin. Llegó allí después de lo que tu patrón llama Revolución de Terciopelo, y tu solo puedes llamar Contrarrevolución. La estatua, al margen del valor simbólico que para nosotros tiene, cuenta con un valor artístico indudable. Su "padre" fue el maestro búlgaro del bronce Emil Venkov. No conozco el acicate que actuó sobre Lewis Carpenter, si la ideología (va a ser que no), la visión comercial (sin duda, afectada de miopía), las inquietudes artísticas, pero lo cierto es que hipotecó su casa para costear la estatua y su traslado a su finca en Issaquah, en el estado de Washington.

Más de 50.000 dólares de los de antes fue lo que pagó el académico estadounidense. Su familia consiguió que instalaran las más de siete toneladas de bronce en Fremont, un barrio de Seattle conocido también como República Popular de Fremont o República de los Artistas de Fremont, comparteindo plaza con una heladería italiana y el restaurante Taco del Mar. Descansa allí la estatua como una curiosidade entre el ambiente progre de la zona.

Esa «verdadera revolución con una magnitud y una profundidad sin precedentes desde la revolución rusa de 1917» de la que hablaban los trotskos, consiste en que un grupito de progres de Fremont puedan utilizar de árbol de Navidad una estatua de Lenin. Sin duda, toda una revolución sin precedentes, toda una revolución permanente.

(Artículo extraído y traducido del blog camarada de Galiza "Estoutras: Notas Políticas".)

Thursday, May 06, 2010

El desarrollo del antiestalinismo

Como es bien sabido, el antiestalinismo ha sido en las últimas décadas uno de los lugares comunes más manoseados por la propaganda del imperialismo. A esta campaña sistemática de mentiras y calumnias -cuyo verdadero objetivo es atacar el socialismo- se unieron a partir de los años 50 los revisionistas modernos, quienes comenzaron su carrera atacando el llamado "culto a la personalidad’ de Stalin que nadie más que ellos habían fomentado entre las masas populares.

Claro que los revisionistas no podían reprochar a Stalin que hubiera creado una numerosa burocracia (de la que ellos formaban parte) ni que no los hubiera "liquidado". Este reproche corrió a cargo de los trotskistas, que desde mucho antes se habían puesto al servicio de la burocracia del imperialismo. A decir verdad, el problema del revisionismo no había sido motivo de especial preocupación de la propaganda contrarrevolucionaria (¿¡cómo habría de serlo si es su principal exponente!?), pero lo cierto es que éste era un territorio inexplorado por la propaganda antiestalinista.

Sólo recientemente se ha descubierto que Stalin "mimó" y dio alas a los revisionistas. Éste habría sido su principal "error", y su descubrimiento lo debemos a los "maoístas" que de esta manera -no cabe dudarlo- "desarrollan" y "superan" el viejo y ya desgastado antiestalinismo. Desde luego, sólo a unos tontos sin remedio se les puede haber ocurrido la brillante idea de atribuir a Stalin (o a cualquier otra persona) la aparición del revisionismo, aunque sea el más moderno, por cuanto éste es un producto "genuino" del imperialismo, es decir, que debe su existencia al soborno por la burguesía monopolista financiera de un sector de la llamada "aristocracia obrera" con las ganancias extraordinarias obtenidas de la explotación de los países coloniales, de tal manera que las condiciones de su reproducción-apenas si hace falta decirlo- son internacionales y, por tanto, se han mantenido antes, durante y, sobre todo -hay que reconocerlo-, después de Stalin, cuando ciertamente ha alcanzado un desarrollo monstruoso.

Stalin fue plenamente consciente de este fenómeno, y por el mismo motivo no se cansó de alertar contra él ni de combatirlo. Bien es verdad que en éste -como en otros terrenos- Stalin cometió algunos errores (como, por ejemplo, no apoyarse suficientemente en las masas), errores que tenemos la obligación de descubrir y criticar a fin de que no se repitan en el futuro. Mas no es menos cierto que Stalin realizó una gran obra revolucionaria en condiciones extraordinariamente difíciles y para la que no disponía de experiencias anteriores, por lo que esta obra deberá ser destacada como lo más importante, ya que pesa en la balanza mucho másque sus errores.

Sin embargo, esto se ha dejado de lado, cuando no se "olvida"completamente, para hablar sólo de los "errores de Stalin", nunca de sus aciertos y su gran obra. Parece que Stalin no hizo otra cosa en toda su vida (consagrada a la revolución socialista y a defender el marxismo-leninismo) más que cometer "errores", para dejarnos finalmente, como única herencia, el revisionismo moderno. ¿A quién puede beneficiar esta "crítica" antistalinista? ¿Responde, acaso, a una posición de clase, marxista-leninista? Pero aún nos quedan otras preguntas que deben ser respondidas: ¿Dónde está el origen del revisionismo chino actual, del revisionismo "ultramoderno"o de mercado? ¿Es que Mao no cometió por su parte ningún error o estaba vacunado contra ellos? ¿Y cuáles han podido ser sus consecuencias?

En todo caso habrá que reconocer que sus aportaciones a la teoría y a la práctica del comunismo no han sido tan decisivas, por cuanto no se ha podido evitar el "rebrote" del revisionismo ni la restauración del capitalismo en China. Y es que, como vemos, además de Stalin, hay otros encartados en esta causa aunque no sean mencionados: se trata de los clásicos del marxismo-leninismo a los que, de seguir esa misma línea de razonamientos acerca de los "errores de Stalin", tendríamos que responsabilizar, por lo menos, del surgimiento de la primera y la segunda ola del revisionismo.

No ha de sorprendernos, pues, que todavía aparezcan elementos, dentro incluso de nuestro propio movimiento, dispuestos a enterrarlos de nuevo ya que, por lo visto, están "superadísimos". Por lo demás, no creo que haga falta insistir en la necesidad, para todo verdadero Partido Comunista, de aplicar el marxismo-leninismo y sus desarrollos a las condiciones de cada país (el programa, la línea política y la práctica de nuestro Partido son un buen ejemplo de ello), mas para eso hace falta partir siempre de sus principios o fundamentos ya que, de otra manera, ¿qué es lo que habría que "aplicar"? Yo no tengo duda de que, en realidad, de lo que se trata es de meter de matute en nuestro movimiento revolucionario, con el pretexto de los "desarrollos"y las "superaciones", las viejas ideas y la política revisionista con nuevos ropajes.

Manuel Pérez Martínez (Camarada Arenas)


Secretario General del PCE(r), en "Antorcha" nº 12